«Un poco más allá, en la calle Escudillers, había un taquillón donde un viejo pintaba pájaros de madera y fabricaba molinillos con papel de colores junto a una droguería que echaba a la calle un rebufo muy ácido; allí la famosa envenenadora compró el matahormigas marca El Diluvio que le echaba al café con leche de la mujer de un carnicero».
Tranvía a la Malvarrosa
Manuel Vicent
Pilar Prades Expósito
https://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170106/183982191_0.html


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