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jueves, 29 de marzo de 2018

Siempre daban una de romanos

«¿Has visto un ciclo en televisión del cine en tiempos de Franco?
yo soy aquel chaval que creció en la fila de los mancos.

Si un dedo acariciaba una pierna, un cuello un sujetador,
bramaba la temible linterna del acomodador.

Ella tenía catorce abriles en canal,
sobre las rodillas rebeca para disimular;
aquel sabor a chocolatina, piel, saliva y sudor...
la carne de gallina me pone en el corazón.

En pantalla Dalila cortaba el pelo al cero a Sansón
y en la última fila del cine con calcetines aprendimos tu y yo.

Juegos de manos a la sombra de un cine de verano.
Juegos de manos... siempre daban una de romanos.

Era condición esencial organizar bien el modo
de entrar en la semi oscuridad blanca y negra del No-Do
y, mientras en el circo un león se merendaba a un cristiano,
la nena se dejaba besar (que no la pille su hermano).

Si estrenaban Cleopatra y pedían el carnet
yo iba con corbata y pomada que cura el acné.
Hasta que aquella bici de mi niñez se fue quedando sin frenos
y en la peli que pusieron después nunca ganaban los buenos.
Y mientras, en pantalla, prendía fuego a Roma Nerón,
contra la última valla del cine y en calcetines aprendimos tu y yo.

Juegos de manos a la sombra de un cine de verano.
Juegos de manos... siempre daban una de romanos.
Juegos de manos a la sombra de un cine de verano.
Juegos de manos... siempre daban una de romanos.

Hoy que todos andan con videos porno-americanos
para ver contigo me alquilo una de romanos».

Una de romanos

Joaquín Sabina


Procesión del Domingo de Resurrección. Calle Escalante

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=1694463&page=133




martes, 13 de marzo de 2018

De un barco que tuviera por bandera un par de tibias y una calavera

«No soy un fulano
con la lágrima fácil,
de esos que se quejan sólo por vicio.

Si la vida se deja yo le meto mano
y si no aún me excita mi oficio,
y como además sale gratis soñar
y no creo en la reencarnación,
con un poco de imaginación
partiré de viaje enseguida
a vivir otras vidas,
a probarme otros nombres,
a colarme en el traje y la piel
de todos los hombres
que nunca seré:

Al Capone en Chicago
legionario en Melilla
pintor en Montparnasse.

Mercenario en Damasco
costalero en Sevilla
negro en Nueva Orleans.

Viejo verde en Sodoma
deportado en Siberia
sultán en un harén.

¿Policía? ni en broma
triunfador de la feria
gitanito en Jerez.

Tahur en Montecarlo
cigarrillo en tu boca
taxista en Nueva York.

El más chulo del barrio
tiro porque me toca
suspenso en religión.

Confesor de la reina
banderillero en Cádiz
tabernero en Dublín.

Billarista a tres bandas
insumiso en el cielo
dueño de un cabaret.

Arañazo en tu espalda
tenor en Rigoletto
pianista de un burdel.

Bongosero en la Habana
casanova en Venecia
anciano en Shangri La.

Polizón en tu cama
vocalista de orquesta
mejor tiempo en Le Mans

Cronista de sucesos
detective en apuros
conservado en alcóhol.

Violador en tus sueños
suicida en el viaducto
guapo en un culebrón.

Morfinómano en China
desertor en la guerra
boxeador en Detroit.

Cazador en la India
marinero en Marsella
fotógrafo en Play Boy.

Pero si me dan a elegir
entre todas las vidas, yo escojo
la del pirata cojo
con pata de palo
con parche en el ojo,
con cara de malo,
el viejo truhán, capitán
de un barco que tuviera
por bandera
un par de tibias y una calavera».

La del pirata cojo

Joaquín Sabina



Cortesía de José Navarro Escrich


Actual Plaza del Ayuntamiento

"Pirates d'hui". 1978

Artista: Vicente Luna Cerveró

http://www.fallas.com/



La del pirata cojo

Joaquín Sabina

viernes, 25 de noviembre de 2016

Y morirme contigo si te matas

«Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecinas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardín;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin ti.

No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas “volvamos a empezar”;
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.»

Contigo

Joaquín Sabina


Pareja valenciana

Todocolección

sábado, 29 de octubre de 2016

Con la frente marchita

«Sentados en corro merendábamos besos y porros
Y las horas pasaban deprisa entre el humo y la risa.
Te morías por volver con la frente marchita cantaba Gardel
Y entre citas de Borges, Evita bailaba con Freud.
Ya llovió desde aquel chaparrón hasta hoy.

Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte
Carricoches de miga de pan, soldaditos de lata.
Con agüita del mar andaluz quise yo enamorarte,
Pero tú no querías más amor que el del Río de la Plata.

Duró la tormenta hasta entrados los años ochenta.
Luego, el sol fue secando la ropa de la vieja Europa.
No hay nostalgia peor que añorar lo que nunca, jamás, sucedió.
Mándame una postal de San Telmo, adiós, ¡cuídate!-
Y sonó entre tú y yo el silbato del tren...

Iba cada domingo a tu puesto del rastro a comprarte
Monigotes de miga de pan, caballitos de lata
Con agüita del mar andaluz quise yo enamorarte,
Pero tú no querías otro amor que el del Río de la Plata.

Aquellas banderas de la patria de la primavera,
A decirme que existe el olvido, esta noche han venido.
Te sentaba tan bien, esa boina calada al estilo del Che.
Buenos Aires es como contabas, hoy fui a pasear,
Y al llegar a la Plaza de Mayo me dio por llorar
Y me puse a gritar: ¿dónde estás?

Y no volví más a tu puesto del rastro a comprarte
Corazones de miga de pan, sombreritos de lata.
Y ya nadie me escribe diciendo:
no consigo olvidarte, ojalá que estuvieras conmigo en el Río de la Plata.»

Con la frente marchita

Joaquín Sabina


Plaza del Arzobispado. Joaquín Collado