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jueves, 22 de mayo de 2025

Aparecieron cadáveres en el manantial, en el huerto de naranjos

«Me eché a llorar. "Pero mujer, si no está", decía tu abuela, mientras se secaba las lágrimas. Una vecina se acercó a preguntarnos si nos habían matado a alguien de la familia y tu abuela le explicó que no. Pero yo seguía llorando.

Rumores de fusilamientos que sólo a veces se confirmaban, pero que siempre hacían daño. Aparecieron cadáveres en el manantial, en el huerto de naranjos que tenía una balsa en la que tú siempre querías bañarte cuando eras pequeño y donde una vez casi te ahogas; en la playa, en los arrozales. Aprendimos la suciedad del miedo».

La buena letra

Rafael Chirbes



Recolección de la naranja

Cortesía de José Navarro Escrich

viernes, 30 de octubre de 2020

Como Valencia o Barcelona, para recoger el cargamento de naranjas

«Pero dejamos Gibraltar a nuestra espalda, luego Mallorca, después Córcega, y finalmente descargamos nuestro carbón en la antigua Civitavecchia, el más lóbrego de todos los puertos italianos, donde Miguel Ángel había sido durante un tiempo arquitecto municipal con encargo de fortificar el puerto, y donde Henry Beyle había pasado tantos años de cónsul de Francia, publicando sus reflexiones bajo el seudónimo de «Stendhal». Él y Miguel Ángel me distrajeron durante algún tiempo, pero aunque con frecuencia, con permiso del capitán del barco, me iba de viaje por Italia, seguía recordando aquellos dos vislumbres de España y añoraba el día en que nuestro barco vacío zarparía hacia algún puerto importante, como Valencia o Barcelona, para recoger el cargamento de naranjas. Me imaginaba bajando a tierra para ver con mis propios ojos la grandeza que estaba seguro existía en esa tierra adusta. El capitán de mi barco no estaba seguro de a qué puerto iríamos, pero confiaba que la oficina de Glasgow se lo comunicaría cuando llegásemos a Mallorca».


Iberia

James A. Michener

 
 Puerto de Valencia. Carros que transportaban naranjas hasta el muelle donde se movían a las gabarras y a los vapores

Memoria gráfica de Valencia. Levante-EMV

Subida por Alberto Alos a VAHG

viernes, 8 de noviembre de 2019

A los periodistas les impresionó sobre todo el entorno, ese idílico campo de naranjas

«Al final imperó cierta cordura y abandonaron el fiambre en un campo de naranjos. El Nene lo roció con gasolina y le prendió un fuego purificador para borrar las presuntas huellas. Mientras los restos ardían canturreaba por lo bajini, hasta que Charli le sacó de su ensimismamiento llevándoselo de allí. 

El cuerpo sólo se consumió a medias. Pobre agricultor, el susto que se llevó al descubrir la barbacoa. La poli archivó el asunto, constatando hasta dónde alcanzaba la crueldad de unos narcos impíos que ya ni respetaban los restos de sus finados, y la noticia apenas mereció un breve de pocas líneas en las páginas de los periódicos locales. A los periodistas les impresionó sobre todo el entorno, ese idílico campo de naranjas utilizado de crematorio lumpen».

Sesenta kilos

Ramón Palomar



Idilio en el naranjal

Todocolección