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viernes, 18 de octubre de 2024

Franco en la radio, Franco en los periódicos, Franco en las oficinas

«Franco en la radio, Franco en los periódicos, Franco en las oficinas, Franco en carteles que tapizan los muros de la Patria, Franco en los escaparates de las tiendas que han recibido orden de los presidentes de las Cámaras de Comercio de adornarse con fotografías del Caudillo y alguna de estas leyendas: «¡Franco, Franco, Franco!», «Gloria al Caudillo», «España, Una, Grande y Libre», «Por la Patria, el Pan y la Justicia». La patriótica decoración "se debe realizar con arreglo a la sobriedad y sencillez clásicas de la Falange"».

Los años del miedo

Juan Eslava Galán



Recibimiento a Franco a su llegada a Valencia

Número extraordinario de Las Provincias. Riada 1957

Subida por Ramón Sánchez Castelló a VAHG


miércoles, 16 de octubre de 2024

Era tanto como si se hundiera Valencia, o como si se borrase del mapa

«Aquel acontecimiento era más extraordinario que la nieve. Era tanto como si se hundiera Valencia, o como si se borrase del mapa: bueno, unos meses más tarde estuvo a punto de desaparecer del mapa la ciudad, por culpa de una inundación, y las palabras de los locutores de la radio y las imágenes del Nodo contando aquellas jornadas me parecieron, desde el cuarto de La Coruña en que mi madre cosía (acabábamos de trasladarnos allí), nuevos datos que confirmaban que en aquella ciudad seguía desarrollándose alguna clase de guerra. La guerra, para mí, tenía que ver con el sufrimiento y la irregularidad: eso es lo que me habían transmitido mis familiares».

El año que nevó en Valencia

Rafael Chirbes



Riada del 57

lunes, 14 de octubre de 2024

Y que en 1957 la riada de Valencia derrumbó

«Constituido por una plataforma circular con un pedestal en el centro y un busto de Sorolla rodeado por 10 columnas toscanas y por la que se ascendía desde la playa por cuatro escaleras y rampas. Las columnas estaban ensambladas por un friso en el que se leía “1863 VALENCIA A SOROLLA 1923” y que en 1957 la riada de Valencia derrumbó siendo el fin del monumento que Valencia dedicó al mejor pintor de todos los tiempos que ha dado la ciudad». 

Tiempos difíciles

Eduardo Andrés Conejero



Monumento a Sorolla tras la riada de octubre de 1957

Levante EMV

sábado, 14 de octubre de 2023

Se la llevó el agua durante la riada del 57, creo

«A tres o cuatro metros sobre el cauce, a la izquierda, se veían los restos de muros de viviendas y, más allá, ruinas de arcos y columnas. 

—¿Y aquello, sargento? —le preguntó al suboficial al mando del puesto mientras señalaba los esqueletos de ladrillos y mortero. 

—La presa vieja, mi brigada —contestó el agente—. Se la llevó el agua durante la riada del 57, creo.

Eso es lo que queda. En verano, los críos vienen aquí a lanzarse al agua desde ahí arriba y, de milagro, nunca ha pasado nada».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Riada de octubre de 1957

Calles Alta y Baja desde la plaça de sant Jaume

Todocolección


sábado, 15 de octubre de 2022

Teníamos un río, ahora somos parte de él

«Yo le tenía miedo a la oscuridad,
hasta que las noches se hicieron largas y sin luz.

Yo no resistía el frío fácilmente,
hasta que aprendí a subsistir en ese estado.

Yo le tenía miedo a los muertos,
hasta que tuve que dormir en el cementerio.

Más aún, yo le tenía miedo al espanto,
hasta que tuve que dormir en el crematorio.

Yo sentía rechazo por los rosarinos y por los porteños,
hasta que me dieron abrigo y alimento.

Yo sentía rechazo por los judíos,
hasta que le dieron medicamentos a mis hijos.

Yo lucía vanidoso mi pullover nuevo,
hasta que se lo di a un niño con hipotermia.

Yo elegía cuidadosamente mi comida,
hasta que tuve hambre.

Yo desconfiaba de la tez cobriza,
hasta que un brazo fuerte me sacó del agua.

Yo creía haber visto muchas cosas,
hasta que vi a mi pueblo deambulando sin rumbo por las calles.

Yo no quería al perro de mi vecino,
hasta que aquella noche lo sentí llorar hasta ahogarse.

Yo no me acordaba de los ancianos,
hasta que tuve que participar en los rescates.

Yo no sabía cocinar,
hasta que tuve frente a mí una olla con arroz y niños con hambre.

Yo creía que mi casa era más importante que las otras,
hasta que todas quedaron cubiertas por las aguas.

Yo estaba orgulloso de mi nombre y apellido,
hasta que todos nos transformamos en seres anónimos.

Yo casi no escuchaba radio,
hasta que fue la que mantuvo viva mi energía.

Yo criticaba a los bulliciosos estudiantes,
hasta que de a cientos me tendieron sus manos solidarias.

Yo estaba bastante seguro de cómo serían mis próximos años,
pero ahora ya no tanto.

Yo vivía en una comunidad con una clase política,
pero ahora espero que se la haya llevado la corriente.

Yo no recordaba el nombre de todas las provincias,
pero ahora las tengo a todas en mi corazón.

Yo no tenía buena memoria,
tal vez por eso ahora no recuerde a todos,
pero tendré igual lo que me queda de vida para agradecer a todos.

Yo no te conocía,
ahora eres mi hermano.

Teníamos un río,
ahora somos parte de él.

Es la mañana.

Ya salió el sol y no hace tanto frío.

Gracias a Dios.

Vamos a empezar de nuevo».


Empezar de nuevo

Carlos Guillermo Garibay 



viernes, 15 de octubre de 2021

Teníamos un río, ahora somos parte de él

«Yo le tenía miedo a la oscuridad,

hasta que las noches se hicieron largas y sin luz.

Yo no resistía el frío fácilmente,
hasta que aprendí a subsistir en ese estado.

Yo le tenía miedo a los muertos,
hasta que tuve que dormir en el cementerio.

Más aún, yo le tenía miedo al espanto,
hasta que tuve que dormir en el crematorio.

Yo sentía rechazo por los rosarinos y por los porteños,
hasta que me dieron abrigo y alimento.

Yo sentía rechazo por los judíos,
hasta que le dieron medicamentos a mis hijos.

Yo lucía vanidoso mi pullover nuevo,
hasta que se lo di a un niño con hipotermia.

Yo elegía cuidadosamente mi comida,
hasta que tuve hambre.

Yo desconfiaba de la tez cobriza,
hasta que un brazo fuerte me sacó del agua.

Yo creía haber visto muchas cosas,
hasta que vi a mi pueblo deambulando sin rumbo por las calles.

Yo no quería al perro de mi vecino,
hasta que aquella noche lo sentí llorar hasta ahogarse.

Yo no me acordaba de los ancianos,
hasta que tuve que participar en los rescates.

Yo no sabía cocinar,
hasta que tuve frente a mí una olla con arroz y niños con hambre.

Yo creía que mi casa era más importante que las otras,
hasta que todas quedaron cubiertas por las aguas.

Yo estaba orgulloso de mi nombre y apellido,
hasta que todos nos transformamos en seres anónimos.

Yo casi no escuchaba radio,
hasta que fue la que mantuvo viva mi energía.

Yo criticaba a los bulliciosos estudiantes,
hasta que de a cientos me tendieron sus manos solidarias.

Yo estaba bastante seguro de cómo serían mis próximos años,
pero ahora ya no tanto.

Yo vivía en una comunidad con una clase política,
pero ahora espero que se la haya llevado la corriente.

Yo no recordaba el nombre de todas las provincias,
pero ahora las tengo a todas en mi corazón.

Yo no tenía buena memoria,
tal vez por eso ahora no recuerde a todos,
pero tendré igual lo que me queda de vida para agradecer a todos.

Yo no te conocía,
ahora eres mi hermano.

Teníamos un río,
ahora somos parte de él.

Es la mañana.

Ya salió el sol y no hace tanto frío.

Gracias a Dios.

Vamos a empezar de nuevo».


Empezar de nuevo

Carlos Guillermo Garibay



Riada 1957. Número extraordinario de Las Provincias

viernes, 16 de octubre de 2020

Se la llevó el agua durante la riada del 57, creo

«A tres o cuatro metros sobre el cauce, a la izquierda, se veían los restos de muros de viviendas y, más allá, ruinas de arcos y columnas. 


—¿Y aquello, sargento? —le preguntó al suboficial al mando del puesto mientras señalaba los esqueletos de ladrillos y mortero. 

—La presa vieja, mi brigada —contestó el agente—. Se la llevó el agua durante la riada del 57, creo.

Eso es lo que queda. En verano, los críos vienen aquí a lanzarse al agua desde ahí arriba y, de milagro, nunca ha pasado nada».

El silencio del pantano
 
Juanjo Braulio
 
 
Damnificados por la riada

Especial Las Provincias

Subida por Ramón Sánchez Castelló a VAHG


martes, 9 de junio de 2020

En la ciudad del Turia

«Ginés Chirino trató de estirar la pierna cuyo tobillo aferraba un herrumbroso grillete. A veces, cambiar ligeramente de posición aliviaba los calambres y el hormigueo propios de esa inmovilidad forzada. 

El calabozo, una ancha bóveda de ladrillo visto con el techo tan bajo que los centinelas tenían que atravesarla encorvados, estaba ahora casi desierto. La mayor parte de los presos cristianos estaban fuera, dedicados a trabajos forzosos o al servicio de los señores de Caravaca, empleados en pequeños menesteres domésticos. Solo permanecían allí él, por respeto a su condición sacerdotal, y un par de enfermos, uno de ellos prácticamente moribundo a quien acababa de administrar la extremaunción. 

Chirino había conseguido un salvoconducto para predicar la fe en Cristo y auxiliar a los cautivos cristianos en los territorios de la taifa de Murcia. Pero ese salvoconducto vinculaba al rey de la taifa mursí Ben Hud y no al sayd Zeyt Abu Zeyt, a la sazón señor de Valencia y de Caravaca. De hecho, Abu Zeyt se había refugiado en su poderosa alcazaba de Caravaca, huyendo de las luchas de poder que se habían desatado en la ciudad del Turia».

La cruz de los ángeles

Antonio Lázaro


Puente de san José

Crecida del río Turia

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