Mostrando entradas con la etiqueta Gitanos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Gitanos. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de octubre de 2025

Pero soy una cabra muy extraña. Día de las escritoras

«Hay quien dice que estoy como una cabra,
lo dicen, lo repiten, ya lo creo,
pero soy una cabra muy extraña
que lleva una medalla y siete cuernos.

¡Cabra! En vez de mala leche yo soy llanto.
¡Cabra! Por lo más peligroso me paseo.
¡Cabra! Me llevo bien con alimañas todas.
¡Cabra! Escribo en los tebeos.

Vivo sola. Cabra sola
-que no quise cabrito en compañía-,
cuando subo a lo alto de ese valle
siempre encuentro un lirio de alegría.

Y vivo por mi cuenta, cabra sola,
que yo a ningún rebaño pertenezco.
Si sufrir es estar como una cabra,
entonces si lo estoy, no dudar de ello».

Cabra sola

Gloria Fuertes




El gitano y la cabra

Subida por Juan David Forner a VAHG

Del libro "Valencia"

martes, 10 de septiembre de 2024

Pero soy una cabra muy extraña

«Hay quien dice que estoy como una cabra,
lo dicen, lo repiten, ya lo creo,
pero soy una cabra muy extraña
que lleva una medalla y siete cuernos.

¡Cabra! En vez de mala leche yo soy llanto.
¡Cabra! Por lo más peligroso me paseo.
¡Cabra! Me llevo bien con alimañas todas.
¡Cabra! Escribo en los tebeos.

Vivo sola. Cabra sola
-que no quise cabrito en compañía-,
cuando subo a lo alto de ese valle
siempre encuentro un lirio de alegría.

Y vivo por mi cuenta, cabra sola,
que yo a ningún rebaño pertenezco.
Si sufrir es estar como una cabra,
entonces si lo estoy, no dudar de ello».

Cabra sola

Gloria Fuertes



El gitano y la cabra

Subida por Juan David Forner a VAHG

Del libro "Valencia"

sábado, 27 de enero de 2018

La gente se confundía con el mundo de los gitanos

«La gente se confundía con el mundo de los gitanos, pensó Salvador. Tan sólo atisbaba la superficie de un inframundo plagado de leyes más o menos folclóricas, con el dichoso pañuelo rojo ratificando la virginidad en los esponsales, las mujeres zapateando chisposas ante las llamas rojas y sinuosas de una fogata, los maridos vendiendo bragas y fajas de color carne en los mercadillos callejeros, y las hijas y las mujeres comerciando con naranjas robadas que ofrecían en la parte trasera de los mercados. El personal creía en los carromatos de color llamativo o en los coches asmáticos cargados de quincalla, porque nadie rascaba para ir más allá atravesando fronteras incómodas. 

La apariencia externa de la masa gitanil correspondía a los estereotipos de marginados urbanos. Pero los gitanos traficantes habían progresado y, usando las mismas redes de parentescos infinitos junto a una violencia contundente, rápida y efectiva, atesoraban dinerales, gastaban grifería de oro macizo en los cuartos de baño y contaban el dinero a peso. Por eso, si la choza repleta de trampas y dispositivos de seguridad engañaba a cualquiera a simple vista, otro tanto sucedía con el carácter de Yeyo y Arturito. Parecían dos gitanos obtusos, de luces cortas y entendimiento limitado. Dos trozos de carne con las neuronas justas para pasar el día. 

Nada más alejado de la realidad».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Gitanos en Valencia

Estampa. 17 de julio de 1928