lunes, 16 de febrero de 2026

Que tal vez acababan de descargar el carro de verduras en el mercado

«El barrio chino de Valencia no sabía a pescado podrido ni a detritus de puerto sino a flujo de cebolla que llegaba junto con el viento sur. En las escaleras de yeso pringoso de los prostíbulos no se veían marineros ni navegantes sino labradores salidos pero solventes, faunos del regadío que hacían cola sujetándose la brida del propio caballo con la mano en el bolsillo. Todo tenía mucho candor entonces. Sobre tapetes de cretona raída los chulos echaban un parchís con una leona muy maternal hasta la madrugada y los clientes que por allí se movían eran huertanos que tal vez acababan de descargar el carro de verduras en el mercado. Cuando alguna vez me sorprendió el alba en el barrio chino también veía que unas valencianas muy limpias, ensortijadas, con el delantal almidonado ordenaban ya las frutas y hortalizas en los mostradores, y la carga erótica me parecía irresistible al ver a aquellas mujeres tan saludables acariciando los rábanos, pepinos, peras, lechugas, plátanos cuando el primer sol iluminaba los vitrales modernistas del mercado».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Exterior del Mercado Cantral


sábado, 14 de febrero de 2026

Descubría los monos esculpidos en los capiteles de la Lonja

«Tardaría un tiempo todavía en visitar el barrio chino por la noche. Había empezado a conocerlo por el revés de su trama en la ruta diaria que me llevaba a clase, pero poco después comencé a realizar excursiones a la luz de la luna alrededor del mercado central y las sensaciones más fuertes que guardo de Valencia en los años cincuenta se derivan de aquellas correrías. Descubría los monos esculpidos en los capiteles de la Lonja; descifraba las escenas eróticas de la fachada gótica realizadas por los ángulos de sombra; me adentraba por las callejuelas que olían a flor de alcantarilla hasta el corazón del laberinto rosa donde había chulos muy pálidos jugando a los dados con la cara rajada».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



La Lonja

Plaza del Mercado

Levante EMV

jueves, 12 de febrero de 2026

Era mucho más obsceno el mercado central. Allí se discutía el precio de la fruta como en los burdeles se regateaba el precio del amor

«A medida que ese camino se hizo rutinario aquellos seres comenzaron a palpitar ante mis ojos. Cada mañana veía alguna escena cargada de ternura: un chulo muy famoso que se llamaba Mahoma llevaba un biberón de leche en la mano, una puta estaba amamantando a su hijo en la acera y le cantaba una canción de la Piquer, el ama de un burdel jugaba al tute con un viejo menestral sobre una caja de embalaje, frente a la casa de las Francesas unas niñas saltaban a la comba mientras su madre hacía punto y por todas partes se oían gritos de mujeres que se llamaban desde las ventanas con sus nombres del pueblo y no con el de guerra "¡Camila! ¡Leocadia! ¡Esperancita!" y aquellos tugurios que por la noche eran de rosa ahora tenían en la puerta un perro dormido y una puta que venía de la compra con una bolsa llena de nabos y coliflores. A esa misma hora, sin duda, era mucho más obsceno el mercado central. Allí se discutía el precio de la fruta como en los burdeles se regateaba el precio del amor».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Mercado Central de Valencia. Años 80


martes, 10 de febrero de 2026

Y me paraba ante el escaparate de una farmacia que había al lado del cine Palacio

«Los viernes pasaba primero por la iglesia del Patriarca. Me imbuía de incienso y gregoriano, recibía unas caricias del confesor, sentía el silencio perenne del caimán en mi mente, respiraba el sonido del órgano sobre la lividez de unos cuadros del divino Morales y luego entraba en las podridas calles del barrio chino y me paraba ante el escaparate de una farmacia que había al lado del cine Palacio donde anunciaban gomas y lavativas, Cruz Verde y permanganato para las blenorragias».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Hall del Cine Palacio

Calle Maldonado


domingo, 8 de febrero de 2026

Para ir a clase tenía que cruzar el barrio chino todas las mañanas

«El colegio del Patriarca era uno de los espacios interiores que cultivé en aquellos años y su estética había comenzado a dorar mi alma, pero a los tres meses de llegar a Valencia la vieja gabarra de la academia Castellano fue derruida para levantar el hotel Astoria y el nuevo edificio ahora estaba en la calle Guillén de Castro, así que para ir a clase tenía que cruzar el barrio chino todas las mañanas. Al llegar a la plaza del Caudillo seguía hasta la Avenida del Oeste, y por detrás del mercado central me adentraba en un laberinto de callejuelas, Torno del Hospital, Vinatea, Poeta Llombart y otros nombres míticos en el camino de la perdición».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



El barrio chino. 1972

viernes, 6 de febrero de 2026

Pasaba por debajo de aquel caimán del Patriarca

«Cumpliendo las órdenes severas que mi progenitor me había dado, todos los viernes pasaba por debajo de aquel caimán del Patriarca para ir a confesarme con el padre España, director del colegio del Corpus Christi, un cura risueño, de pelo blanco, devoto del rapé. Su confesionario era el primero de la derecha, entrando en el templo por un zaguán donde el dragón reptaba por la pared sobre la pila del agua bendita».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Real Colegio Seminario del Corpus Christi

Calle de la Nave


miércoles, 4 de febrero de 2026

Por donde salían las coristas junto al bar la Nueva Torera

«Cuando leí en el periódico la noticia de su muerte quedé aturdido. Se llamaba Emilia Argüelles Catalina; había nacido en Madrid en 1933; su madre se llamaba Tomasa, con la que se llevaba muy mal porque trataba de controlar su derroche de joyas, pieles, perfumes y jovencitos que fueron siempre su capricho y su perdición. Había quedado embarazada de un actor de fama. Su madre quiso hacerse cargo de la criatura pero ella abortó para seguir trabajando de primerísima vedette. La propia madre la denunció a la justicia y Gracia Imperio fue a la cárcel. Era la reina absoluta de la pasarela del teatro Ruzafa. A veces yo iba a la puerta trasera del teatro por donde salían las coristas junto al bar la Nueva Torera. Había allí muchos señoritos valencianos esperando. Ella salía como una diosa envuelta en oro con sus tacones de aguja, la falda ceñida, inmensa, muy alta. No supe su miseria hasta mucho después».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Casa de comidas "La Nueva Torera"

Calle Colón

Todocolección


El Caso

9 de noviembre de 1968

lunes, 2 de febrero de 2026

Envenenados los dos por el escape de gas en su piso de la calle Cuenca

«En realidad fui detrás de ella los años que viví en Valencia ya que esa mujer fue mi símbolo sexual perverso. Seguí su gloria en el teatro Ruzafa hasta que un día la estrella murió en brazos de su amante, un joven de la buena sociedad de Valencia, envenenados los dos por el escape de gas en su piso de la calle Cuenca».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Calle Cuenca desde la avenida de Pérez Galdos. 1956

sábado, 31 de enero de 2026

Entró en la perfumería Azul, en frente de Gay

«Muchos carniceros la siguieron por la calle y ella iba dejando una estela de perfume, cubierta de oro y muy ceñida entró en la perfumería Azul, en frente de Gay, al lado de la Central del Fumador y la gente la esperó en la puerta. Esa tarde también yo fui detrás de Gracia Imperio».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Almacenes Gay 

Calle Calvo Sotelo, hoy Paseo de Ruzafa

jueves, 29 de enero de 2026

Que se produjo aquella tarde en que cruzó la vedette Gracia Imperio

«La acera del City Bar era un baremo del que las chicas de Valencia se servían para conocer el grado de su atracción sexual. Con la garrota en la mano allí estaba el tribunal que más entendía de terneras, ovejas, vacas y demás ganadería. Algunas chicas pasaban por allí sólo para quitarse la depresión. Se ponían zapatos de tacón alto, se ajustaban la falda y el jersey, tragaban saliva y pasaban por en medio de los corros de aquellos carniceros moviendo el culo. Según la fuerza de los bastonazos o la longitud de los aullidos que daban se establecía una marca. Si una mujer pasaba por ese cerrado sin escuchar una sola animalada podía considerarse muerta para el sexo. Muchas veces las chicas se desafiaban entre sí. Era lo más parecido a un concurso de ganado el que se establecía allí, un tribunal de carne femenina, en la acera del City Bar con un veredicto automático pero nadie recuerda un clamor semejante al que se produjo aquella tarde en que cruzó la vedette Gracia Imperio, camino del teatro Ruzafa donde actuaba en la revista de Colsada con Luis Cuenca y Pedrito Peña».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent





martes, 27 de enero de 2026

Yo veía los carteles de lucha libre pegados en la pared de la plaza de toros

«Angelita Corbi comenzó a cantar ay barrio de Santa Cruz con su lunita plateada, pero los curas se esfumaron y después Rosita Amores cantó será una rosa será un clavel y los carniceros y labradores bajo esa melodía siguieron concertando compraventas de ganado. Esa tarde desde el ventanal del City Bar yo veía los carteles de lucha libre pegados en la pared de la plaza de toros. Stan Karoli, Cabeza de Hierro, Pizarro, Esparza, Lambán».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Cartel anunciador de Catch en la plaza de toros de Valencia

Todocolección

domingo, 25 de enero de 2026

Por favor, digan a esos curas que no se vayan, que es de gomaespuma

«Los curas se sentaron cerca del tablado. Pidieron un café con leche. Al poco rato aparecieron los músicos de la orquestina y atacaron el pasodoble Islas Canarias, cosa que no alertó a los curas, pero el pasodoble terminó y la llegada del camarero con el café con leche a su velador coincidió con la salida al tablado de Angelita Corbi, la de los Pechos Eléctricos cuya aparición fue acompañada por los alaridos de todo el gremio de huertanos que echaban la boina al aire.

Angelita no había divisado todavía a la pareja de curas entre el público aunque estaban sentados muy cerca del tingladillo. Para empezar realizó el número que la había hecho famosa. Los músicos ejecutaron un redoble de tambor como en el triple salto mortal del circo y la artista dio en seco varias sacudidas eléctricas al tronco hasta que uno de sus pechos saltó del sostén transformándose en una ráfaga casi invisible en el espacio y de pronto se lo volvió a meter en el caparazón bajo el acorde de la trompetería. Visto y no visto. Con esto aulló toda la parroquia y los curas se levantaron, derribaron la bandeja del camarero, salieron de estampida entre las mesas, uno de ellos perdió la teja, otro cayó al suelo entre las risas de todos los carniceros y Angelita Corbi desde el micrófono decía:

—No se vayan, por favor, no se vayan, que es de gomaespuma.

—Venga, saca la teta otra vez —gritaban muchos huertanos.

—Por favor, digan a esos curas que no se vayan, que es de gomaespuma».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Angelita Corbí

viernes, 23 de enero de 2026

Aquella vez se anunciaba a Rosita Amores

«Era un bar que por las tardes rebosaba de tratantes de la carne y, la primera vez que pasé por allí con las manos en los bolsillos, por encima de las cabezas de los carniceros aparecía una pizarra colgada en la puerta donde estaban escritos con tiza los nombres de unas señoritas artistas que actuaban en el piso de arriba. Aquella vez se anunciaba a Rosita Amores, Maruja Pedrés y Angelita Corbi, la de los Pechos Eléctricos».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Rosita Amores en el escenario del Teatro Alkázar de Valencia

miércoles, 21 de enero de 2026

Cuando el propietario quería venderlos acudía al City Bar

«En la planta baja por la tarde allí se reunían ganaderos, labradores y carniceros en una especie de lonja de bestias que a veces se extendía también en la acera hasta el hotel Metropol. En muchas casas de la huerta se criaban uno o dos terneros con la vaca que tenían. Cuando el propietario quería venderlos acudía al City Bar. Se ponía de acuerdo con uno de aquellos ganaderos para que fuera a ver el animal a la huerta y a pie de establo se concertaba el precio. En la fecha convenida el propietario llevaba el ganado al matadero; lo pesaban; lo sacrificaban y el huertano se iba con el dinero en la faja».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Exterior del City Bar


lunes, 19 de enero de 2026

Y muy pronto di con el City Bar

«Los primeros días de mi estancia en Valencia solía merodear por los teatros y cines de la calle Ruzafa y muy pronto di con el City Bar, situado en el chaflán de la calle Játiva con pintor Ribera, frente a la plaza de toros».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



City Bar

Carrer Xàtiva


sábado, 17 de enero de 2026

La academia Castellano la regía su propietario don José

«La academia Castellano la regía su propietario don José, un señor flaco, perfumado, que fumaba en boquilla y que arrastraba un poco la pierna. Allí enseñaba latín y griego un señor que se llamaba Tomata, a causa de su encendido color de cara. Y había otro profesor alto y pálido vestido siempre de gris con corbata negra que había sido bautizado por los alumnos con el nombre de El Tótem».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Academia Castellano

Plaza de Rodrigo Botet

Foro Remember

jueves, 15 de enero de 2026

Frente a Marqués de Dos Aguas estaba Chacalay

«Y frente a Marqués de Dos Aguas estaba Chacalay, un bar de madera, de tipo inglés, que tenía una pequeña pista donde bailaban con un rocaful en la mano los señoritos valencianos».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Chacalay

Vicente Botella Soto

https://www.myheritage.es/

martes, 13 de enero de 2026

En aquella esquina de la calle de la Paz había siempre un autobús de Iberia

«Durante el camino iba acompañado de voces, martillazos, chirridos de sierra, canciones de la radio, el estruendo que hacía el cierre de alguna tienda al levantarlo. Estos sonidos eran siempre los mismos. Se repetían dentro del hedor blando que emanaba de las alcantarillas hasta formar una sola sustancia. En aquella esquina de la calle de la Paz había siempre un autobús de Iberia».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Calle de la Paz. Años 60

Subida por Juan Antonio Delgado a VAHG

domingo, 11 de enero de 2026

De la planta baja del palacio arzobispal

«Por los ventanales de la planta baja del palacio arzobispal veía una gran sala repleta de curas que escribían a máquina y su tableteo me acompañaba en el cerebro hasta la calle de la Paz donde solía pararme a ver las trufas de la pastelería La Rosa de Jericó».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Palacio Arzobispal

Plaza del Arzobispo

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viernes, 9 de enero de 2026

Que llenaba toda la plaza de la Almoina

«Algunas veces entraba en el Almudín para ver el dinosaurio y alguna momia: el polvillo en suspensión que doraba aquel recinto olía a ceniza húmeda; en cambio la puerta de la catedral a veces dejaba salir un canto de canónigos envuelto en un aroma de incienso y cera que llenaba toda la plaza de la Almoina».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Plaza de la Almoina. 1881

miércoles, 7 de enero de 2026

Allí la famosa envenenadora compró el matahormigas marca El Diluvio

«Un poco más allá, en la calle Escudillers, había un taquillón donde un viejo pintaba pájaros de madera y fabricaba molinillos con papel de colores junto a una droguería que echaba a la calle un rebufo muy ácido; allí la famosa envenenadora compró el matahormigas marca El Diluvio que le echaba al café con leche de la mujer de un carnicero».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Pilar Prades Expósito

https://www.elespanol.com/reportajes/grandes-historias/20170106/183982191_0.html


lunes, 5 de enero de 2026

Por el cinco de enero, para el seis, yo quería que fuera el mundo entero una juguetería

«Por el cinco de enero,
cada enero ponía
mi calzado cabrero
a la ventana fría.

Y encontraba los días
que derriban las puertas,
mis abarcas vacías,
mis abarcas desiertas.

Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,
siempre penas y cabras.

Me vistió la pobreza,
me lamió el cuerpo el río
y del pie a la cabeza
pasto fui del rocío.


Por el cinco de enero,
para el seis, yo quería
que fuera el mundo entero
una juguetería.

Y al andar la alborada
removiendo las huertas,
mis abarcas sin nada,
mis abarcas desiertas.

Ningún rey coronado
tuvo pie, tuvo gana
para ver el calzado
de mi pobre ventana.

Toda gente de trono,
toda gente de botas
se rió con encono
de mis abarcas rotas.

Rabié de llanto, hasta
cubrir de sal mi piel,
por un mundo de pasta
y unos hombres de miel.

Por el cinco de enero
de la majada mía
mi calzado cabrero
a la escarcha salía.

Y hacia el seis, mis miradas
hallaban en sus puertas
mis abarcas heladas,
mis abarcas desiertas».

Las desiertas abarcas

Miguel Hernández



Reparto de juguetes a los niños pobres

Mundo Gráfico. 14 de enero de 1931


sábado, 3 de enero de 2026

Los tres reyes se quedaron boquiabiertos e indecisos

«El camello se pinchó
con un cardo en el camino
y el mecánico Melchor
le dio vino.
Baltasar fue a repostar
más allá del quinto pino
e intranquilo el gran Melchor
consultaba su «Longinos».

—¡No llegamos,
no llegamos
y el Santo Parto ha venido!
—Son las doce y tres minutos
y tres reyes se han perdido.

El camello cojeando
más medio muerto que vivo
va espeluchando su felpa
entre los troncos de olivos.

Acercándose a Gaspar,
Melchor le dijo al oído:
—Vaya birria de camello
que en Oriente te han vendido.

A la entrada de Belén
al camello le dio hipo.
¡Ay, qué tristeza tan grande
en su belfo y en su tipo!

Se iba cayendo la mirra
a lo largo del camino;
Baltasar lleva los cofres,
Melchor empujaba al bicho.

Y a las tantas ya del alba
—ya cantaban pajarillos—
los tres reyes se quedaron
boquiabiertos e indecisos,
oyendo hablar como a un Hombre
a un Niño recién nacido.
—No quiero oro ni incienso
ni esos tesoros tan fríos,
quiero al camello, le quiero.
Le quiero —repitió el Niño.

A pie vuelven los tres reyes
cabizbajos y afligidos.

Mientras el camello echado
le hace cosquillas al Niño».

El camello cojito

Gloria Fuertes

jueves, 1 de enero de 2026

¡Brindo, por la felicidad pequeña, por el amor grande, por la sonrisa tierna!

«¡Brindo,
por una paz perenne (no sólo duradera),
que dure,
lo que dure el hombre en esta tierra!

¡Brindo,
por la alegría del planeta!
¡Brindo por el arroz y la lenteja!
¡Y porque todos tengamos un poeta!

¡Brindo,
por la felicidad pequeña,
por el amor grande,
por la sonrisa tierna!

¡Brindo con las copas de todos los árboles
de la tierra!

... Y brindo de verdad,
(—¡aunque no salga de esta borrachera!—)».

Brindis cotidiano

Gloria Fuertes



Cena de las Uvas 1950-1951

Club Náutico de Valencia

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