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domingo, 2 de noviembre de 2025

El niño sin ropa mece un balandro

«El niño sin ropa
mece un balandro
que su padre pescador
le ha tallado
en las noches desnudas
con las manos huesudas
y su sempiterno silencio.

Nacido junto al mar,
al crecer emigró
a una ciudad
alejada de la playa
donde alimentaba
cenas frías en veranos calurosos
con el recuerdo
de los juegos de la infancia.

Una mañana de junio
regresó al mar
para el funeral
del padre pescador.

En la cabaña del pobre hombre
-los pescadores no son nunca ricos hacendados-
descubrió
entre los aparejos y redes de pesca
el balandro intacto,
sin polvo y con olor de pintura fresca.

Estuvo toda la mañana
en la playa
con el traje de luto empapado
llorando
por él y por su padre,
hasta que la voz enérgica de la hermana mayor
reclamó su presencia
para no sé que papeles de la herencia.

Ella se lo quedó todo menos el balandro».

Golondrinas suicidas

Javier Solé



El balandrito. Playa del Cabañal. 1909

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 100 x 110

Museo Sorolla

viernes, 31 de octubre de 2025

A lo sonoro llega la muerte como un zapato sin pie

«Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante».

Sólo la muerte

Pablo Neruda



Entierro camino del Cementerio del Cabañal

Calle Doctor Lluch - Travesía Pescadores

Robert Frank. 1952

viernes, 1 de noviembre de 2024

Por eso me sobrecoge el entierro

«¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra!.

Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.

Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?.

Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.

Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte?.

¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?.

Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente.

Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir».

Qué costumbre tan salvaje

Jaime Sabines



Entierro camino del Cementerio del Cabañal

Calle Doctor Lluch - Travesía Pescadores

Robert Frank. 1952

miércoles, 30 de octubre de 2024

Con el traje de luto empapado llorando

«El niño sin ropa
mece un balandro
que su padre pescador
le ha tallado
en las noches desnudas
con las manos huesudas
y su sempiterno silencio.

Nacido junto al mar,
al crecer emigró
a una ciudad
alejada de la playa
donde alimentaba
cenas frías en veranos calurosos
con el recuerdo
de los juegos de la infancia.

Una mañana de junio
regresó al mar
para el funeral
del padre pescador.

En la cabaña del pobre hombre
-los pescadores no son nunca ricos hacendados-
descubrió
entre los aparejos y redes de pesca
el balandro intacto,
sin polvo y con olor de pintura fresca.

Estuvo toda la mañana
en la playa
con el traje de luto empapado
llorando
por él y por su padre,
hasta que la voz enérgica de la hermana mayor
reclamó su presencia
para no sé que papeles de la herencia.

Ella se lo quedó todo menos el balandro».

Golondrinas suicidas

Javier Solé



El balandrito. Playa del Cabañal. 1909

Joaquín Sorolla y Bastida

Óleo. 100 x 110

Museo Sorolla

miércoles, 1 de noviembre de 2023

Yo veo, solo, a veces, ataúdes a vela zarpar con difuntos pálidos

«Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante».

Sólo la muerte

Pablo Neruda



Entierro camino del Cementerio del Cabañal

Calle Doctor Lluch - Travesía Pescadores

Robert Frank. 1952

lunes, 30 de octubre de 2023

Pague usted una módica peseta mensual y despreocúpese del entierro y la sepultura. El Ocaso lo hace por usted

«Hace un año que se suprimieron las cartillas de racionamiento y acabó el estraperlo (mercado negro), con el consiguiente perjuicio para el comercio, especialmente para Teófilo, que todavía tenía que pagar cinco plazos de su tienda. Para mantener el nivel de ingresos tuvo que pluriemplearse, como hace mucha gente cuando el sueldo no les da para vivir. Teófilo es, además de industrial, agente local de seguros de la compañía El Ocaso. «Pague usted una módica peseta mensual y despreocúpese del entierro y la sepultura. El Ocaso lo hace por usted». Mucha gente humilde de los pueblos no tiene para comer, pero jamás se retrasa en las cuotas de El Ocaso, o «los muertos» como vulgarmente se conoce, especialmente por la gente mayor, que ya le ve las orejas al lobo».

De la alpargata al Seiscientos

Juan Eslava Galán




Todocolección

lunes, 31 de octubre de 2022

Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido

«Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante».


Sólo la muerte

Pablo Neruda



Cementerio General de Valencia. Finales del XIX

Antoni Esplugas i Puig

https://arxiusenlinia.cultura.gencat.cat/

jueves, 30 de junio de 2022

Pero jamás se retrasa en las cuotas de El Ocaso, o «los muertos»

«Hace un año que se suprimieron las cartillas de racionamiento y acabó el estraperlo (mercado negro), con el consiguiente perjuicio para el comercio, especialmente para Teófilo, que todavía tenía que pagar cinco plazos de su tienda. Para mantener el nivel de ingresos tuvo que pluriemplearse, como hace mucha gente cuando el sueldo no les da para vivir. Teófilo es, además de industrial, agente local de seguros de la compañía El Ocaso. «Pague usted una módica peseta mensual y despreocúpese del entierro y la sepultura. El Ocaso lo hace por usted». Mucha gente humilde de los pueblos no tiene para comer, pero jamás se retrasa en las cuotas de El Ocaso, o «los muertos» como vulgarmente se conoce, especialmente por la gente mayor, que ya le ve las orejas al lobo».

De la alpargata al Seiscientos

Juan Eslava Galán



El Ocaso

Todocolección

domingo, 31 de octubre de 2021

Yo veo, solo, a veces, ataúdes a vela zarpar con difuntos pálidos

«Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante».

Sólo la muerte

Pablo Neruda



Entierro camino del Cementerio del Cabañal

Calle Doctor Lluch - Travesía Pescadores

Robert Frank. 1952

Subida por Juan David Forner a VAHG

viernes, 1 de noviembre de 2019

Hay cementerios solos, tumbas llenas de huesos sin sonido

«Hay cementerios solos,
tumbas llenas de huesos sin sonido,
el corazón pasando un túnel
oscuro, oscuro, oscuro,
como un naufragio hacia adentro nos morimos,
como ahogarnos en el corazón,
como irnos cayendo desde la piel del alma.

Hay cadáveres,
hay pies de pegajosa losa fría,
hay la muerte en los huesos,
como un sonido puro,
como un ladrido de perro,
saliendo de ciertas campanas, de ciertas tumbas,
creciendo en la humedad como el llanto o la lluvia.

Yo veo, solo, a veces,
ataúdes a vela
zarpar con difuntos pálidos, con mujeres de trenzas muertas,
con panaderos blancos como ángeles,
con niñas pensativas casadas con notarios,
ataúdes subiendo el río vertical de los muertos,
el río morado,
hacia arriba, con las velas hinchadas por el sonido de la muerte,
hinchadas por el sonido silencioso de la muerte.

A lo sonoro llega la muerte
como un zapato sin pie, como un traje sin hombre,
llega a golpear con un anillo sin piedra y sin dedo,
llega a gritar sin boca, sin lengua, sin garganta.
Sin embargo sus pasos suenan
y su vestido suena, callado como un árbol.

Yo no sé, yo conozco poco, yo apenas veo,
pero creo que su canto tiene color de violetas húmedas,
de violetas acostumbradas a la tierra,
porque la cara de la muerte es verde,
y la mirada de la muerte es verde,
con la aguda humedad de una hoja de violeta
y su grave color de invierno exasperado.

Pero la muerte va también por el mundo vestida de escoba,
lame el suelo buscando difuntos;
la muerte está en la escoba,
en la lengua de la muerte buscando muertos,
es la aguja de la muerte buscando hilo.

La muerte está en los catres:
en los colchones lentos, en las frazadas negras
vive tendida, y de repente sopla:
sopla un sonido oscuro que hincha sábanas,
y hay camas navegando a un puerto
en donde está esperando, vestida de almirante».

Sólo la muerte

Pablo Neruda


Procesión de la Virgen de Campanar por el cementerio de Campanar. 1965

Todocolección

jueves, 1 de noviembre de 2018

Con el traje de luto empapado

«El niño sin ropa
mece un balandro
que su padre pescador
le ha tallado
en las noches desnudas
con las manos huesudas
y su sempiterno silencio.

Nacido junto al mar,
al crecer emigró
a una ciudad
alejada de la playa
donde alimentaba
cenas frías en veranos calurosos
con el recuerdo
de los juegos de la infancia.

Una mañana de junio
regresó al mar
para el funeral
del padre pescador.

En la cabaña del pobre hombre
-los pescadores no son nunca ricos hacendados-
descubrió
entre los aparejos y redes de pesca
el balandro intacto,
sin polvo y con olor de pintura fresca.

Estuvo toda la mañana
en la playa
con el traje de luto empapado
llorando
por él y por su padre,
hasta que la voz enérgica de la hermana mayor
reclamó su presencia
para no sé que papeles de la herencia.

Ella se lo quedó todo menos el balandro».

Golondrinas suicidas

Javier Solé


El balandrito. Playa del Cabañal. 1909

Joaquín Sorolla

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Con el traje de luto empapado

«El niño sin ropa
mece un balandro
que su padre pescador
le ha tallado
en las noches desnudas
con las manos huesudas
y su sempiterno silencio.

Nacido junto al mar,
al crecer emigró
a una ciudad
alejada de la playa
donde alimentaba
cenas frías en veranos calurosos
con el recuerdo
de los juegos de la infancia.

Una mañana de junio
regresó al mar
para el funeral
del padre pescador.

En la cabaña del pobre hombre
-los pescadores no son nunca ricos hacendados-
descubrió
entre los aparejos y redes de pesca
el balandro intacto,
sin polvo y con olor de pintura fresca.

Estuvo toda la mañana
en la playa
con el traje de luto empapado
llorando
por él y por su padre,
hasta que la voz enérgica de la hermana mayor
reclamó su presencia
para no sé que papeles de la herencia.

Ella se lo quedó todo menos el balandro».

Golondrinas suicidas

Javier Solé



El balandrito. Playa del Cabañal. 1909

Joaquín Sorolla

martes, 31 de octubre de 2017

Tengo en casa y a su disposición un fantasma pequeño

«Sociedad de Amigos y Protectores
de Espectros, Fantasmas y Trasgos.
Muy señores suyos:
Tengo el disgusto de comunicarles
que tengo en casa y a su disposición
un fantasma pequeño
de unos dos muertos de edad,
que habla polaco
y dice ser el espíritu del Gengis Kan.
Viste sábana blanca de pesca
con matrícula de Uranio
y lleva un siete en el dobladillo
que me da miedo zurcírselo
porque no se está quieto.
Aparece al atardecer,
o de mañana si el día está nublado
y por las noches cabalga por mis hombros
o se mete en mi cabeza a machacar nueces.
Con mi perro se lleva a matar
y a mí me está destrozando los nervios.
Dice que no se va porque no le da la gana.
Todos los días hace que se me vaya la leche,
me esconde el cepillo, la paz y las tijeras;
si alguna vez tengo la suerte de conciliar el sueño,
ulula desgañitándose por el desván.
Ruego a ustedes manden lo que tengan que mandar,
se lleven de mi honesto pisito
a dicho ente,
antes de que le coja cariño».

Sociedad de Amigos y Protectores

Gloria Fuertes


Todocolección