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sábado, 24 de junio de 2023

Que la llevas viendo en el club de tenis desde que le salieron los dientes

«—Emilio, no te imaginas la angustia y las noches en vela que he pasado antes de decidirme a dar este paso.

Una pausa. El ojo clínico del doctor Pérez-Horcher deduce que se trata de un aborto. Nada grave, lo de todos los días. Se da hasta en las esferas más elevadas del régimen.

—Sosiégate, Herminia. —El doctor le da un golpecito en la mano —. Me consta que eres mujer de firmes convicciones y que jamás harías nada a la ligera.

—Es que nuestro caso, el de Clarita, quiero decir, es especial porque mi niña, tú la conoces, que la llevas viendo en el club de tenis desde que le salieron los dientes. Clarita no es de esas promiscuas desvergonzadas que andan con unos y con otros y luego quieren sacudirse su responsabilidad de encima.

Clarita, maxifalda, melena rubia recogida en cola de caballo, pone cara de no haber roto un plato en su vida, se ruboriza ligeramente y no aparta la mirada de la alfombra persa de triple nudo.

—Esta niña es una inocentona, sin malicia ninguna —prosigue la madre—. Tú sabes que la hemos educado cristianamente, siempre con las monjas…, bueno, ¿qué te voy a decir?, si hizo la primera comunión con la tuya. Pues ya ves…

El doctor Pérez-Horcher dirige una mirada paternal a Clarita, que sigue obsesionada con la alfombra. «Tarde o temprano tenía que ocurrir», piensa el doctor. La ha visto desmelenarse en las fiestas del club. Hace tiempo que la catalogó como putón desorejado».

La década que nos dejó sin aliento

Juan Eslava Galán



Club de Tenis Valencia

Fondo Desfilis

Bivaldi

viernes, 26 de octubre de 2018

Salían por la puerta principal del Club de Tenis de Valencia

«Llovió durante toda la semana. Los valencianos no están acostumbrados a tantos días seguidos de cielo encapotado, con lo que aquel domingo de noviembre, fresco pero soleado, La Alameda y los Jardines de Viveros estaban concurridísimos. A las dos de la tarde, dos matrimonios, amigos de toda la vida, salían por la puerta principal del Club de Tenis de Valencia rodeados de sus respectivas proles. Todos ellos vestidos con ropa cómoda de día libre de buenas marcas. En el restaurante del Club no había sitio, así que se iban con los niños a comer una hamburguesa. Ya sabes, a los niños les encanta».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio


Club de Tenis de Valencia. Años 60

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