martes, 25 de septiembre de 2018

Gente que esperaba su turno en las carnicerías

«Era la hora punta en el Mercado Central, y víspera de Nochebuena. 

Tal y como se esperaba, los clientes bullían como enjambres de abejas ultimando las compras. Las enormes colas en las pescaderías para adquirir el típico marisco no tenían nada que envidiar a la multitud de gente que esperaba su turno en las carnicerías y en las fruterías, abarrotando los pasillos».

Las doce llaves

María Villamayor


Mercado Central

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lunes, 24 de septiembre de 2018

De las seis puertas que nos quedan por encontrar, una de ellas es el Portal de los Judíos

«Sara sonrió, efectivamente su padre era mucho más astuto de lo que ella se podía imaginar y sin poder contenerse añadió: 

—De las seis puertas que nos quedan por encontrar, una de ellas es el Portal de los Judíos.

(...)

—Dicho portal era también conocido por el nombre de San Andrés por la imagen del santo que figuraba en su fachada, y también de Santa Catalina de Sena por su proximidad a dicho convento. Tal convento estaba desde los tiempos del Rey Fernando el Católico en la actual calle Pintor Sorolla. Justo en el lugar donde hoy se encuentra El Corte Inglés. Por entonces, ese era el barrio judío de Valencia, y el convento se construyó sobre el cementerio judío que abarcaba varias manzanas. En 1968 una empresa compró los terrenos para unos grandes almacenes y trasladaron piedra a piedra la iglesia hasta su nuevo emplazamiento en el barrio de Orriols. Hoy se llama Nuestra Señora del Sagrado Corazón. El convento anexo a la iglesia, que parece ser tenía poco valor artístico, fue derribado sin más contemplaciones. De ahí el nombre de Portal de los Judíos por su cercanía al cementerio judío. Fue construida en el año 1391 y por ella entraban los productos de la huerta. Tuvo varias transformaciones hasta su demolición en 1890. Después de muchos años vuelve a aparecer tras la obra de la ampliación del metro en la línea 3 dejando los restos integrados en la vía pública. Solo que la mayoría de la gente que pasa por allí en busca del metro y en la hora punta, ni siquiera sabe qué significan esas ruinas que adornan la estación».

Las doce llaves

María Villamayor


«Antiguamente, la plaza en la que ahora conviven El Corte Inglés de Joaquín Sorolla, la parada de metro de Colón -con ruinas incluidas- y la mismísima calle de Colón, se llamaba plaza del Picadero. En 1740, el canónigo Boil, gran aficionado a los caballos, mandó construir uno en este lugar. Más tarde, concretamente entre finales del siglo XIX y principios del XX, un tranvía de tracción animal, llamado Circunvalación, discurría a lo largo de la calle Colón, tal y como se puede apreciar en la imagen».

https://valenciafotografica.com/valencia-antigua/la-antigua-plaza-de-los-pinazo/


1400


1608 (Mancelli)


1704 (Tosca)

http://www.jdiezarnal.com/valenciamurallasvalencia.html





http://www.jdiezarnal.com/valenciamurallaspuertajudios.html

La puerta de los Judíos era una de las doce que tenía la muralla cristiana. Construida en 1391, debe su nombre al cementerio judío que en la edad media se emplazaba en sus cercanías, y sufrió diversas remodelaciones a lo largo del tiempo hasta su demolición en 1890. Por aquí entraban los productos provenientes de la huerta para su venta en la ciudad.

Durante las obras de la línea 3 del metro aparecieron los restos de esta puerta que se han integrado en la estación de Colón. Se puede observar en la plaza la planta del portal, con dos torres construidas en 1422 así como parte del pavimento original y de la muralla. Delante del mismo arrancaba un puente de piedra que cruzaba el foso. Si baja a la estación puede ver una vitrina con algunos objetos recuperados en la excavación arqueológica.

https://www.valencia.es/

domingo, 23 de septiembre de 2018

En la zona donde las frutas, verduras y hortalizas eran las protagonistas

«En otro extremo del mismo mercado, en la zona donde las frutas, verduras y hortalizas eran las protagonistas y se mezclaban los olores más apetitosos de todo el lugar, Rosa se despedía de Paco con una tierna sonrisa. Habían quedado para cenar y Paco, contento, albergaba la idea de poder conquistarla y que un día no muy lejano pudiera ser suya, pudiera ser su mujer».

Las doce llaves

María Villamayor


Mercado Central

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sábado, 22 de septiembre de 2018

Que ese viernes por la mañana el Mercado Central vibrara de energía

«El bullicio y los murmullos de los clientes se oían por todo el recinto. Los comerciantes gritaban ofreciendo su mercancía al mejor precio. Los pasillos estaban atascados de gente que iba y venía buscando el mejor género, haciendo que ese viernes por la mañana el Mercado Central vibrara de energía».

Las doce llaves

María Villamayor


Mercado Central de Valencia

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viernes, 21 de septiembre de 2018

Jaime, Catalina, Barbara, Manuel, María, Vicente…

«La música que desprendían esos gigantes artefactos de metal era estremecedora, y embobadas en el interior de la sala, admiraban la compenetración tan milimétrica del Gremio de Campaneros Valencianos. Intentaron situarse dentro del recinto. Había ocho ventanales de perfil apuntado con bóveda de crucería, siete de ellos ocupados por las campanas y el otro por la escalera. Estas ventanas estaban cubiertas de madera para recuperar la sonoridad original. De hecho, el sonido era tal que era imposible comunicarse. Alejandra las contó en silencio. Había once campanas, cinco de ellas bastante mayores que el resto. Observó que al lado de cada una de ellas, había una placa con su nombre. Empezó a leerlas en voz alta, aunque debido al ruido de éstas, nadie la escuchó. 

—Jaime, Catalina, Barbará, Manuel, María, Vicente… al leer este último nombre un escalofrío recorrió parte de su cuerpo ¿Sería posible que esa fuera la clave que buscaban?»

Las doce llaves

María Villamayor





Mundo Gráfico. 7 de mayo de 1930

jueves, 20 de septiembre de 2018

Sacaron el ticket rápidamente

«Sacaron el ticket rápidamente, pasaron por un pequeño patio esquivando a varios turistas y llegaron al pie de la escalera de caracol. Tía Rosa se quedó detrás mientras veía como sus sobrinas se perdían por aquellos pequeños y empinados escalones de piedra. A medida que las dos jóvenes ascendían, los peldaños triangulares se iban empequeñeciendo y el eje central cada vez estaba más próximo a ellas. El campanario constaba de tres salas y acababan de pasar la primera llamada: la prisión o asilo de refugiados. Era una sala lóbrega de anchos muros y con escasa luz en su interior. El sonido de las campanas cada vez era más intenso, y sus oídos se resentían con la subida de decibelios. Habían pasado la segunda sala; la casa del campanero encargado de tocar las campanas y donde vivieron hasta bien entrado el siglo XX . Las dos jóvenes seguían subiendo todo lo rápido que podían, teniendo en cuenta que las circunstancias no eran demasiado halagüeñas. Su respiración se aceleraba de la emoción y por el sobre esfuerzo de semejante altura; nada más y nada menos que peldaños de piedra de la cantera de Godella».

Las doce llaves

María Villamayor


https://undinosaurioenlamaleta.com/2016/10/06/subiendo-a-el-miguelete/

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Se aproximó hacía la base del Miguelete. Vídeo

«Su hermana dio unos pasos alejándose de ella y, como si estuviera hipnotizada por el sonido, se aproximó hacía la base del Miguelete. Desde lo alto, las campanas seguían tocando y tocando sin parar… 

—¡Alejandra!… ¿se puede saber que te ocurre? —preguntó Tía Rosa. 

—¡Vamos a subir al campanario! —dijo su sobrina secamente. 

—Yo ya he subido, hace años —contestó Tía Rosa—. Y te puedo asegurar que no es fácil. Hay una estrecha escalera de caracol con unos escalones… 

—¡Lo sé!… —atajó Alejandra—. Yo también subí hace años —y dirigiéndose a su hermana, dijo—. Sara, ¿recuerdas la segunda frase del acertijo? 

—Sí —contestó su hermana al tiempo que empezaba a recitarla—, “Donde es liviano como una pluma y pesado como una rueda de molino” —recitó Sara sin entender nada. 

—¡Efectivamente! —confirmó Alejandra—. ¿Cómo no me había dado cuenta antes? Sara, creo que son las campanas. 

—Pero las campanas no son livianas —replicó Tía Rosa dudosa. 

—Pero están en lo más alto, como si volaran o como si no tuvieran peso alguno —continuó Alejandra nerviosa de que pudiera ser verdad lo que estaba diciendo—. Y al mismo tiempo, son más pesadas que una rueda de molino. También dice: “Donde nada es lo que parece y el sonido, la clave del enigma” . 

—Tiene sentido lo que dices, hermanita —Sara sonrió—. ¡Hemos de subir y, hemos de subir ahora! Sí, porque cuando dice que el sonido es la clave del enigma, es posible que solo podamos averiguarlo cuando están en pleno movimiento».

Las doce llaves

María Villamayor




El Miguelete