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domingo, 9 de enero de 2022

Fueron tantas veces que la cosa llegó a Telefónica

«Prometo que no teníamos afán de protagonismo, pero también éramos los últimos de la guía telefónica. La cosa era de manual. Zurradores, 18. O lo tomas, o lo dejas. Era un blasón incuestionable, el escudo de armas familiar, nuestra carta de presentación. Cada cierto tiempo el gracioso de turno llamaba para recordárnoslo, «Oiga, ¿no les da vergüenza ser los últimos de la guía telefónica?». Mi padre, que trabajaba de madrugada, no siempre era un modelo de simpatía Vodafone, así que utilizaba un lenguaje claro y directo para responder: «fill de puta, més que fill de puta, ja me'n vaig a cagar en la mare que t'ha parit, més que fill de puta, el dia que t'agarre te tallaré el ous i vorás qui és l'ultim de la guia telefonica». Fueron tantas veces que la cosa llegó a Telefónica. Ya en tiempos de Villalonga, el compañero de pupitre de Aznar, el de los Teleñecos, nos llamaron para ofrecernos el marquesado de la calle Zurradores. Dijimos que no, pero al rato dije que sí. Piénsalo bien, me dijo mi madre. Igual así aprendes a atarte los cordones de una vez. Es un acto de reparación, dijo Aznar. Por los agravios acumulados, insistió el señor Villalonga. Así, de esa manera, empezó la Memoria histórica».

El marquesado de Zurradores

Rafa Lahuerta Yúfera

https://www.lasprovincias.es/



Plaza de Emilio Castelar

A la derecha el edificio de Telefónica aún en construcción

http://www.jdiezarnal.com/valenciaentornoayuntamientoedificiotelefonica.html


jueves, 4 de julio de 2019

Cuando uno conecta telefónicamente con un organismo oficial, el telefonista le espeta: "¡Arriba España! Dígame"

«Han cambiado muchas cosas, y más que van a cambiar; pero la ciudadanía se acostumbra pronto, qué remedio, a la disciplina cuartelera. En adelante, el español debe ser mitad monje mitad soldado. Las citaciones oficiales para cualquier asunto recuerdan, de oficio, que se debe obediencia «sin excusa ni pretexto alguno». Cuando uno conecta telefónicamente con un organismo oficial, el telefonista le espeta: "¡Arriba España! Dígame". A lo que el comunicante debe responder: "¡Arriba España!", antes de exponer su recado. Las peticiones oficiales acaban con las palabras: "Es gracia que espera alcanzar de Vd. cuya vida guarde Dios muchos años". Las cartas, aunque sean privadas, y eso incluye las íntimas misivas de amor, deben comenzar por el encabezamiento: «Saludo a Franco. ¡Arriba España!», y deben acabar con la despedida: "Por Dios, España y su revolución Nacional-Sindicalista"».

Los años del miedo

Juan Eslava Galán


Oficina de Telefónica. Valencia

Todocolección