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miércoles, 18 de febrero de 2026

Estaba en la calle de Alboraya junto al campo de fútbol del Vallejo

«Entonces aún me debatía entre la fe en Dios y el placer que me exigían los sentidos. Tenía 17 años. La residencia de Pío XII estaba en la calle de Alboraya junto al campo de fútbol del Vallejo donde jugaba el equipo del Levante. Desde mi habitación se veía la portería norte y gran parte de la tribuna. Por las mañanas oía las voces del entrenador, el silbato de la gimnasia, los golpes secos de los futbolistas con la pelota. También había aprendido a calibrar el valor de las ovaciones del público durante los partidos: el error del árbitro, el balón que pasaba rozando el larguero, el fallo del defensa, la agresión de un contrario, la internada del delantero, cada jugada tenía un registro propio en las gradas que iba desde el aullido oscuro de la frustración al grito vengativo de la fiera, desde el rumor de la tormenta que se avecina a la explosión abierta del gol de la victoria. ¿Qué habrá pasado? Nada, eso ha sido un córner, pensaba yo sin levantar la vista del libro de texto cuando estudiaba los domingos por la tarde. ¿Y ahora? Eso es penalti, sin duda alguna. El director de la residencia, don Santiago Martínez, era un cura moreno que gustaba mucho a las mujeres».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Campo de Vallejo

Todocolección

viernes, 17 de octubre de 2025

Que radiaba un partido de copa entre el Atlético (sic) de Bilbao y el Valencia

«Con el corazón lleno de terror bajo el algarrobo centenario también había leído que la lujuria me acarrearía enfermedades terribles, la tuberculosis, la anemia perniciosa o la esquizofrenia hasta que finalmente mi médula espinal quedaría destrozada, y ese peligro aún hacía más excitante el deseo de la carne. Pero había un hecho misterioso que me tenía sumido en la culpa desde aquella tarde de domingo en que estaba cometiendo el pecado solitario en un derruido balneario y no muy lejos se oía la voz de un locutor que radiaba un partido de copa entre el Atlético (sic) de Bilbao y el Valencia».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



Retransmisión de la Cadena SER de un partido del Valencia en 1947

Subida por Gonzalo Giménez Meliá a VAHG

viernes, 27 de junio de 2025

Y, después de comer, se iban al fútbol

«Los domingos por la mañana traía churros y, al mediodía, yo les apartaba una patatita del cocido y se la tomaban como aperitivo, con el vino, ante la puerta trasera de la casa, donde en invierno daba el sol. Oían la radio y, después de comer, se iban al fútbol».

La buena letra

Rafael Chirbes



Campo de Algirós


sábado, 24 de junio de 2023

Que la llevas viendo en el club de tenis desde que le salieron los dientes

«—Emilio, no te imaginas la angustia y las noches en vela que he pasado antes de decidirme a dar este paso.

Una pausa. El ojo clínico del doctor Pérez-Horcher deduce que se trata de un aborto. Nada grave, lo de todos los días. Se da hasta en las esferas más elevadas del régimen.

—Sosiégate, Herminia. —El doctor le da un golpecito en la mano —. Me consta que eres mujer de firmes convicciones y que jamás harías nada a la ligera.

—Es que nuestro caso, el de Clarita, quiero decir, es especial porque mi niña, tú la conoces, que la llevas viendo en el club de tenis desde que le salieron los dientes. Clarita no es de esas promiscuas desvergonzadas que andan con unos y con otros y luego quieren sacudirse su responsabilidad de encima.

Clarita, maxifalda, melena rubia recogida en cola de caballo, pone cara de no haber roto un plato en su vida, se ruboriza ligeramente y no aparta la mirada de la alfombra persa de triple nudo.

—Esta niña es una inocentona, sin malicia ninguna —prosigue la madre—. Tú sabes que la hemos educado cristianamente, siempre con las monjas…, bueno, ¿qué te voy a decir?, si hizo la primera comunión con la tuya. Pues ya ves…

El doctor Pérez-Horcher dirige una mirada paternal a Clarita, que sigue obsesionada con la alfombra. «Tarde o temprano tenía que ocurrir», piensa el doctor. La ha visto desmelenarse en las fiestas del club. Hace tiempo que la catalogó como putón desorejado».

La década que nos dejó sin aliento

Juan Eslava Galán



Club de Tenis Valencia

Fondo Desfilis

Bivaldi

lunes, 17 de agosto de 2020

Resonaban estridentes los rebotes de la bola

«Se veía poco público en las gradas, pero ya habían comenzado los partidos con las apuestas consiguientes. 

Resonaban estridentes los rebotes de la bola y los gritos de los jugadores. De la pelota valenciana a Bruno le encantaba el hecho de que fuera, sobre todo, la modalidad carrer o calle, una pervivencia de la desaparecida pelota española del Siglo de Oro, vicio nacional según nuestros clásicos, que, en contra de lo que pensaba la mayor parte de la gente, se parecía mucho más al tenis que al frontón vasco».

La cruz de los ángeles

Antonio Lázaro



Trinquete Pelayo. Años 70

https://www.tripadvisor.com.tw/LocationPhotoDirectLink-g187529-d1057405-i162141872-Trinquet_de_Pelayo_Recinto_Deportivo-Valencia_Province_of_Valencia_Valen.htm

sábado, 15 de agosto de 2020

En el trinquete de la calle Pelayo

«Las tiendas abrían a las cinco y el Constellation de Bruno Dampierre marcaba las cuatro y veinte. Lo más sensato y agradable era acomodarse en el trinquete de la calle Pelayo, santuario del joc de pilota valenciano, y tomarse un café con leche condensada, el popular «café bombón».

Se veía poco público en las gradas, pero ya habían comenzado los partidos con las apuestas consiguientes. Resonaban estridentes los rebotes de la bola y los gritos de los jugadores. 

De la pelota valenciana a Bruno le encantaba el hecho de que fuera, sobre todo, la modalidad carrer o calle, una pervivencia de la desaparecida pelota española del Siglo de Oro, vicio nacional según nuestros clásicos, que, en contra de lo que pensaba la mayor parte de la gente, se parecía mucho más al tenis que al frontón vasco».

La cruz de los ángeles

Antonio Lázaro



Trinquete Pelayo. 1957

http://www.lasprovincias.es/

domingo, 8 de diciembre de 2019

Recordó lo de cinturón negro de kárate y logró dar con el gimnasio

«Finalmente el dueño de una pequeña tienda de comestibles anquilosada en el tiempo le proporcionó el soplo sobre el piso de Charli. De una patada derribó la puerta. Abrió cajones, revolvió la cama, destripó el único armario. Con un resultado desolador: ni fotos ni papeles personales, nada que le facilitase nombres, lugares donde empezar a buscar. Cero. Recordó lo de cinturón negro de kárate y logró dar con el gimnasio en el que había entrenado».

Sesenta kilos

Ramón Palomar


Diapositiva publicidad cine

Todocolección