corrent entre pomells de lliris blaus,
sorolla dolçament la mar veïna,
mouen els arbres ventijols suaus;
i si el fillet dormit a la mamella
mira l’esposa i calla, ou a lo lluny
llarga cançó de l’home, que la rella
enfonsa ab valent puny».
«—Para empezar, está muy bien no saber el año en que has nacido. Solo falta que te anunciara la cola de un cometa, como a Cristo. ¿De modo que naciste en el barrio de Sagunto? Cuántas veces he pasado por ahí camino de la huerta de Alboraya cuando estaba escribiendo La barraca».
Retrato de una mujer moderna
Manuel Vicent
«Los domingos, cuadrillas de aficionados de un extraño deporte "la caza de la rata de agua".
Recorrían los senderos y acequias con sus perritos ratoneros. El cazador llevaba sus utensilios de caza. Consistían en un saco de arpillera o de cáñamo, un "puñao" de paja de arroz y un soplillo de pleita de esparto. La caza consistía en buscar las madrigueras y soltar los perrillos, que con su fino olfato, señalaban quedándose quietos, mientras el cazador taponaba con paja las bocas de la madriguera, menos dos, la que señalaba el perro y el otro, que poniendo un poco de paja, se encendía dándole aire con el soplillo, y el humo obligaba a salir al roedor.
Obligadas las ratas a salir de su escondrijo, los perros con una rapidez sorprendente, daban buena cuenta de ellas pillándolas por el pescuezo en un movimiento de vaivén. El cazador guardaba las piezas en el saco, y seguía buscando para asegurar una buena cantidad para conseguir trofeo en la "peña", después las cocinaban y en "samfaina" lo celebraban con una cena. Puede que algunas personas no me crean, pero yo personalmente la he comido en paella».
Vivencias de juventud
Francisco Marcos Hernández