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miércoles, 2 de octubre de 2024

Donde mercadeaban con los alijos habituales de coca, jaco y costo

«Sus confites le indicaban la dirección donde mercadeaban con los alijos habituales de coca, jaco y costo. Tacita a tacita. Papelina a papelina. Gramo a gramo. Él vigilaba. Anotaba las rutinas mentalmente. Destripaba el carácter de los compradores. Taladraba sus personalidades. Ése era valiente; ése, cobarde; ése, prudente; ése, descerebrado; ése, maricón; ese otro, mentiroso compulsivo. Y acertaba siempre. Pleno al quince. Observaba el tránsito. Carrusel de yupis amantes del polvo blanco, escoria humana buscando otro chute, porreros de hueso laxo comprando sus ensoñaciones rastafaris de contrabando moruno».

La gallera

Ramón Palomar



Bloques del Ayuntamiento

"Las Casitas Rosas"

La Malvarrosa

La promoción pública de la vivienda en Valencia (1939 - 1976)


lunes, 14 de septiembre de 2020

Donde mercadeaban con los alijos habituales de coca, jaco y costo

«Sus confites le indicaban la dirección donde mercadeaban con los alijos habituales de coca, jaco y costo. Tacita a tacita. Papelina a papelina. Gramo a gramo. Él vigilaba. Anotaba las rutinas mentalmente. Destripaba el carácter de los compradores. Taladraba sus personalidades. Ése era valiente; ése, cobarde; ése, prudente; ése, descerebrado; ése, maricón; ese otro, mentiroso compulsivo. Y acertaba siempre. Pleno al quince. Observaba el tránsito. Carrusel de yupis amantes del polvo blanco, escoria humana buscando otro chute, porreros de hueso laxo comprando sus ensoñaciones rastafaris de contrabando moruno».

La gallera

Ramón Palomar

 

Bloques del Ayuntamiento (Casitas rosas)

La Malvarrosa

?

sábado, 3 de febrero de 2018

Tenían la costumbre de manejar caballo

«Los gitanos estaban bien posicionados porque tenían la costumbre de manejar caballo y su red de distribución era un cefalópodo de interminables tentáculos. Pero no pudieron absorber la imparable demanda y además no eran un grupo de ambición desmesurada».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Las Casitas Rosas y desaparecido Mercado de la Malvarrosa. Años 80

https://www.facebook.com/Historia-del-mitico-barrio-de-la-Malvarrosa-179632648737215/

viernes, 22 de diciembre de 2017

Ya tengo cinco mil cubos llenos de billetes de cincuenta

«Entre el bidón de ácido y la chimenea, una gitana gorda salpimentada de oro fabricaba bolsitas de un gramo que luego otra gitana vendería tras una reja en la raquítica casa situada enfrente; el trajín entre una casa y otra intercambiaba la mandanga por la pasta. Junto a la gitana, un cubo de plástico rebosaba billetes que, muy de vez en cuando, recogía el Marqués para contarlos y guardarlos luego en vete a saber qué escondite. La gorda, cuando el papel moneda amenazaba con desbordar, metía su zapato de tacón torcido y presionaba aquel dineral hasta ganar un poco de espacio. Quizá ese poderoso clan gitano contaba su fortuna en cubos. «Ya tengo cinco mil cubos llenos de billetes de cincuenta», dirían con orgullo lerele».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Campo de fútbol Malvarrosa y Casitas Rosas

https://www.facebook.com/Historia-del-mitico-barrio-de-la-Malvarrosa-179632648737215/

jueves, 21 de diciembre de 2017

El ácido disolvía la farlopa en un suspiro y el váter tragaba lo que fuese

«Aunque fuera cascaba el calor mediterráneo, la chimenea estaba encendida y la energía de sus leños se compensaba mediante un potente equipo de aire acondicionado para hacer soportable la estancia. 

Siempre había fuego en casa del Marqués, porque esas llamas eran un modo eficaz de destruir el material si los pasmas asaltaban el fuerte como una horda de bárbaros. No era el único método de disolución/evaporación. Un bidón de ácido aguardaba en una esquina, y el cuarto de baño pegado a la gran habitación siempre tenía la puerta abierta de par en par. El ácido disolvía la farlopa en un suspiro y el váter tragaba lo que fuese, aunque ese subterfugio era el último recurso, pues ahora la pasma contaba con polis fontaneros que destripaban las tuberías buscando restos de bolsas de farlopa».

Sesenta kilos

Ramón Palomar




Las Casitas Rosas. La Malvarrosa

La Vanguardia. 1 de noviembre de 1991

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Y no han cavado un foso con cocodrilos porque no se les ha ocurrido

«Desde fuera, la casa del Marqués no permitía adivinar lo que escondía dentro. Parecía una edificación sin gracia suplicando clemencia mientras aguardaba el inevitable derribo. Sus muros desconchados, su planta cuadrada de una única altura, sus rejas oxidadas y su manifiesta decadencia engañaban al primer vistazo. 

En realidad la «choza» de Salvador Pérez Castillejo, alias el Marqués, se estructuraba como un fortín dotado de tres anillos de seguridad. Al franquear la entrada principal accedías a un pequeño patio y te topabas con una reja de hierro forjado. Cuando superabas esa aduana, pasabas a un angosto y corto pasillo de muros reforzados de cemento armado que te encauzaba hacia una puerta acorazada. Cuando la traspasabas, te encontrabas en un habitáculo minúsculo no apto para claustrofóbicos con una recia puerta de madera. «Y no han cavado un foso con cocodrilos porque no se les ha ocurrido», pensó Frigorías admirando el dispositivo. 

Sólo en la entrada principal te recibía un guarda, que avisaba de tu llegada gracias a un walkie-talkie de juguete que las radios policiales no podían rastrear dada su tecnología rudimentaria y su alcance de apenas veinticinco metros. Las demás puertas se abrían automáticamente desde el núcleo interior porque te videovigilaban. En la última, la que daba acceso al sanctasanctórum del Marqués, además te controlaban un rato largo o corto, según, para asegurarse de que ninguna sorpresa fuera a turbar la paz interior».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Las Casitas Rosas (Bloques del Ayuntamiento). La Malvarrosa

La promoción pública de la vivienda en Valencia (1939 - 1976)