sábado, 25 de abril de 2026

A veces solía tomar un batido en la cafetería Monterrey

«¿Dónde estaría Marisa en aquella ciudad huertana de los años cincuenta perdida?

Durante el paseo del domingo por la tarde a veces solía tomar un batido en la cafetería Monterrey, el lugar de moda entonces; me sentía un dios con el cigarrillo Pall Mall en la mano y la gabardina de canutillo mirando desde el taburete de la barra a las chicas que entraban con aquellas faldas tubulares. Yo trataba de explorar los caminos de Marisa en la ciudad; mientras tanto iba también al bar Los Faroles, detrás del Apolo, por Juan de Austria, donde había putas muy maternales».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Cafetería Monterrey

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jueves, 23 de abril de 2026

Ellas paseaban por Calvo Sotelo y nunca pasaban de la cafetería Lauria

«Las caras nuevas en la facultad a primeros de octubre bajo la boina renacentista de Luis Vives en el pedestal del claustro. Los primeros paseos de los domingos por la tarde desde Correos por la acera de la plaza del Caudillo y de San Vicente hasta la esquina de la calle la Paz. Había una línea divisoria que nunca transgredían las chicas de servicio. Ellas paseaban por Calvo Sotelo y nunca pasaban de la cafetería Lauria hasta donde llegaban los señoritos. Algunas veces con los amigos entraba en ese territorio. Esas maravillosas criaturas que los señoritos llamaban churras eran muy esquivas. Cuando algún joven de la otra acera las requería, ellas se cerraban en círculo, apretaban el morro, ponían el ceño de cemento y se convertían en un bloque impenetrable. El paseo de los domingos por la acera de la plaza del Caudillo era una exposición de las chicas de la clase media valenciana. Allí no se veían las niñas de sociedad».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Cafetería Lauria

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martes, 21 de abril de 2026

Rodaba el tiempo por el puente de la Trinidad

«Solía ir cantando entre dientes y veía al panadero, al dinosaurio del Almudín, a los canónigos de la catedral, al autobús de Iberia que llevaba pasajeros al aeropuerto de Manises, al dragón del Patriarca y según la moda del momento cambiaba de melodías, unas veces cantaba a Machín, mira que eres linda, a Lorencito González, la niña de Puerto Rico por quien suspira, a Jorge Sepúlveda, mirando al mar soñé, a Bonet San Pedro, carpintero, carpintero, pero yo era un moderno y comenzaba a imitar a Renato Carossone, la donna rica, y Maruzzella, y también las canciones de Charles Trenet. Rodaba el tiempo por el puente de la Trinidad».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Puente de la Trinidad 

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domingo, 19 de abril de 2026

A carbonería, a vaho de medicamento que salía de una farmacia, a salazones

«Había varios estratos de olores en la calle del Salvador, olía a tahona, a droguería, a moho en los muros de la iglesia de los Trinitarios, a carbonería, a vaho de medicamento que salía de una farmacia, a salazones, y a través de ellos iba cada mañana camino de la facultad hasta la calle de la Nave con los libros de texto bajo el brazo. Todos los olores del itinerario cambiaban de matiz a lo largo del año. Tenían variaciones muy sutiles hasta que todo se convertía en una amalgama podrida cuando llegaba el calor».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Salazones Bonanad

Calle Trench, 1


viernes, 17 de abril de 2026

—Júrame que en el cielo dan paella. —La dan. Te lo juro. —¿Todos los días? —Sí, sí.

«Al Semo lo sentaron en un taburete con el tronco bien erecto pegado al palo, pero antes de que el verdugo le pasara la argolla por el cuello, el condenado llamó al fraile capuchino en voz alta:

—¡Eh, tú, el de la barba!

—¿Es a mí? —preguntó el confesor desde una esquina del patio.

—Acércate.

—Dime, hijo. ¿Qué quieres?

—¿Seguro que no me has engañado?

—No, hijo mío. Pídele perdón a Dios.

—Júrame que en el cielo dan paella.

—La dan. Te lo juro.

—¿Todos los días?

—Sí, sí.

—¿Paella con pollastre y conejo?

—Con todo.

—Bueno, entonces ya pueden matarme.

—Ego te absolvo… —murmuró el capuchino.

—Pero una cosa te digo. Si me engañas me las vas a pagar —añadió el condenado un segundo antes de ser desnucado».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Paella en El Saler

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miércoles, 15 de abril de 2026

Mientras me tomaba un batido de vainilla sentado en la terraza de Barrachina

«Hasta ese momento había guardado en secreto mi idea de ser escritor. El sentido del ridículo me impedía pasar por fatuo. Pero realmente esa aspiración no confesada era lo único que me sustentaba por dentro cuando ya mi fe en Dios se iba esfumando y había que ordenar el mundo bajo otra perspectiva. Me excitaba aquella historia. La llevaba conmigo a todas partes. Mientras me tomaba un batido de vainilla sentado en la terraza de Barrachina o recorría el mercado central contemplando el impudor de las hermosas verduleras parapetadas detrás del esplendor de las hortalizas en los mostradores recreaba el crimen como un acto más de la agricultura».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Terraza de Barrachina

Plaza del Caudillo, actual del Ayuntamiento

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