lunes, 7 de noviembre de 2016

Juventud

«Estancia soleada:
¿Adónde vas, mirada?
A estas paredes blancas,
clausura de esperanza.

Paredes, techo, suelo:
gajo prieto de tiempo.
Cerrado en él, mi cuerpo.
Mi cuerpo, vida, esbelto.

Se le caerán un día
límites. ¡Qué divina
desnudez! Peregrina
luz. ¡Alegría, alegría!

Pero estarán cerrados
los ojos. Derribados
paredones. Al raso,
luceros clausurados.»

Juventud

Vicente Aleixandre



Tres jóvenes en la antigua Rosaleda de los Jardines del Real o Viveros de Valencia
Archivo José Huguet
http://valenciadesaparecida.blogspot.com.es/

domingo, 6 de noviembre de 2016

El vuelo

«El alto vuelo sigo
con mis manos:
honor del cielo, el pájaro
atraviesa
la transparencia, sin manchar el día.

Cruza el oeste palpitando y sube
por cada grada hasta el desnudo azul
todo el cielo es su torre
y limpia el mundo con su movimiento.

Aunque el ave violenta
busque sangre en la rosa del espacio
aquí está su estructura:
flecha y flor es el pájaro en su vuelo
y en la luz se reúnen
sus alas con el aire y la pureza.

¡Oh plumas destinadas
no al árbol, ni a la hierba, ni al
combate,
ni a la atroz superficie,
ni al taller sudoroso,
sino a la dirección y a la conquista
de un fruto transparente!

El baile de la altura
con los trajes nevados
de la gaviota, del petrel, celebro,
como si yo estuviera
perpetuamente entre los invitados:
tomo parte
en la velocidad y en el reposo,
en la pausa y la prisa de la nieve.

Y lo que vuela en mí se manifiesta
en la ecuación errante de sus alas.

¡Oh viento junto al férreo
vuelo del cóndor negro, por la bruma!
Silbante viento que traspuso el héroe
y su degolladora cimitarra:
tú guardas el contacto
del duro vuelo como una armadura
y en el cielo repites su amenaza
hasta que todo vuelve a ser azul.

Vuelo de la saeta
que es la misión de cada golondrina,
vuelo del ruiseñor con su sonata
y de la cacatúa y su atavío!

Vuelan en un cristal los colibríes
conmoviendo esmeraldas encendidas
y la perdiz sacude
el alma verde
de la menta volando en el rocío.

Yo que aprendía volar, con cada vuelo
de profesores puros
en el bosque, en el mar, en las
quebradas,
de espaldas en la arena
o en los sueños.
me quedé aquí, amarrado
a las raíces,
a la madre magnética, a la tierra,
mintiéndome a mí mismo
y volando
solo dentro de mí,
solo y a oscuras.

Muere la planta y otra vez se entierra,
vuelven los pies del hombre al
territorio,
sólo las alas huyen de la muerte.

El mundo es una esfera de cristal,
el hombre anda perdido si no vuela
no puede comprender la transparencia.

Por eso yo profeso
la claridad que nunca se detuvo
y aprendí de las aves
la sedienta esperanza,
la certidumbre y la verdad del vuelo.»

El vuelo

Pablo Neruda



Vista aérea del Parterre

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sábado, 5 de noviembre de 2016

A l’altra banda, no hi havia res

«La via del tren separava la ciutat asfaltada. A l’altra banda, no hi havia res. Un descampat, un solar, escombraries. Enderrocs, una séquia, una claveguera. Fang i pols i pedres. Herba i camps esparsos. Entre naus i fusteries i tallers. I bars, alguns de putes. I un enorme pal o bastida elèctrica, enmig de tot allò. Un home havia sigut trobat mort penjat dels cables d’alta tensió. La propietària del bar de putes, i l’única cambrera que recorde, era una dona gran, o m’ho semblava, amb faldilla curta i botes, cabell ros o platí, amb uns pits punxeguts. Literalment, acabats en punta. A les tres de la vesprada, el bar ja era obert. L’obríem nosaltres cada vegada que passàvem, puntualment, en anar a escola. Déiem puta i pegàvem a fugir. Després ens aturàvem per veure si eixia, sempre eixia. I la véiem. A vegades hi havia algú dins. Sempre pensàvem que estava fent-ho. A vegades deixava, o restava, la porta entreoberta. I passàvem a poc a poc, una i altra vegada. Fins que la tancaven. Si anava sol, passava de llarg com si res. Era de vidre opac de colors diversos: roig, blau... Un dia tancaren el bar, i en posaren un altre, amb vidres transparents pintats. Recorde el dia que els pintaven: Bocadillos – Tapas variadas, amb una clòtxina i una gamba dibuixada. No tenia cap interés. Era al costat del carrer de Granada. Uns mesos després asfaltaren el carrer.»

D’Elogi de la llibertat

Lluís Roda


Locomotora 1400 antigua MZA con mercante hacia el sur, años sesenta. Avenida del Puerto.

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viernes, 4 de noviembre de 2016

Arrolladas al busto las madejas de cáñamo

«…y los cordeleros, arrolladas al busto las madejas de cáñamo, andaban de espaldas por la ribera de la acequia, formando entre sus ágiles dedos el hilo que se prolongaba sujeto al incansable torno.»

Flor de Mayo


Vicente Blasco Ibáñez


Cordeleros
Joaquín Sorolla

jueves, 3 de noviembre de 2016

Doña Manuela entró en la tienda

«Doña Manuela entró en la tienda. El mismo aspecto de otros tiempos, aunque con cierto aire de restaurada frescura. La anaquelería, de madera vieja, atestada de cajas; sobre el mostrador telas y más telas extendidas sin compasión hasta barrer el suelo; dependientes con el pelo aceitoso y las brillantes tijeras asomando por la abertura del bolsillo, y mujeres discutiendo con ellos, como si estuvieran en el centro del Mercado, abrumándolos con irritantes exigencias.»

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez


Almacenes y Tejidos "Enrique Miralles Cuñat" Calle Pintor Sorolla nº5. Circa 1900. 


miércoles, 2 de noviembre de 2016

¡Pobre Pascualet!

«¡Pobre Pascualet!... ¡Infeliz Obispillo! Con su guirnalda extravagante y su cara pintada estaba hecho un mamarracho. Más ternura dolorosa inspiraba su cabecita pálida, con el verdor de la muerte, caída en la almohada de su madre, sin más adornos que sus cabellos rubios.  

Pero todo esto no impedía que las buenas huertanas se entusiasmasen ante su obra. «¡Miradlo!... ¡Si parecía dormido! ¡Tan hermoso!, ¡tan sonrosado!...» Jamás se había visto un albaet como éste

Y llenaban de flores los huecos de su caja: flores sobre la blanca vestidura, flores esparcidas en la mesa, apiladas, formando ramos en los extremos. Era la vega entera abrazando el cuerpo de aquel niño que tantas veces había visto saltar por sus senderos como un pájaro, extendiendo sobre su frío cuerpo una oleada de perfumes y colores.»

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Ilustración de José  Benlliure para La barraca

martes, 1 de noviembre de 2016

Más o menos la muerte

«La muerte es sólo un niño
de cara triste
un niño
sin motivo
sin miedo
sin fervor
un pobre niño viejo
que se parece
a Dios.

A veces
sin embargo
es tan sólo un silencio
sin pasado
sin molde
sin olor
un silencio en que ladran
los perros
esos perros
y uno se pregunta
quiénes son.

Otras veces.

Otras veces
es una niebla espesa
que se mete en los ojos
que destruye la voz
y lo arrincona a uno definitivamente
bueno
definitivamente no
tan sólo hasta que uno
se siente
sin amor.

A veces.

Pero es raro.

Por lo común la muerte
es solamente un niño
de cara triste
un niño
que sale de la noche
sin motivo
sin miedo
sin fervor
un pobre niño viejo
que deja caer su mano
sobre mi corazón.»

Más o menos la muerte

Mario Benedetti


Entierro en el Cabanyal. Abril de 1947
Cortesía de Rafael Solaz