refresca, en las milpas el maíz ya se
ofrece a la boca. Y los vecinos del pueblo
de Santiago Sacatepéquez, artistas de
las cometas, dan los toques finales a sus
obras.
Son todas diferentes, nacidas de muchas
manos, las cometas más grandes y más bellas
del mundo.
Cuando amanece el Día de los Muertos,
estos inmensos pájaros de plumas de papel
se echan a volar y ondulan en el cielo,
hasta que rompen las cuerdas que los
atan y se pierden allá arriba.
Aquí abajo, al pie de cada tumba, la gente
cuenta a sus muertos los chismes y las
novedades del pueblo. Los muertos no
contestan. Ellos están gozando esa fiesta
de colores que ocurre allá donde las cometas
tienen la suerte de ser viento».
Volantines
Eduardo Galeano


