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lunes, 13 de noviembre de 2023

No era una plaza para un barrio como aquel

«La plaza Xúquer despertaba mi interés. Por inesperada, por atípica, porque reflejaba el carácter sorpresa de las ciudades que crecen sin plan ni estrategia. No era una plaza para un barrio como aquel, era una plaza para otro lugar. Casi todo en Valencia resulta anómalo una vez cruzas el río. El mar estaba cerca, pero nada lo hacía sospechar. Las cosas importantes me sobrepasaban, las calamidades urbanísticas me seducían».

Noruega

Rafa Lahuerta Yúfera



Plaza Xúquer

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martes, 8 de febrero de 2022

Lucía el sol aquella mañana en la plaza Xúquer

«Creo que Fina no me entendió. O quizá me entendió mejor que nadie. A la media hora, un poco antes de entrar a la clase de «Reverencias y Bajada de pantalones sin que parezca que usted se baja los pantalones», me llamó la secretaria del cursillo, una mujer llamada karmele Marchante que se parecía mucho a Mercedes Milà. Estás expulsado, dijo sin contemplaciones. Y da gracias que no te denunciemos por acoso, pero no queremos escándalos. La monarquía es una institución muy seria y tú no das la talla. Ni como marqués ni como perrito de marquesa. Así que a la puta calle. Y como digas algo de todo esto prepárate para lo peor. Nuestro asesor Villaconejo lo ha grabado todo. Sabemos que eres adicto a los Ferrero Rocher y que no utilizas la escobilla en el retrete para limpiar la manteca que dejas. Y más cosas, pero creo que no es menester. Creo que has entendido. Así que la puta calle.

Salí algo entristecido, lo reconozco. Me había hecho ilusiones, yo, que sé que nunca hay que hacerse ilusiones. Lucía el sol aquella mañana en la plaza Xúquer. En la terraza de La Salamandra seguía Washington Peláez, nuestro escritor argentino. Le conté lo sucedido. No pareció afectarle mucho. Washington Peláez, publicado está, era un hombre sereno, apacible, con un puntito zen. Me senté a su lado. Iba con su sempiterno batín de felpa, pero algo en su aspecto había cambiado, algo que en un principio no supe advertir. El mundo es un lugar extraño, dijo al rato. Crees que has aprendido algo pero lo que aprendes no lo aprendes para siempre. Jodido Peláez, pensé, mejor te quedas callado. Pedí un cortado. Otro más. Mi sueño de ser marqués no había durado ni medio día. Entonces me fijé en las zapatillas de Washington Peláez. No eran las clásicas alpargatas a cuadros, las Nike doña Rogelia que yo le conocía. Caí en la cuenta de que era eso lo que le hacía parecer distinto. Sorprendido, pregunté en voz alta, ¿Puma? A lo que Washington Peláez, escritor argentino, el hombre que nunca salía del barrio de San José, contestó: venga bah, un cigadito».

El marquesado de Zurradores

Rafa Lahuerta Yúfera

https://www.lasprovincias.es/



Plaza Xúquer. 1957

Subida por Jaume J. Climent a VAHG


sábado, 15 de enero de 2022

Que se celebrara en la Sala Xúquer ayudó

«Lo del marquesado nos pilló por sorpresa. Hacía años que vivíamos al otro lado del río, mi padre ya había muerto y aunque salir en el '¡Hola!' no entraba en mis planes, tampoco tenía nada que perder. Carecía de expectativas y el marquesado podía ser una salida laboral. Pensat i fet, me apunté al cursillo, una especie de 'Operación Triunfo' con gotitas de 'Gran Hermano' y 'Hotel Glamour'. Que se celebrara en la Sala Xúquer ayudó. Ni siquiera necesitaba sacar la vespa. El primer día hubo una conferencia a cargo de un tal Mariñas. O Peñafiel, ya no recuerdo. El mensaje me quedó claro: «Queridos futuros marqueses. Para ser marqués, lo más importante es querer ser marqués. Cuando uno quiere ser marqués acaba siendo marqués. A cada marquesado le corresponde un marqués y es vuestra obligación que vuestro marquesado sea digno de un buen marqués y como marqués vuestro que soy os prometo un marquesado». Un memo, uno al que enseguida apodaron Cap de Canoa, preguntó si marqués era más que conde. La pregunta se quedó sin responder. Ni puta idea, chaval. En el descanso, más abrumado que otra cosa, salí a tomarme un cortado en La Salamandra. Washington Peláez, el escritor argentino del barrio, tomaba notas en una servilleta. Me saludó con un leve movimiento de ceja. A lo Ancelotti».

El marquesado de Zurradores

Rafa Lahuerta Yúfera

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Plaza Xúquer

VAHG