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jueves, 12 de julio de 2018

Era la primera vez que ponían los pies en esa iglesia

«La nave estaba en penumbra y el cambio brusco de luz hizo que sus pupilas se dilataran. La temperatura era unos grados inferior y Alejandra se frotó los brazos sintiendo un escalofrío. Estaba prácticamente vacía, salvo dos beatas arrodilladas en uno de los primeros bancos. Sara se untó el dedo corazón en la pila de agua bendita y se santiguó. Alejandra la imitó. 

Era la primera vez que ponían los pies en esa iglesia. Les pareció preciosa. Tenía una desbordante decoración barroca. Por un instante, se imaginaron a sus padres vestidos de novios en el altar, contrayendo matrimonio. A pesar de necesitar una restauración urgente, sus adornos eran de tal magnitud que invadía toda la atmósfera de la nave una sensación de grandeza y, al mismo tiempo, de humildad. La bóveda estaba adornada con frescos del artista Antonio Palomino. Ahora, tras el último incendio de 1936 eran dominados en su mayor parte por un color negruzco producido por el hollín del humo y el paso del tiempo, dejando entrever los dibujos sobre los pasajes de la Biblia y el Apocalipsis. Sentados en uno de los bancos, los tres jóvenes intentaban localizar el posible rosetón que adornaba la pared del despacho de Jorge. Aparentemente, no existía ninguno en toda la iglesia o, por lo menos, ellos no eran capaces de encontrarlo. Sara empezó a contar una serie de figuras de escayola, casi a tamaño natural, situadas alrededor de la nave central, y colocadas sobre unos pedestales. Eran doce, ese número ya le hizo ponerse en guardia».

Las doce llaves

María Villamayor


Los Santos Juanes y "Les Covetes de Sant Joan"

Foto realizada desde la torre de la Lonja

http://valenciadesaparecida.blogspot.com/2015/04/

miércoles, 11 de julio de 2018

Bajo ésta había unas pequeñas habitaciones llamadas covachuelas

«Las dos hermanas admiraban la fachada de la parroquia. Algo en la parte inferior les llamó la atención. Tenía como una plataforma elevada parecido a una tribuna. Bajo ésta había unas pequeñas habitaciones llamadas covachuelas o casillas de San Juan. Eran semisótanos en los que antaño se ubicaban chatarreros y tiendas de viejo. Ahora, cerradas desde hacía mucho tiempo, estaban en un estado verdaderamente lamentable».

Las doce llaves

María Villamayor


Estampa. 21 de mayo de 1932

lunes, 26 de diciembre de 2016

Un martilleo estridente, un incesante trac-trac

«Ya estaba agotado el artículo de verduras; ahora a otra cosa. Y atravesando el arroyo, pasaron a la acera de enfrente, a la del Principal, donde estaban los vendedores del casquijo, ¡Vaya un estrépito de mil diablos! Bien se conocía la proximidad de las escalerillas de San Juan, con sus lóbregas cuevas, abrigo de los ruidosos hojalateros. Un martilleo estridente, un incesante trac-trac del latón aporreado salía de cada una de las covachuelas, cuyas entradas lóbregas, empavesadas con candiles y farolillos, alcuzas y coberteras, todo nuevo, limpio y brillante, recordaban las lorigas de aceradas escamas de los legionarios romanos.»

Arroz y tartana

Vicente Blasco Ibáñez



Covetes del Mercat

La vieja Valencia, mercantil y artesana. 
María Ángeles Arazo. 
Francesc Jarque

Subida por Carlos Tárrega Momblanch a VAHG