«A eso de mediodía llamaron a la puerta de casa y alguien dijo: "El afilador. Está aquí el afilador". Desde la cocina grité que no necesitábamos nada, pero la voz insistió: "Señora, salga usted, que el afilador le trae un regalo". Pensé que se trataba de algún guasón y me asomé desconfiada».
La buena letra
Rafael Chirbes



