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sábado, 8 de febrero de 2020

Paró un taxi y se largó

«—Vale, me bajo aquí. Muchas gracias. 

Le aflojó pasta de sobra y luego esperó a que se marchase. Se fijó en el nombre de la calle y en el número. Permaneció una hora al acecho, durante la cual vio que abrían la puerta del callejón un par de veces para sacar cubos, hasta que llegó el primer cliente. Eran las seis y media. Paró un taxi y se largó».

Sesenta kilos

Ramón Palomar




Plaza del Mercado

Todocolección

sábado, 25 de enero de 2020

De los mejores puticlubs de la zona

«El taxista asintió, se enchufó el disco duro con el mapa de los mejores puticlubs de la zona e inició la marcha. 

El cuarto antro fue el del premio. Charli lo reconoció sin dudarlo y apretó las mandíbulas como atrapando una presa invisible hasta que los molares gimieron por la fricción. La puerta de madera noble, el pequeño escalón de acceso, la mirilla. Estaba en el sitio. Por la hora, ya debería de haber alguien, pero quiso asegurarse».

Sesenta kilos

Ramón Palomar




Publicidad Bar Dandy y Bar Toledo. Años 70

Calle En Bany

Todocolección

martes, 21 de enero de 2020

De esos sin farolillos rojos en la puerta. Un sitio fino de verdad

«—¿Algún detalle extra que nos pueda ayudar, jefe? —dijo mirando por el retrovisor a aquel paleto cachas de pelo blanco y mirada fría—. Es que a lo mejor la cuenta le sube un piquito como no acertemos rápido. 

—Era un lugar discreto, ya digo, de esos sin farolillos rojos en la puerta. Un sitio fino de verdad. —Charli calló y pensó—. Un callejón… Había un callejón al lado. Me acuerdo porque al salir paré allí para mear. Joder, igual perdí allí la cartera y entonces ya no la encuentro ni de coña… No sé más. Pero tranqui por la pasta, no sufras, y si tenemos suerte habrá propina».

Sesenta kilos

Ramón Palomar



Bar Forestal. Años 70

Todocolección

viernes, 17 de enero de 2020

Lo primero, primero: localizar el puticlub

«Salió de su apartamento a media tarde. Lo primero, primero: localizar el puticlub de sus desgracias. No recordaba la dirección, ya llevaba un buen pedal cuando el taxista lo había dejado, pero reconocería la puerta con mirilla, eso sí. Había tardado en regresar a pie, renqueando magullado, unos tres cuartos de hora. En coche no quedaría tan lejos. Paró un taxi».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Barrio chino

Calle Viana?

Joaquín Collado

miércoles, 18 de diciembre de 2019

Se embarró en el viejo barrio chino de Velluters

«Nada. Incluso, quemando las últimas opciones, se embarró en el viejo barrio chino de Velluters donde las rameras de tamaño Rubens exhibían sus mollas mientras reposaban en esquinas contrachapadas de mugre. ¿Y si Charli buscaba solaz barato entre esas calles mortecinas? Tampoco por ese lado saltó la liebre».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Barrio chino de Valencia. Años 70

Joaquín Collado

https://elpais.com/ccaa/2014/05/01/valencia/1398970065_756682.html

jueves, 12 de diciembre de 2019

Anexos a zonas de copas como Juan Llorens, Cánovas y la avenida de Francia

«Mauro envió a sus chicos Berni y David por ahí y por allá para que pescasen jirones de la existencia del súbitamente desaparecido. También fracasaron. Él mismo recorrió garitos de mala muerte anexos a zonas de copas como Juan Llorens, Cánovas y la avenida de Francia, pues sabía que Charli nunca se abrevaría en los antros luminosos y ventilados de moda, sino en los tugurios grasientos que chupaban rueda junto a los de clase A».

Sesenta kilos

Ramón Palomar



Niños en la Plaza Cánovas

Todocolección

domingo, 8 de diciembre de 2019

Recordó lo de cinturón negro de kárate y logró dar con el gimnasio

«Finalmente el dueño de una pequeña tienda de comestibles anquilosada en el tiempo le proporcionó el soplo sobre el piso de Charli. De una patada derribó la puerta. Abrió cajones, revolvió la cama, destripó el único armario. Con un resultado desolador: ni fotos ni papeles personales, nada que le facilitase nombres, lugares donde empezar a buscar. Cero. Recordó lo de cinturón negro de kárate y logró dar con el gimnasio en el que había entrenado».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Diapositiva publicidad cine

Todocolección

miércoles, 4 de diciembre de 2019

Moraba en la parte del barrio del Carmen de calles angostas

«Durante dos semanas Mauro husmeó en el pasado de Charli en Valencia por si se topaba con la pista que le condujera a su presente. Frigorías sólo había podido decirle que el traidor moraba en la parte del barrio del Carmen de calles angostas y leve tufo a orín canino que todavía no había sufrido la rehabilitación del ayuntamiento. Mauro guerreó en la zona. Preguntó a camareros, gorrillas, yonquis, pequeños camellos, curas ensotanados, juventud botellonera y vecinos. No sacó nada en claro. Muchos le recordaban, claro. Copito de Nieve no era un tipo que pasase desapercibido. Pero tenía una presencia fantasmagórica. No, no se le conocía chati. Ni familia. Ni amigos. Nadie se fijaba dónde iba y venía».

Sesenta kilos

Ramón Palomar



Portal de Valldigna

Todocolección

sábado, 30 de noviembre de 2019

Escogió Valencia porque anhelaba el azul del mar

«Escogió Valencia para su siguiente parada porque anhelaba el azul del mar y las temperaturas californianas. Subió al tren con bastante pasta y sus habituales cuatro trapos preguntándose si el maquinista también la seduciría… y si ella se dejaría seducir para usarlo como trampolín. Decidió que no, porque descender del avión al tren equivalía a retroceder y ella sólo podía, de nuevo libre, iniciar la escalada. En cualquier caso, todavía no era consciente de su potencial de hembra capaz de matar al hombre más granítico del universo con una simple caída de párpados, con un seco crujido de cadera, con un golpe de melena o con un resto de humedad sobre sus gruesos labios de golosina fresca».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Niños en la playa. 1904

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 55 x 96,5

Colección privada

jueves, 28 de noviembre de 2019

¿Cuánto te han costado estos zapatos, cariño?

«Le pedía dinero para comida, ropa, zapatos, bolsos, cremas, compacts . Luego se gastaba mucho menos, y así fue arramblando una apreciable cantidad de euros. 

—¿Cuánto te han costado estos zapatos, cariño? —le preguntaba él haciéndose el caballero pero con un poso de avaricia en la voz. 

—Ciento veinte euros, sweetie —contestaba ella relampagueando sus ojos almendrados, aunque sólo había pagado cuarenta. 

—Pues muy bien, porque estos tacones te sientan de cine —admitía él—».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Puesto de calzados en la zona del Mercado Central. 1972

Subida por  Pilar Martinez Olmos a VAHG

sábado, 16 de noviembre de 2019

Vivieron en poblados de caravanas

«Vivieron en poblados de caravanas desmochadas como unos indios de fortuna, cambiando a menudo de lugar según migraba la pandilla de su padre o según soplaban los vientos de sus negocios de miseria ladillera, de estafa y timo».

Sesenta kilos

Ramón Palomar



Camping en El Saler

Todocolección

viernes, 8 de noviembre de 2019

A los periodistas les impresionó sobre todo el entorno, ese idílico campo de naranjas

«Al final imperó cierta cordura y abandonaron el fiambre en un campo de naranjos. El Nene lo roció con gasolina y le prendió un fuego purificador para borrar las presuntas huellas. Mientras los restos ardían canturreaba por lo bajini, hasta que Charli le sacó de su ensimismamiento llevándoselo de allí. 

El cuerpo sólo se consumió a medias. Pobre agricultor, el susto que se llevó al descubrir la barbacoa. La poli archivó el asunto, constatando hasta dónde alcanzaba la crueldad de unos narcos impíos que ya ni respetaban los restos de sus finados, y la noticia apenas mereció un breve de pocas líneas en las páginas de los periódicos locales. A los periodistas les impresionó sobre todo el entorno, ese idílico campo de naranjas utilizado de crematorio lumpen».

Sesenta kilos

Ramón Palomar



Idilio en el naranjal

Todocolección

miércoles, 6 de noviembre de 2019

Genuino rock de Bruno Lomas, que era lo que escuchaba don Anselmo Frigorías

«Charli sintió un escalofrío. El Nene ni se inmutó. El San Francisco con ginebra llegó de la mano de un camata ojeroso que todavía no lucía la pajarita del uniforme nocturno. Frigorías le arreó un trago. Puro almuerzo de campeón. Auténtica vieja escuela. Genuino rock de Bruno Lomas, que era lo que escuchaba don Anselmo Frigorías, jactándose además de haberlo conocido y de haber gozado de cierta amistad etílico-mañanera con él porque durante una temporada vivieron en el mismo barrio y coincidían temprano en el bar de la esquina para obsequiarse con pelotazos de macho a mediodía».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Bruno Lomas

https://www.levante-emv.com/cultura/2019/10/13/bruno-lomas-rockero-anorado/1932373.html

lunes, 4 de noviembre de 2019

De sus brutales virtudes, labradas en gimnasios

«Ambos brujuleaban en el escalón más bajo, sucio y peor pagado del engranaje ilegal. A Charli, en vista de su corpulencia y de sus brutales virtudes, labradas en gimnasios mohosos de película de fina grasa empapando las paredes y de linimento a flor de piel, a veces le encargaba que diese algún susto, o mejor algún sustito, a un moroso sin agallas, y Charli, en esos casos, presentía que le estaba chequeando para otras misiones de enjundia. Al Nene ni eso. Al Nene le maltrataba como a un bufón, pero le gustaba que permaneciese en su órbita porque le suponía una lealtad de lebrel».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Gimnasio Peset. 1978

Barrio del Carmen 

Subida por Pedro Petereddy Navarro Monzon‎ a VAHG

miércoles, 7 de marzo de 2018

Si hubiese tenido pan habría alimentado a las palomas

«Tendría que marcharse de Valencia y esconderse, y él no estaba preparado para empezar de nuevo en otra ciudad. Él no era un aventurero, sólo un perito mercantil, un exfuncionario de Hacienda metido en una movida que cada vez, presentía, le venía más y más grande. Carapán, y menos Frigorías, no le perdonarían lo que había hecho. Había visto demasiado en los últimos años como para dudarlo. 

Seguía sudando. Qué asco. Se hubiera tomado otra cervecita con unas aceitunas, pero no estaba dispuesto a recibir otra humillación por parte de un mierda de camarero que se creía ministro, así pues se largó a un parque y se sentó en un banco jaspeado por cagarrutas secas de gaviota. Por un instante saboreó la aburrida paz del jubilata. Si hubiese tenido pan habría alimentado a las palomas».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Actual Plaza del Ayuntamiento. 1953

Fondo de la Família Cuyàs

sábado, 3 de febrero de 2018

Tenían la costumbre de manejar caballo

«Los gitanos estaban bien posicionados porque tenían la costumbre de manejar caballo y su red de distribución era un cefalópodo de interminables tentáculos. Pero no pudieron absorber la imparable demanda y además no eran un grupo de ambición desmesurada».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Las Casitas Rosas y desaparecido Mercado de la Malvarrosa. Años 80

https://www.facebook.com/Historia-del-mitico-barrio-de-la-Malvarrosa-179632648737215/

miércoles, 31 de enero de 2018

Se rularon de premio unos petas mientras el coche enfilaba la A3 en dirección a Madrid

«Yeyo y Arturito enchufaron a Camarón en el equipo Bose del coche. Se sentían bien. Habían recogido información interesante. Se rularon de premio unos petas mientras el coche enfilaba la A3 en dirección a Madrid».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Avenida del Cid

Todocolección

sábado, 27 de enero de 2018

La gente se confundía con el mundo de los gitanos

«La gente se confundía con el mundo de los gitanos, pensó Salvador. Tan sólo atisbaba la superficie de un inframundo plagado de leyes más o menos folclóricas, con el dichoso pañuelo rojo ratificando la virginidad en los esponsales, las mujeres zapateando chisposas ante las llamas rojas y sinuosas de una fogata, los maridos vendiendo bragas y fajas de color carne en los mercadillos callejeros, y las hijas y las mujeres comerciando con naranjas robadas que ofrecían en la parte trasera de los mercados. El personal creía en los carromatos de color llamativo o en los coches asmáticos cargados de quincalla, porque nadie rascaba para ir más allá atravesando fronteras incómodas. 

La apariencia externa de la masa gitanil correspondía a los estereotipos de marginados urbanos. Pero los gitanos traficantes habían progresado y, usando las mismas redes de parentescos infinitos junto a una violencia contundente, rápida y efectiva, atesoraban dinerales, gastaban grifería de oro macizo en los cuartos de baño y contaban el dinero a peso. Por eso, si la choza repleta de trampas y dispositivos de seguridad engañaba a cualquiera a simple vista, otro tanto sucedía con el carácter de Yeyo y Arturito. Parecían dos gitanos obtusos, de luces cortas y entendimiento limitado. Dos trozos de carne con las neuronas justas para pasar el día. 

Nada más alejado de la realidad».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Gitanos en Valencia

Estampa. 17 de julio de 1928

jueves, 25 de enero de 2018

Les maravilló el porro

«Esa noche, Yeyo y Arturito abandonaron la pubertad y regresaron como hombres enteros a casa. La fiesta con la que les recibieron duró hasta el mediodía de la siguiente jornada. Fue la primera vez que probaron el Juanito Caminante Etiqueta Azul. Les encantó. Un primo más mayor les pasó un canuto, ellos miraron a su tío buscando aprobación y se alegraron cuando este asintió gravemente con la cabeza. Se marearon tras las caladas y rieron como locos mirando las arañas de la pared y una procesión de hormigas que recorría el suelo. Les maravilló el porro. Antes de desaparecer hacia sus aposentos, su tío les regaló un medallón de oro macizo que reproducía la cabeza de Camarón hasta el mínimo detalle. Una pasada. Les hechizó el colgante del dios Camarón.

—El Camarón de oro —les dijo su tío— es para que no olvidéis la noche en que os convertisteis en hombres de sangre y honor. El porro, vale; pero como os pille metiéndoos perico, o probando el jaco en un chute o esnifado, os juro por mis muertos que os mato. Nosotros se los vendemos a los payos y a los gitanos descastados que han elegido ese camino, pero no los tomamos».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Cola para comprar hachís. Calle Bello

Tania Castro para El País

http://verlanga.com/arte/fotografia-arte/la-primera-vez-tania-castro/

martes, 16 de enero de 2018

Se dirigió al antiguo espigón del puerto... y arrojó lo más lejos que pudo su hierro

«Pero un día un constructor se puso chulo. Por sus cojones que no pagaba porque a él no le chuleaba nadie, y menos un gitano trajeado con un mil rayas raído. El Marqués tomó nota. Le siguió, husmeó sus costumbres, descubrió que los viernes salía a cenar con su amante rubia oxigenada de uñas lacadas a la francesa en un local de esteticién de todo a cien euros y que luego se iban a un picadero para follar mientras hacían la digestión. El constructor chulo solía marcharse de su bombonera sobre las tres de la madrugada. 

Al Marqués no le importaba la hora. Desde las doce y media de la noche aguardaba con sus sobrinos sentados en los asientos traseros del BMW de color rojo roca. Aquella noche sus sobrinos volverían a casa hechos unos hombres. El constructor abrió el portal con un pitillo pegado a los labios y jugueteando con las llaves del coche. Mostraba aire de haber cumplido, o, en todo caso, de que su amante fondona de cardado de peluquería de todo a doscientos pavos hubiese colmado sus expectativas. El tipo no había dado ni dos pasos cuando el Marqués se le acercó silencioso por la espalda y le llamó, sin acentos gitanuzos, con un enérgico «¡Oye, payo!» que le obligó a girarse. Antes de poder sorprenderse ya había recibido dos balazos en la cabeza. 

A los hermanos les impresionó lo rápido que un hombre podía pasar de la placidez poscoital al otro barrio y casi sin enterarse. Alucinaron ante la calma desplegada por su tío. Los tenía de elefante. El Marqués montó de nuevo en el coche y arrancó, sin hilvanar palabra ni enhebrar explicación. Se dirigió al antiguo espigón del puerto. Las luces de las monstruosas grúas que descargaban contenedores de las panzas de los barcos irradiaban una belleza onírica y brumosa. Su tío bajó, se acercó al rompeolas y arrojó lo más lejos que pudo su hierro. Luego, de nuevo en el coche, dijo: 

—El arma siempre debe desaparecer. A algunos panolis avariciosos les gusta conservarla, y luego eso les cuesta la vida entera en el chabolo. Nunca guardéis un arma tras usarla. Nunca. —Fue la única explicación que les ofreció. 

Los periódicos dedicaron un breve al suceso. Aquel constructor, mira por dónde, escondía trapicheos variados. La prensa despachó el asunto tildándolo de «ajuste de cuentas». La pasma jamás encontró al culpable».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Construcción del espigón. Puerto de Valencia

http://pescarenvalencia.mforos.com/