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miércoles, 15 de abril de 2026

Mientras me tomaba un batido de vainilla sentado en la terraza de Barrachina

«Hasta ese momento había guardado en secreto mi idea de ser escritor. El sentido del ridículo me impedía pasar por fatuo. Pero realmente esa aspiración no confesada era lo único que me sustentaba por dentro cuando ya mi fe en Dios se iba esfumando y había que ordenar el mundo bajo otra perspectiva. Me excitaba aquella historia. La llevaba conmigo a todas partes. Mientras me tomaba un batido de vainilla sentado en la terraza de Barrachina o recorría el mercado central contemplando el impudor de las hermosas verduleras parapetadas detrás del esplendor de las hortalizas en los mostradores recreaba el crimen como un acto más de la agricultura».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Terraza de Barrachina

Plaza del Caudillo, actual del Ayuntamiento

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lunes, 16 de marzo de 2026

Y contaban las mascletàs de sus años mozos y golfos, cuando no había cercas de acero y casi te podías meter dentro de la zona de fuegos

«La multitud que estaba en el lado derecho maldecía su suerte. El viento soplaba del norte. Eso significaba que les traería la humareda y la lluvia de papelitos y trocitos de plástico que el disparo de la mascletà provocaría. No obstante, los más entendidos —o sea, casi todos— decían que no hay mal que por bien no venga, pues el molesto aire que les impediría ver bien el fuego aéreo también les llevaría mejor el sonido. Los más mayores se quejaban de que, cada año, las vallas de seguridad se comían más terreno del público y contaban las mascletàs de sus años mozos y golfos, cuando no había cercas de acero y casi te podías meter dentro de la zona de fuegos. «Entonces sí que estaba bien, sí. Ahora, tan lejos, se pierde mucho». Entre los miles de espectadores siempre hay quien acude por primera vez, traído por un nativo que le explica que no se tape los oídos, porque es peor, y que deje la boca entreabierta para evitar que le revienten los tímpanos. La gente que hay alrededor mira al neófito con una mirada burlona, pero, sobre todo, de expectante malicia: no hay nada más divertido para un valenciano que contemplar el terror que se dibuja en la cara de los que jamás han estado en una mascletà de Fallas cuando la furia de la pólvora es desatada por los maestros del fuego. Que toque en suerte estar al lado de un espectador de oídos vírgenes en estas lides añade malévola diversión al espectáculo "que más nos gusta a los valencianos. A mí, los castillos, ni fu ni fa. Eso sí, las mascletàs me pierden"».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



"Mascletà" en la plaza de Caudillo. 1951

Foto López - Egea

viernes, 6 de marzo de 2026

Se levantan enormes ingenios de madera en forma de caballos, o de galeones, o del Mont Blanc suizo

«En la plaza mayor se levantan enormes ingenios de madera en forma de caballos, o de galeones, o del Mont Blanc suizo, o de los dirigentes nacionales, y cada palmo cuadrado de madera está cubierto de explosivos de muchos colores, mientras que cadenas de pequeños cohetes cuelgan como guirnaldas en todas direcciones. Quiero decir que esos ingenios de madera tienen a veces la altura de un edificio de tres pisos y están sólidamente construidos». 

Iberia

James A. Michener




Falla municipal. 1963
 
"Nou caball de Troia"
 
Ricardo Rubert Andrés
 
 https://www.fallas.com/

lunes, 8 de diciembre de 2025

En Balanzá la gente hablaba de la comilona

«En Balanzá la gente hablaba de la comilona. Se supo que ese día, después de unas maniobras que habían sido contempladas por Franco desde el Azor en aguas de la Malvarrosa, una falúa se había acercado a la playa de Las Arenas para recoger la paella de cuarenta raciones que el restaurante La Marcelina había guisado en honor del jefe del Estado y de la VI Flota. Con letras rojas hechas con pimiento morrón, sobre el arroz, el pollo, el conejo y las verduras la cocinera había escrito: ¡Viva Franco! ¡Vivan los americanos! ¡Arriba España! Rápidamente, a pleno sol, la falúa llevó ese enorme medallón de arroz hasta la línea de flotación del acorazado y desde allí fue izado a bordo con unas poleas de salvamento por dos cadetes. Era la primera vez que Franco se veía la cara con un almirante de la U. S. Navy después del pacto de las Bases. Puede decirse que el Tratado de Amistad Hispano-Norteamericana fue ratificado con una paella de La Marcelina frente a la Malvarrosa en el comedor de oficiales del acorazado Coral Sea».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Casa Balanzá

Archivos Estatales

jueves, 9 de octubre de 2025

Muy cerca del cine Suizo, en la plaza del Caudillo

«Muy cerca del cine Suizo, en la plaza del Caudillo, la pastelería Rívoli también exhibía la figura de Franco confeccionada a base de almendras garrapiñadas.

La Rosa de Jericó, en la calle de la Paz, había montado un motivo patriótico con un arreglo de trufas típicas de la casa y en Noel se podía ver un gran retrato del Vigía de Occidente que hacía sonreír el bigotito entre las columnas de Hércules en chocolate con un letrero de merengue que decía: Plus Ultra.

Pero ese día lo más dulce de Valencia era el sol de otoño».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Plaza del Caudillo. Años 30

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miércoles, 1 de octubre de 2025

Yo también pensaba en Marisa dentro del taxi de Agapito

«Yo la conocía por el sonido de sus sandalias en la acera, pero no la miraba hasta que había cruzado y entonces ella sabía que yo la estaba sorbiendo por la espalda mientras se alejaba hacia la fuente. Aquel mismo verano, pocos días antes de que Vicentico Bola me llevara a la ciudad a que me desvirgaran, yo estaba tocando al piano aquella melodía: siempre está en mi corazón el hechizo de tu amor, y por fin la niña se acercó hasta quedarse plantada junto al taburete de terciopelo, sentí su aliento en la nuca y sin decirme nada pasó una hoja de la partitura cuando le hice un gesto con la cabeza. Luego se alejó. Yo también pensaba en Marisa dentro del taxi de Agapito camino del matadero».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Antigua plaza del Caudillo. 1955

Foto Finezas

Subida por Pilar Martínez Olmos a VAHG

martes, 9 de septiembre de 2025

martes, 8 de abril de 2025

València resplendia entre els llums nocturns

«València resplendia entre els llums nocturns quan el comissari va entrar al Hollywood. A fora, un guardaespatlles es va quedar dins del cotxe —un Renault 12 amb els vidres blindats— i un altre vigilava fent voltes pel carrer o bé des de l’interior del bar del davant, a través de la finestra, sense perdre de vista la porta principal i el carrer lateral. Bernardo del Río mai no havia rebut amenaces de mort, però no calia ser un paranoic per saber que alguna gent li’n tenia, de ganes».

La mirada del tafur

Ferran Torrent



Plaza del Caudillo (actual del Ayuntamiento). 1966


miércoles, 19 de marzo de 2025

Tota València era una foguera alegre

«Absurdament el cel s'omplia de jardins.
Esclataven les altes carcasses de les falles.
Tota València era una foguera alegre:
ens donava la festa i la fàcil metàfora.

Jo cenyia la teua cintura en la penombra...

Músiques populars pujaven per les cuixes.
S'obrien damunt nostre els jardins instantanis
Recolzats en el ferro de la barana, veiem
la ciutat com un bosc. Vacil·laven els llums
dels castells en els teus ulls...

No cenyia la teua adorable cintura.

L'un al costat de l'altre, contemplàvem València.
Vaig sentir el teu braç que buscava el meu braç.
Fa deu anys, fa vint anys, fa trenta anys, jo no ho sé.

Era en una terrassa humil en els afores.
Tots els veïns pujaren i miraven València.
Els agradava molt la nit de Sant Josep».

La nit de sant Josep

Vicent Andrés Estellés



Falla Municipal

"Intentant posarla a plom". 1969

Hermanos Fontelles Alegre

jueves, 13 de marzo de 2025

Se encienden los explosivos y estallan las bellas guirnaldas de fuegos artificiales

«En fin, cuando toda la gente está congregada en torno a ellos y el viento sopla en la dirección requerida, estos mamuts de madera comienzan a arder, se encienden los explosivos y estallan las bellas guirnaldas de fuegos artificiales, dando la impresión de que la ciudad entera está ardiendo. Es realmente digno de ver, uno de los grandes espectáculos europeos».

Iberia

James A. Michener



Castillo de fuegos artificiales

Plaza del Caudillo (actual del Ayuntamiento)

Life

martes, 11 de marzo de 2025

Se levantan enormes ingenios de madera en forma de caballos, o de galeones, o del Mont Blanc suizo

«En la plaza mayor se levantan enormes ingenios de madera en forma de caballos, o de galeones, o del Mont Blanc suizo, o de los dirigentes nacionales, y cada palmo cuadrado de madera está cubierto de explosivos de muchos colores, mientras que cadenas de pequeños cohetes cuelgan como guirnaldas en todas direcciones. Quiero decir que esos ingenios de madera tienen a veces la altura de un edificio de tres pisos y están sólidamente construidos». 

Iberia

James A. Michener



Falla municipal. 1963
 
"Nou caball de Troia"
 
Ricardo Rubert Andrés
 
 https://www.fallas.com/

viernes, 7 de marzo de 2025

Y contaban las mascletàs de sus años mozos y golfos, cuando no había cercas de acero

«La multitud que estaba en el lado derecho maldecía su suerte. El viento soplaba del norte. Eso significaba que les traería la humareda y la lluvia de papelitos y trocitos de plástico que el disparo de la mascletà provocaría. No obstante, los más entendidos —o sea, casi todos— decían que no hay mal que por bien no venga, pues el molesto aire que les impediría ver bien el fuego aéreo también les llevaría mejor el sonido. Los más mayores se quejaban de que, cada año, las vallas de seguridad se comían más terreno del público y contaban las mascletàs de sus años mozos y golfos, cuando no había cercas de acero y casi te podías meter dentro de la zona de fuegos. «Entonces sí que estaba bien, sí. Ahora, tan lejos, se pierde mucho». Entre los miles de espectadores siempre hay quien acude por primera vez, traído por un nativo que le explica que no se tape los oídos, porque es peor, y que deje la boca entreabierta para evitar que le revienten los tímpanos. La gente que hay alrededor mira al neófito con una mirada burlona, pero, sobre todo, de expectante malicia: no hay nada más divertido para un valenciano que contemplar el terror que se dibuja en la cara de los que jamás han estado en una mascletà de Fallas cuando la furia de la pólvora es desatada por los maestros del fuego. Que toque en suerte estar al lado de un espectador de oídos vírgenes en estas lides añade malévola diversión al espectáculo "que más nos gusta a los valencianos. A mí, los castillos, ni fu ni fa. Eso sí, las mascletàs me pierden"».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Mascletà en la plaza del Caudillo (actual plaza de Ayuntamiento). 1951

López Egea

miércoles, 5 de marzo de 2025

La carcasa, al estallar en lo alto, se convirtió en un pañuelo blanco de humo

«El trueno rasgó el aire. El ronco estampido se interpretó en la plaza como la llamada a una oración que fue repetida, como un mantra, por miles de voces: "Es el primero", rezaban. La carcasa, al estallar en lo alto, se convirtió en un pañuelo blanco de humo aromático de pólvora; una nube pequeña que bailaba con la brisa bajo el azul limpio del último día de Fallas. La muchedumbre que se apretujaba en la plaza del Ayuntamiento y en las principales calles que en ella desembocan contemplaba las evoluciones de la mancha albina como si fueran augures de la antigua Roma interpretando el designio de los dioses en el vuelo de los pájaros».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Mascletà en la plaza del Caudillo (actual plaza del Ayuntamiento)

Todocolección

sábado, 18 de enero de 2025

No se sentaba en la cafetería de la plaza a tomar cafés

«Su madre no se sentaba en la cafetería de la plaza a tomar cafés con otras madres, sino que jugaba con Blanca o, si Blanca estaba jugando con otras niñas, se sentaba tranquilamente a un lado a fumar o a leer. A menudo, a hacer las dos cosas al mismo tiempo».

Fuego en la garganta

Beatriz Serrano



Terraza de Barrachina

La Valencia desaparecida

jueves, 20 de junio de 2024

En los pasacalles de las fiestas, la gente va con dulzainas y tabalets

«—¿Los de la capital? Pero si eres de Vallecas, cabrón. Oye, ¿esto qué es? —Me mostró una foto con la relación de objetos que llevaba encima el finado. Su dedo señalaba uno en concreto—. El tubito este.

El tubito este era un cilindro de madera fina, aplastado en uno de sus extremos y recubierto de hilo en el otro. Tardé en reconocer lo que era.

—Coño, es una caña de dulzaina.

—¿Y eso qué es?

—Es lo que hace sonar la dulzaina, es como una lengüeta, como un pito —gesticulaba, ante un Eugenio que me miraba como si no compartiéramos el mismo idioma.

—Recuérdame qué es una dulzaina. —Bajó la voz para que su ignorancia no fuese patrimonio de todos.

—Es como una especie de flauta, muy típica de aquí. En los pasacalles de las fiestas, la gente va con dulzainas y tabalets, que son como tambores.

—Algo muy folclórico, entiendo.

—Sí, así es».

Nadie corre más que el plomo

Ignacio Marín

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Plaza del Caudillo, actual del Ayuntamiento

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martes, 18 de junio de 2024

Era muy temprano y a esas horas las calles del centro estaban desiertas

«—Aquí jamás ha habido ningún problema por política. Lo habitual son peleas de turistas borrachos en verano, incluso algo de hachís. Vienen muchos jipis, ¿sabe? Pero tanto como un asesinato…

—Después de las Vascongadas pensabas que ibas a estar tranquilo volviendo a casa, ¿eh? —bromeó el teniente Medina, forzando una sonrisa. El sargento se limitó a levantar las cejas y apretar los labios.

—¿Algún testigo?

—Por ahora nada. Era muy temprano y a esas horas las calles del centro estaban desiertas».

Nadie corre más que el plomo

Ignacio Marín

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Plaza del Caudillo, actual del Ayuntamiento


lunes, 10 de junio de 2024

Y caminó las escasas dos manzanas que le separaban de la plaza del Ayuntamiento

«Porque Vicente Puig no supo que iba a morir cuando recibió el disparo que acabaría poco después con su vida. Más bien se sorprendió de ver ahí, en el portal de su casa, al que resultaría ser su asesino. Comenzó a esbozar una tímida sonrisa que atropelló el estruendo del arma detonada. Estupefacto, observó cómo brotaban de su camisa manchas rojas, mientras el homicida se escabullía por las calles empedradas del casco histórico. Movido por ignotos instintos, Vicente Puig se agarró el vientre y caminó las escasas dos manzanas que le separaban de la plaza del Ayuntamiento».

Nadie corre más que el plomo

Ignacio Marín

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Plaza del Caudillo, actual del Ayuntamiento

Levante EMV

sábado, 16 de marzo de 2024

A mí, los castillos, ni fu ni fa. Eso sí, las mascletàs me pierden

«La multitud que estaba en el lado derecho maldecía su suerte. El viento soplaba del norte. Eso significaba que les traería la humareda y la lluvia de papelitos y trocitos de plástico que el disparo de la mascletà provocaría. No obstante, los más entendidos —o sea, casi todos— decían que no hay mal que por bien no venga, pues el molesto aire que les impediría ver bien el fuego aéreo también les llevaría mejor el sonido. Los más mayores se quejaban de que, cada año, las vallas de seguridad se comían más terreno del público y contaban las mascletàs de sus años mozos y golfos, cuando no había cercas de acero y casi te podías meter dentro de la zona de fuegos. «Entonces sí que estaba bien, sí. Ahora, tan lejos, se pierde mucho». Entre los miles de espectadores siempre hay quien acude por primera vez, traído por un nativo que le explica que no se tape los oídos, porque es peor, y que deje la boca entreabierta para evitar que le revienten los tímpanos. La gente que hay alrededor mira al neófito con una mirada burlona, pero, sobre todo, de expectante malicia: no hay nada más divertido para un valenciano que contemplar el terror que se dibuja en la cara de los que jamás han estado en una mascletà de Fallas cuando la furia de la pólvora es desatada por los maestros del fuego. Que toque en suerte estar al lado de un espectador de oídos vírgenes en estas lides añade malévola diversión al espectáculo "que más nos gusta a los valencianos. A mí, los castillos, ni fu ni fa. Eso sí, las mascletàs me pierden"».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



"Mascletà" en la plaza de Caudillo. 1951

Foto López - Egea

lunes, 11 de diciembre de 2023

Aquella plaza en su casa seguía llamándose plaza Castelar, por mucho que Franco se empeñara en lo contrario

«Así que dije: «Qué bien huelen», refiriéndome a las violetas, que no me habían olido nada más que a Floid. Mi tío y su mujer ya habían estado peleándose, cuando ella dijo que había comprado las flores en la plaza del Caudillo, porque, según él, aquella plaza en su casa seguía llamándose plaza Castelar, por mucho que Franco se empeñara en lo contrario, y así se llamaría toda la vida mientras él tuviera autoridad dentro de su casa. Ella se puso de morros, y gimió: "No empecemos, tengamos la fiesta en paz". Bueno, pues mi tío, después de discutir con su mujer, se desprendió del ojal el imperdible con el ramito, y lo tendió, con un gesto como de cantante de ópera, y yo alargué la mano pensando que me lo daba a mí, pero él se echó a reír, y dijo: "Las flores son para tu madre, hombre"».

El año que nevó en Valencia

Rafael Chirbes



Mercado de flores


Plaza del Caudillo, actual plaza del Ayuntamiento

Todocolección

sábado, 9 de diciembre de 2023

Huelen de maravilla, ¿verdad? Las ha comprado en la plaza del Caudillo

«La tía Luisa, después de quitarse el chaquetón, se había quedado con una blusa muy suave, seguramente de seda, y que tenía estampadas unas rosas preciosas, porque se veían frescas, con los pétalos intactos, y, sin embargo, tenían ese color tostado que luego he visto que toman cuando se las seca para decoración. El tío Juan llevaba un traje oscuro, y chaleco y corbata, y, en la chaqueta del traje, alguien había prendido un ramito de violetas. «Ha dicho que las compraba para mí y se las ha puesto él», se le quejó la tía Luisa a mi madre; y también le dijo: "Huele, huelen de maravilla, ¿verdad? Las ha comprado en la plaza del Caudillo"».

El año que nevó en Valencia

Rafael Chirbes



Mercado de flores

Plaza del Caudillo, actual plaza del Ayuntamiento

Colección Salva Monmeneu