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domingo, 5 de abril de 2026

Hay dos cosas que son incontrolables en un Domingo de Resurrección en El Cabañal

«Hay dos cosas que son incontrolables en un Domingo de Resurrección en El Cabañal. La primera es el sol. No recuerda ni un solo día así en el que el tiempo no fuera espléndido, casi desvergonzado. La otra es la música. En los Poblados Marítimos de Valencia, las procesiones de la jornada de Pascua se hacen a ritmo de pasodobles. La luz y las melodías festivas entran en tromba por las ventanas. Pese a la frenética actividad que las hermandades, cofradías y bandas de música despliegan por las calles, él experimenta los dulces efectos de una mañana perezosa».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Domingo de Resurrección

Calle de La Barraca

Semana Santa Marinera

Levante EMV

viernes, 3 de abril de 2026

Por eso, cada mañana de Viernes Santo, el Cristo del Salvador es traído hasta aquí

«No hay que fiarse nunca del agua salada. Ahora está mansa, radiante en su vestido azul de primavera, pero hace siglos que los habitantes de los Poblados Marítimos perdieron la cuenta de las vidas que se ha tragado. Por eso, cada mañana de Viernes Santo, el Cristo del Salvador es traído hasta aquí a hombros de la gente de la red. De la poca que queda».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Cristo del Salvador

Levante EMV

lunes, 16 de marzo de 2026

Y contaban las mascletàs de sus años mozos y golfos, cuando no había cercas de acero y casi te podías meter dentro de la zona de fuegos

«La multitud que estaba en el lado derecho maldecía su suerte. El viento soplaba del norte. Eso significaba que les traería la humareda y la lluvia de papelitos y trocitos de plástico que el disparo de la mascletà provocaría. No obstante, los más entendidos —o sea, casi todos— decían que no hay mal que por bien no venga, pues el molesto aire que les impediría ver bien el fuego aéreo también les llevaría mejor el sonido. Los más mayores se quejaban de que, cada año, las vallas de seguridad se comían más terreno del público y contaban las mascletàs de sus años mozos y golfos, cuando no había cercas de acero y casi te podías meter dentro de la zona de fuegos. «Entonces sí que estaba bien, sí. Ahora, tan lejos, se pierde mucho». Entre los miles de espectadores siempre hay quien acude por primera vez, traído por un nativo que le explica que no se tape los oídos, porque es peor, y que deje la boca entreabierta para evitar que le revienten los tímpanos. La gente que hay alrededor mira al neófito con una mirada burlona, pero, sobre todo, de expectante malicia: no hay nada más divertido para un valenciano que contemplar el terror que se dibuja en la cara de los que jamás han estado en una mascletà de Fallas cuando la furia de la pólvora es desatada por los maestros del fuego. Que toque en suerte estar al lado de un espectador de oídos vírgenes en estas lides añade malévola diversión al espectáculo "que más nos gusta a los valencianos. A mí, los castillos, ni fu ni fa. Eso sí, las mascletàs me pierden"».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



"Mascletà" en la plaza de Caudillo. 1951

Foto López - Egea

domingo, 20 de abril de 2025

En los Poblados Marítimos de Valencia, las procesiones de la jornada de Pascua se hacen a ritmo de pasodobles

«Hay dos cosas que son incontrolables en un Domingo de Resurrección en El Cabañal. La primera es el sol. No recuerda ni un solo día así en el que el tiempo no fuera espléndido, casi desvergonzado. La otra es la música. En los Poblados Marítimos de Valencia, las procesiones de la jornada de Pascua se hacen a ritmo de pasodobles. La luz y las melodías festivas entran en tromba por las ventanas. Pese a la frenética actividad que las hermandades, cofradías y bandas de música despliegan por las calles, él experimenta los dulces efectos de una mañana perezosa».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Procesión del Domingo de Resurrección

Levante EMV

viernes, 18 de abril de 2025

Por eso, cada mañana de Viernes Santo, el Cristo del Salvador es traído hasta aquí a hombros de la gente de la red

«Por la pasarela de madera, roída por el salitre, avanza el portador, que ya acusa el peso de la cruz después de casi dos horas de llevarlo a cuestas. El Cristo del Salvador, patrón de los pescadores del Cabañal, es metido en la playa como cada mañana de Viernes Santo para bendecir con su presencia el homenaje de la corona de laurel a los que desaparecieron mar adentro.

No hay que fiarse nunca del agua salada. Ahora está mansa, radiante en su vestido azul de primavera, pero hace siglos que los habitantes de los Poblados Marítimos perdieron la cuenta de las vidas que se ha tragado. Por eso, cada mañana de Viernes Santo, el Cristo del Salvador es traído hasta aquí a hombros de la gente de la red. De la poca que queda».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Cristo del Salvador

Viernes Santo

Subida por MJose Alonso a Setmana Santa Marinera: imatges en blanc i negre


miércoles, 16 de abril de 2025

Fuera llueve sobre el Cabañal

«Mira por la ventana de su estudio. Fuera llueve sobre el Cabañal. Le encanta la lluvia tranquila —siempre escasa en la ciudad donde vive, más proclive a aterradoras gotas frías de otoño, escandalosos aguaceros de primavera y espectaculares tormentas de verano que desbordan ríos y barrancos—, porque piensa que si llueve cuando debe hacerlo, el mundo se mantiene en orden. No obstante, espera que el pronóstico del tiempo tenga razón y la inestabilidad termine a lo largo de la tarde».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Semana Santa Marinera. Años 20

Corporación de Granaderos de ?

Valencia en blanco y negro Tivoli

Cortesía de José Navarro Escrich

viernes, 7 de marzo de 2025

Y contaban las mascletàs de sus años mozos y golfos, cuando no había cercas de acero

«La multitud que estaba en el lado derecho maldecía su suerte. El viento soplaba del norte. Eso significaba que les traería la humareda y la lluvia de papelitos y trocitos de plástico que el disparo de la mascletà provocaría. No obstante, los más entendidos —o sea, casi todos— decían que no hay mal que por bien no venga, pues el molesto aire que les impediría ver bien el fuego aéreo también les llevaría mejor el sonido. Los más mayores se quejaban de que, cada año, las vallas de seguridad se comían más terreno del público y contaban las mascletàs de sus años mozos y golfos, cuando no había cercas de acero y casi te podías meter dentro de la zona de fuegos. «Entonces sí que estaba bien, sí. Ahora, tan lejos, se pierde mucho». Entre los miles de espectadores siempre hay quien acude por primera vez, traído por un nativo que le explica que no se tape los oídos, porque es peor, y que deje la boca entreabierta para evitar que le revienten los tímpanos. La gente que hay alrededor mira al neófito con una mirada burlona, pero, sobre todo, de expectante malicia: no hay nada más divertido para un valenciano que contemplar el terror que se dibuja en la cara de los que jamás han estado en una mascletà de Fallas cuando la furia de la pólvora es desatada por los maestros del fuego. Que toque en suerte estar al lado de un espectador de oídos vírgenes en estas lides añade malévola diversión al espectáculo "que más nos gusta a los valencianos. A mí, los castillos, ni fu ni fa. Eso sí, las mascletàs me pierden"».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Mascletà en la plaza del Caudillo (actual plaza de Ayuntamiento). 1951

López Egea

miércoles, 5 de marzo de 2025

La carcasa, al estallar en lo alto, se convirtió en un pañuelo blanco de humo

«El trueno rasgó el aire. El ronco estampido se interpretó en la plaza como la llamada a una oración que fue repetida, como un mantra, por miles de voces: "Es el primero", rezaban. La carcasa, al estallar en lo alto, se convirtió en un pañuelo blanco de humo aromático de pólvora; una nube pequeña que bailaba con la brisa bajo el azul limpio del último día de Fallas. La muchedumbre que se apretujaba en la plaza del Ayuntamiento y en las principales calles que en ella desembocan contemplaba las evoluciones de la mancha albina como si fueran augures de la antigua Roma interpretando el designio de los dioses en el vuelo de los pájaros».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Mascletà en la plaza del Caudillo (actual plaza del Ayuntamiento)

Todocolección

sábado, 30 de marzo de 2024

En un Domingo de Resurrección en El Cabañal

«Hay dos cosas que son incontrolables en un Domingo de Resurrección en El Cabañal. La primera es el sol. No recuerda ni un solo día así en el que el tiempo no fuera espléndido, casi desvergonzado. La otra es la música. En los Poblados Marítimos de Valencia, las procesiones de la jornada de Pascua se hacen a ritmo de pasodobles. La luz y las melodías festivas entran en tromba por las ventanas. Pese a la frenética actividad que las hermandades, cofradías y bandas de música despliegan por las calles, él experimenta los dulces efectos de una mañana perezosa».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Procesión del Domingo de Resurrección

Calle Escalante

Christina Mauri Ballester

http://www.skyscrapercity.com/showthread.php?t=1694463&page=133

sábado, 16 de marzo de 2024

A mí, los castillos, ni fu ni fa. Eso sí, las mascletàs me pierden

«La multitud que estaba en el lado derecho maldecía su suerte. El viento soplaba del norte. Eso significaba que les traería la humareda y la lluvia de papelitos y trocitos de plástico que el disparo de la mascletà provocaría. No obstante, los más entendidos —o sea, casi todos— decían que no hay mal que por bien no venga, pues el molesto aire que les impediría ver bien el fuego aéreo también les llevaría mejor el sonido. Los más mayores se quejaban de que, cada año, las vallas de seguridad se comían más terreno del público y contaban las mascletàs de sus años mozos y golfos, cuando no había cercas de acero y casi te podías meter dentro de la zona de fuegos. «Entonces sí que estaba bien, sí. Ahora, tan lejos, se pierde mucho». Entre los miles de espectadores siempre hay quien acude por primera vez, traído por un nativo que le explica que no se tape los oídos, porque es peor, y que deje la boca entreabierta para evitar que le revienten los tímpanos. La gente que hay alrededor mira al neófito con una mirada burlona, pero, sobre todo, de expectante malicia: no hay nada más divertido para un valenciano que contemplar el terror que se dibuja en la cara de los que jamás han estado en una mascletà de Fallas cuando la furia de la pólvora es desatada por los maestros del fuego. Que toque en suerte estar al lado de un espectador de oídos vírgenes en estas lides añade malévola diversión al espectáculo "que más nos gusta a los valencianos. A mí, los castillos, ni fu ni fa. Eso sí, las mascletàs me pierden"».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



"Mascletà" en la plaza de Caudillo. 1951

Foto López - Egea

sábado, 14 de octubre de 2023

Se la llevó el agua durante la riada del 57, creo

«A tres o cuatro metros sobre el cauce, a la izquierda, se veían los restos de muros de viviendas y, más allá, ruinas de arcos y columnas. 

—¿Y aquello, sargento? —le preguntó al suboficial al mando del puesto mientras señalaba los esqueletos de ladrillos y mortero. 

—La presa vieja, mi brigada —contestó el agente—. Se la llevó el agua durante la riada del 57, creo.

Eso es lo que queda. En verano, los críos vienen aquí a lanzarse al agua desde ahí arriba y, de milagro, nunca ha pasado nada».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Riada de octubre de 1957

Calles Alta y Baja desde la plaça de sant Jaume

Todocolección


domingo, 9 de abril de 2023

Hay dos cosas que son incontrolables en un Domingo de Resurrección en El Cabañal

«Hay dos cosas que son incontrolables en un Domingo de Resurrección en El Cabañal. La primera es el sol. No recuerda ni un solo día así en el que el tiempo no fuera espléndido, casi desvergonzado. La otra es la música. En los Poblados Marítimos de Valencia, las procesiones de la jornada de Pascua se hacen a ritmo de pasodobles. La luz y las melodías festivas entran en tromba por las ventanas. Pese a la frenética actividad que las hermandades, cofradías y bandas de música despliegan por las calles, él experimenta los dulces efectos de una mañana perezosa».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Domingo de Resurrección

Plaza de los Ángeles

Subida por MJose Alonso a Setmana Santa Marinera: imatges en blanc i negre

viernes, 7 de abril de 2023

Cada mañana de Viernes Santo, el Cristo del Salvador es traído hasta aquí

«No hay que fiarse nunca del agua salada. Ahora está mansa, radiante en su vestido azul de primavera, pero hace siglos que los habitantes de los Poblados Marítimos perdieron la cuenta de las vidas que se ha tragado. Por eso, cada mañana de Viernes Santo, el Cristo del Salvador es traído hasta aquí a hombros de la gente de la red. De la poca que queda».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



El Cristo del Salvador

Semana Santa Marinera

http://eoselblog.blogspot.com/

martes, 14 de marzo de 2023

La muchedumbre que se apretujaba en la plaza del Ayuntamiento

«El trueno rasgó el aire. El ronco estampido se interpretó en la plaza como la llamada a una oración que fue repetida, como un mantra, por miles de voces: «Es el primero», rezaban. La carcasa, al estallar en lo alto, se convirtió en un pañuelo blanco de humo aromático de pólvora; una nube pequeña que bailaba con la brisa bajo el azul limpio del último día de Fallas. La muchedumbre que se apretujaba en la plaza del Ayuntamiento y en las principales calles que en ella desembocan contemplaba las evoluciones de la mancha albina como si fueran augures de la antigua Roma interpretando el designio de los dioses en el vuelo de los pájaros».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Plaza del Caudillo

?

domingo, 12 de marzo de 2023

A mí, los castillos, ni fu ni fa. Eso sí, las mascletàs me pierden

«La multitud que estaba en el lado derecho maldecía su suerte. El viento soplaba del norte. Eso significaba que les traería la humareda y la lluvia de papelitos y trocitos de plástico que el disparo de la mascletà provocaría. No obstante, los más entendidos —o sea, casi todos— decían que no hay mal que por bien no venga, pues el molesto aire que les impediría ver bien el fuego aéreo también les llevaría mejor el sonido. Los más mayores se quejaban de que, cada año, las vallas de seguridad se comían más terreno del público y contaban las mascletàs de sus años mozos y golfos, cuando no había cercas de acero y casi te podías meter dentro de la zona de fuegos. «Entonces sí que estaba bien, sí. Ahora, tan lejos, se pierde mucho». Entre los miles de espectadores siempre hay quien acude por primera vez, traído por un nativo que le explica que no se tape los oídos, porque es peor, y que deje la boca entreabierta para evitar que le revienten los tímpanos. La gente que hay alrededor mira al neófito con una mirada burlona, pero, sobre todo, de expectante malicia: no hay nada más divertido para un valenciano que contemplar el terror que se dibuja en la cara de los que jamás han estado en una mascletà de Fallas cuando la furia de la pólvora es desatada por los maestros del fuego. Que toque en suerte estar al lado de un espectador de oídos vírgenes en estas lides añade malévola diversión al espectáculo "que más nos gusta a los valencianos. A mí, los castillos, ni fu ni fa. Eso sí, las mascletàs me pierden"».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



"Mascletà" en la plaza de Caudillo. 1951

Foto López - Egea

viernes, 15 de abril de 2022

Por eso, cada mañana de Viernes Santo, el Cristo del Salvador es traído hasta aquí

«No hay que fiarse nunca del agua salada. Ahora está mansa, radiante en su vestido azul de primavera, pero hace siglos que los habitantes de los Poblados Marítimos perdieron la cuenta de las vidas que se ha tragado. Por eso, cada mañana de Viernes Santo, el Cristo del Salvador es traído hasta aquí a hombros de la gente de la red. De la poca que queda».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



El Cristo del Salvador 

martes, 8 de marzo de 2022

El ronco estampido se interpretó en la plaza como la llamada a una oración

«El trueno rasgó el aire. El ronco estampido se interpretó en la plaza como la llamada a una oración que fue repetida, como un mantra, por miles de voces: «Es el primero», rezaban. La carcasa, al estallar en lo alto, se convirtió en un pañuelo blanco de humo aromático de pólvora; una nube pequeña que bailaba con la brisa bajo el azul limpio del último día de Fallas. La muchedumbre que se apretujaba en la plaza del Ayuntamiento y en las principales calles que en ella desembocan contemplaba las evoluciones de la mancha albina como si fueran augures de la antigua Roma interpretando el designio de los dioses en el vuelo de los pájaros».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Mascletà en la actual Plaza del Ayuntamiento

Cortesía de José Navarro Escrich

domingo, 6 de marzo de 2022

Cuando no había cercas de acero y casi te podías meter dentro de la zona de fuegos

«La multitud que estaba en el lado derecho maldecía su suerte. El viento soplaba del norte. Eso significaba que les traería la humareda y la lluvia de papelitos y trocitos de plástico que el disparo de la mascletà provocaría. No obstante, los más entendidos —o sea, casi todos— decían que no hay mal que por bien no venga, pues el molesto aire que les impediría ver bien el fuego aéreo también les llevaría mejor el sonido. Los más mayores se quejaban de que, cada año, las vallas de seguridad se comían más terreno del público y contaban las mascletàs de sus años mozos y golfos, cuando no había cercas de acero y casi te podías meter dentro de la zona de fuegos. «Entonces sí que estaba bien, sí. Ahora, tan lejos, se pierde mucho». Entre los miles de espectadores siempre hay quien acude por primera vez, traído por un nativo que le explica que no se tape los oídos, porque es peor, y que deje la boca entreabierta para evitar que le revienten los tímpanos. La gente que hay alrededor mira al neófito con una mirada burlona, pero, sobre todo, de expectante malicia: no hay nada más divertido para un valenciano que contemplar el terror que se dibuja en la cara de los que jamás han estado en una mascletà de Fallas cuando la furia de la pólvora es desatada por los maestros del fuego. Que toque en suerte estar al lado de un espectador de oídos vírgenes en estas lides añade malévola diversión al espectáculo "que más nos gusta a los valencianos. A mí, los castillos, ni fu ni fa. Eso sí, las mascletàs me pierden"».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Mascletà en la actual plaza de Ayuntamiento. 1951

López Egea

domingo, 4 de abril de 2021

En un Domingo de Resurrección en El Cabañal

«Hay dos cosas que son incontrolables en un Domingo de Resurrección en El Cabañal. La primera es el sol. No recuerda ni un solo día así en el que el tiempo no fuera espléndido, casi desvergonzado. La otra es la música. En los Poblados Marítimos de Valencia, las procesiones de la jornada de Pascua se hacen a ritmo de pasodobles. La luz y las melodías festivas entran en tromba por las ventanas. Pese a la frenética actividad que las hermandades, cofradías y bandas de música despliegan por las calles, él experimenta los dulces efectos de una mañana perezosa».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio
 

 Domingo de Resurrección

Calle Escalante ?
 
Todocolección

miércoles, 17 de marzo de 2021

Toneladas de flores en la plaza de la Virgen. Vídeo

«Tras dos semanas de calles cortadas, verbenas hasta la madrugada, pasacalles, paellas en plazas y descampados, petardos que suenan a todas horas, papeleras quemadas, contenedores carbonizados, toneladas de flores en la plaza de la Virgen y alcohol por garrafas, la ciudad estaba exhausta, harta de tanta juerga, pero aún encaraba con ganas las horas finales de la fiesta. Así es el día de San José. Entre el gentío que abarrotaba la plaza mayor de la ciudad se mezclaban los olores de perfume, sudor, cerveza derramada y tabaco con la atmósfera aceitosa de los miles de puestos de buñuelos y churros que habían crecido en todas las esquinas. Los balcones que ofrecían vistas de privilegio al espectáculo estaban ya llenos, mientras que los vendedores ilegales de latas, patatas fritas, así como los repartidores de folletos y los carteristas, culebreaban por los senderos invisibles que se abrían y cerraban a su paso entre la muchedumbre».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio
 

 

 


 La ofrenda