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domingo, 3 de mayo de 2026

¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!

«Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!».

Las manos de mi madre

Mario Benedetti



Plaza de la Virgen

Todocolección

viernes, 29 de diciembre de 2023

Cobraré el aguinaldo en billetes de uno a uno

«Ya he sacado mis cuentas
y no le pago
a nadie.

Ni al sastre que me hizo estas solapas
como alas de palomo
ni al pobre almacenero
que no me vende azúcar
ni al Banco que me ahorca
ni al librero que gime
ni al destino que claro no recoge
las tiernas oraciones
que envío contra reembolso.

Ya he sacado mis cuentas
y no le pago
a nadie.

Cobraré el aguinaldo en billetes de uno a uno,
y me iré caminando por Dieciocho
silbando un tango amargo
como otro distraído».

El aguinaldo

Mario Benedetti




































domingo, 2 de mayo de 2021

¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!

«Manos las de mi madre, tan acariciadoras,
tan de seda, tan de ella, blancas y bienhechoras.
¡Sólo ellas son las santas, sólo ellas son las que aman,
las que todo prodigan y nada me reclaman!
¡Las que por aliviarme de dudas y querellas,
me sacan las espinas y se las clavan en ellas!

Para el ardor ingrato de recónditas penas,
no hay como la frescura de esas dos azucenas.
¡Ellas cuando la vida deja mis flores mustias
son dos milagros blancos apaciguando angustias!
Y cuando del destino me acosan las maldades,
son dos alas de paz sobre mis tempestades.

Ellas son las celestes; las milagrosas, ellas,
porque hacen que en mi sombra me florezcan estrellas.
Para el dolor, caricias; para el pesar, unción;
¡Son las únicas manos que tienen corazón!
(Rosal de rosas blancas de tersuras eternas:
aprended de blancuras en las manos maternas).

Yo que llevo en el alma las dudas escondidas,
cuando tengo las alas de la ilusión caídas,
¡Las manos maternales aquí en mi pecho son
como dos alas quietas sobre mi corazón!
¡Las manos de mi madre saben borrar tristezas!
¡Las manos de mi madre perfuman con terneza!».

Las manos de mi madre

Mario Benedetti
 


 Plaza de la Virgen

Todocolección

 

sábado, 30 de mayo de 2020

Pensó en la gente, en los posibles náufragos

«Sólo cuando al alba el otro faro, también llamado sol, fue
encendiendo de a poco la ribera y el oleaje, el faro del
cuento tuvo noción de la tragedia. Ahí nomás, a pocas
millas de su torre grisácea, se veía un velero
semihundido. Por supuesto pensó en la gente, en los
posibles náufragos, pero sobre todo pensó en el velero,
ya que siempre se había sentido más ligado a los barcos
que a los barqueros. Sintió que su reacio corazón se
estremecía y ya no pudo más. Cerró su ojo de modesto
cíclope y lloró dos o tres lágrimas de piedra».

El faro (fragmento)

Mario Benedetti




Naufragio del vapor Villareal

Playa de Pinedo

Nuevo Mundo. 28 de marzo de 1908

jueves, 28 de mayo de 2020

El faro no pudo conciliar el sueño

«Así hasta que en una ocasión aciaga se quedó sin luz.
Vaya a saber por qué sinrazón mecánica el mecanismo
autónomo falló y la noche puso toda su oscuridad a
disposición del encrespado mar. Para peor de los males
se desató una tormenta con relámpagos, truenos y toda
la compañía. El faro no pudo conciliar el sueño. La
espesa oscuridad siempre le provocaba insomnio,
además de náuseas».

El faro (fragmento)

Mario Benedetti


El faro. Puerto de Valencia, 1960

Fotograma de la película "The boy who stole a million"


martes, 26 de mayo de 2020

Aquel faro era incurablemente optimista

«Aquel faro era incurablemente optimista y no estaba
dispuesto a cambiar por ningún otro su alegre oficio de
iluminador. Se imaginaba que la noche no podía ser
noche sin su luz, creía que ésta era la única estrella a
flor de tierra pero sobre todo a flor de agua, y hasta se
hacía la ilusión de que su clásica intermitencia era el
equivalente de una risa saludable y candorosa».

El faro (fragmento)

Mario Benedetti



El faro. Puerto de Valencia

Colección de Greg Sercas

domingo, 24 de mayo de 2020

De algún auto estacionado más allá de las rocas

«A aquel faro le gustaba su tarea, no sólo porque le
permitía ayudar, merced a su sencillo e imprescindible
foco, a veleros, yates y remolcadores hasta que se
perdían en algún recodo del horizonte, sino también
porque le dejaba entrever, con astuta intermitencia, a
ciertas parejitas que hacían y deshacían el amor en el
discreto refugio de algún auto estacionado más allá de
las rocas».

El faro (fragmento)

Mario Benedetti


El faro. Puerto de Valencia

https://pescarenvalencia.mforos.com/2065174/11116892-el-faro-viejo-y-mis-recuerdos-del-puerto-de-valencia/?pag=3

viernes, 8 de marzo de 2019

¿Y si Dios fuera mujer?

«¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.

Tal vez nos acercáramos a su divina desnudez
para besar sus pies no de bronce,
su pubis no de piedra,
sus pechos no de mármol,
sus labios no de yeso.

Si Dios fuera mujer la abrazaríamos
para arrancarla de su lontananza
y no habría que jurar
hasta que la muerte nos separe
ya que sería inmortal por antonomasia
y en vez de transmitirnos SIDA o pánico
nos contagiaría su inmortalidad.

Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.

Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia».

Si Dios fuera mujer

Mario Benedetti




Todocolección

martes, 1 de enero de 2019

Porque cada día es un comienzo

«No te rindas, aún estas a tiempo
de alcanzar y comenzar de nuevo,
aceptar tus sombras, enterrar tus miedos,
liberar el lastre, retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
continuar el viaje,
perseguir tus sueños,
destrabar el tiempo,
correr los escombros y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se esconda y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque la vida es tuya y tuyo también el deseo,
porque lo has querido y porque te quiero.

Porque existe el vino y el amor, es cierto,
porque no hay heridas que no cure el tiempo,
abrir las puertas quitar los cerrojos,
abandonar las murallas que te protegieron.

Vivir la vida y aceptar el reto,
recuperar la risa, ensayar el canto,
bajar la guardia y extender las manos,
desplegar las alas e intentar de nuevo,
celebrar la vida y retomar los cielos,

No te rindas por favor no cedas,
aunque el frío queme,
aunque el miedo muerda,
aunque el sol se ponga y se calle el viento,
aun hay fuego en tu alma,
aun hay vida en tus sueños,
porque cada día es un comienzo,
porque esta es la hora y el mejor momento,
porque no estas sola,
porque yo te quiero».

No te rindas

Atribuido a Mario Benedetti



Calle Palau

Subida por Juan David Forner‎ a VAHG

domingo, 23 de diciembre de 2018

Cobraré el aguinaldo en billetes de uno a uno

«Ya he sacado mis cuentas
y no le pago
a nadie.

Ni al sastre que me hizo estas solapas
como alas de palomo
ni al pobre almacenero
que no me vende azúcar
ni al Banco que me ahorca
ni al librero que gime
ni al destino que claro no recoge
las tiernas oraciones
que envío contra reembolso.

Ya he sacado mis cuentas
y no le pago
a nadie.

Cobraré el aguinaldo en billetes de uno a uno,
y me iré caminando por Dieciocho
silbando un tango amargo
como otro distraído.»

El aguinaldo

Mario Benedetti

































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