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lunes, 5 de febrero de 2024

También se llamaba Pascualet el niño que muere en La barraca

«—¿Dice usted ruiseñores? Pues yo sería uno de ellos, porque vine a este mundo cantando. ¿Quiere saber cómo canté mi primera canción? La cosa fue que mi madre tuvo primero cuatro hijos y todos murieron a los tres años, no se sabe por qué. Alguien dijo que de mal de ojo, de lo guapos que eran. Al nacer yo, todos esperaban que muriera, pero resistí, ya lo ve usted. 

—Vale, levanta la copa. ¡Chinchín, a tu salud! Por haber sobrevivido —brindó el escritor con la copa de champán en alto. 

 —Tenía yo cuatro años y había pasado ya la barrera fatal y mi madre estaba embarazada de ocho meses cuando a mi padre, Pascualet, que así se llamaba, le operaron de almorranas. 

 —¿Pascualet? —la volvió a interrumpir el escritor—. También se llamaba Pascualet el niño que muere en La barraca.

 —¿Cómo era ese niño? —preguntó la Piquer, que de pronto pareció muy conmovida. 

 —Un niño muy pequeño. Un infante, un albaet —respondió Blasco».

Retrato de una mujer moderna

Manuel Vicent



Ilustración de José Benlliure para "La Barraca"

La Esfera. 10 de enero de 1931

domingo, 21 de mayo de 2017

Más que cantarte te han hecho la viñeta ciertos poetas sin agua

«Eres tan cursi hija
que no hay por dónde cogerte.
Hasta en febrero cuando estás desnuda eres cursi,
adornada de odas y vergeles no digamos.

Primavera,
más que cantarte te han hecho la viñeta ciertos poetas sin agua;
pero a pesar de todo te defiendo,
porque haces retoñar ese geranio,
que se me seca siempre en el invierno».

Primavera

Gloria Fuertes


El mercado de flores

José Benlliure y Gil

domingo, 27 de noviembre de 2016

El que mañana llegue con las manos vacías, no pasará de esa puerta

«Los viernes, al salir de la escuela, escuchaban invariablemente todos ellos el mismo discurso. 

—Señores míos, mañana es sábado. recuérdenlo ustedes a sus señoras madres y háganles saber que el que mañana no traiga los dos cuartos no entrará en la escuela. A usted se lo digo especialmente, señor de... tal, y a usted, señor de... cual —y así soltaba una docena de nombres—. Tres semanas que no traen ustedes el estipendio prometido, y así no es posible la instrucción, ni puede procrear la ciencia, ni combatirse con desahogo la barbarie nativa de estos campos. Yo lo pongo todo: mi sabiduría, mis libros —y miraba las tres cartillas, que iba recogiendo su mujer cuidadosamente para guardarlas en la vieja cómoda—, y ustedes no traen nada. Lo dicho: el que mañana llegue con las manos vacías, no pasará de esa puerta. Aviso a las señoras madres.»

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Ilustración de José Benlliure para La barraca

miércoles, 2 de noviembre de 2016

¡Pobre Pascualet!

«¡Pobre Pascualet!... ¡Infeliz Obispillo! Con su guirnalda extravagante y su cara pintada estaba hecho un mamarracho. Más ternura dolorosa inspiraba su cabecita pálida, con el verdor de la muerte, caída en la almohada de su madre, sin más adornos que sus cabellos rubios.  

Pero todo esto no impedía que las buenas huertanas se entusiasmasen ante su obra. «¡Miradlo!... ¡Si parecía dormido! ¡Tan hermoso!, ¡tan sonrosado!...» Jamás se había visto un albaet como éste

Y llenaban de flores los huecos de su caja: flores sobre la blanca vestidura, flores esparcidas en la mesa, apiladas, formando ramos en los extremos. Era la vega entera abrazando el cuerpo de aquel niño que tantas veces había visto saltar por sus senderos como un pájaro, extendiendo sobre su frío cuerpo una oleada de perfumes y colores.»

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Ilustración de José  Benlliure para La barraca

viernes, 26 de agosto de 2016

...ha sido una broma

«—¡Barret, Hijo mío! —dijo con voz entrecortada—. Todo ha sido una broma: no hagas caso. Lo de ayer fué para hacerte un poquito de miedo..., nada más. Vas a seguir en las tierras... Pásate mañana por casa..., hablaremos. Me pagarás como mejor te parezca.

Y doblaba su cuerpo, evitando que se le acercase el tío Barret. Pretendía escurrirse, huir de la terrible hoz, en cuya hoja se quebraba un rayo de sol y se reproducía el azul del cielo. Como tenía la acequia detrás de él, no encontraba sitio para moverse, y echaba el cuerpo atrás, pretendiendo cubrirse con las crispadas manos.

El labrador sonreía como una hiena, enseñando sus dientes agudos y blancos de pobre.

—¡Embustero! ¡Embustero! —contestaba con una voz semejante a un ronquido.

Y, moviendo su herramienta de un lado a otro, buscaba sitio para herir, evitando las manos flacas y desesperadas que se le ponían delante.

—Pero ¡Barret! ¡Hijo mío! ¿Qué es esto?... ¡Baja esa arma..., no juegues!... Tú eres un hombre honrado...; piensa en tus hijas. Te repito que ha sido una broma. Ven mañana y te daré las lla... ¡Aaay!...»

La barraca

Vicente Blasco Ibáñez


Ilustración de José Benlliure para “La barraca”