mece un balandro
que su padre pescador
le ha tallado
en las noches desnudas
con las manos huesudas
y su sempiterno silencio.
«¡Qué costumbre tan salvaje esta de enterrar a los muertos!, ¡de matarlos, de aniquilarlos, de borrarlos de la tierra!.
Es tratarlos alevosamente, es negarles la posibilidad de revivir.
Yo siempre estoy esperando a que los muertos se levanten, que rompan el ataúd y digan alegremente: ¿por qué lloras?.
Por eso me sobrecoge el entierro. Aseguran las tapas de la caja, la introducen, le ponen lajas encima, y luego tierra, tras, tras, tras, paletada tras paletada, terrones, polvo, piedras, apisonando, amacizando, ahí te quedas, de aquí ya no sales.
Me dan risa, luego, las coronas, las flores, el llanto, los besos derramados. Es una burla: ¿para qué lo enterraron?, ¿por qué no lo dejaron fuera hasta secarse, hasta que nos hablaran sus huesos de su muerte?.
¿O por qué no quemarlo, o darlo a los animales, o tirarlo a un río?.
Habría que tener una casa de reposo para los muertos, ventilada, limpia, con música y con agua corriente.
Lo menos dos o tres, cada día, se levantarían a vivir».
Qué costumbre tan salvaje
Jaime Sabines
«Hace un año que se suprimieron las cartillas de racionamiento y acabó el estraperlo (mercado negro), con el consiguiente perjuicio para el comercio, especialmente para Teófilo, que todavía tenía que pagar cinco plazos de su tienda. Para mantener el nivel de ingresos tuvo que pluriemplearse, como hace mucha gente cuando el sueldo no les da para vivir. Teófilo es, además de industrial, agente local de seguros de la compañía El Ocaso. «Pague usted una módica peseta mensual y despreocúpese del entierro y la sepultura. El Ocaso lo hace por usted». Mucha gente humilde de los pueblos no tiene para comer, pero jamás se retrasa en las cuotas de El Ocaso, o «los muertos» como vulgarmente se conoce, especialmente por la gente mayor, que ya le ve las orejas al lobo».
De la alpargata al Seiscientos
Juan Eslava Galán
«Hace un año que se suprimieron las cartillas de racionamiento y acabó el estraperlo (mercado negro), con el consiguiente perjuicio para el comercio, especialmente para Teófilo, que todavía tenía que pagar cinco plazos de su tienda. Para mantener el nivel de ingresos tuvo que pluriemplearse, como hace mucha gente cuando el sueldo no les da para vivir. Teófilo es, además de industrial, agente local de seguros de la compañía El Ocaso. «Pague usted una módica peseta mensual y despreocúpese del entierro y la sepultura. El Ocaso lo hace por usted». Mucha gente humilde de los pueblos no tiene para comer, pero jamás se retrasa en las cuotas de El Ocaso, o «los muertos» como vulgarmente se conoce, especialmente por la gente mayor, que ya le ve las orejas al lobo».
De la alpargata al Seiscientos
Juan Eslava Galán