«La primera lección que de él recibí venía a demostrar que en el fondo del cerebro humano, aunque se trate de un subnormal profundo, siempre hay un recóndito mecanismo que nos hace distinguir el bien y el mal, como se demostraba en el crimen que en tierras de Valencia mereció los honores del último garrote vil.
Al Semo se le había nublado el seso un día de primavera cuando los naranjos estaban en flor y olían las rosas en la veranda de la alquería. Iba con un mellado azadón al hombro y la chica estaba junto a la acequia. En la vieja cuestión que se llevaban entre ellos esta vez casi no mediaron palabras. El delito de sangre se realizó en un campo de berenjenas o de tomates o de patatas, eso no quedó claro en el sumario, pero es seguro que olía a azahar, las abejas libaban y las golondrinas ya habían llegado».
Tranvía a la Malvarrosa
Manuel Vicent









.jpg)



