«Queda prohibido llorar sin aprender,
levantarte un día sin saber que hacer,
tener miedo a tus recuerdos…
Queda prohibido no sonreír a los problemas,
no luchar por lo que quieres.
Abandonarlo todo por miedo.
No convertir en realidad tus sueños….
Queda prohibido no intentar comprender a las personas,
pensar que sus vidas valen menos que la tuya,
no saber que cada uno tiene su camino y su dicha…
Queda prohibido no crear tu historia,
no tener un momento para la gente que te necesita,
no comprender que lo que la vida te da,
también te lo quita…
Queda prohibido no buscar tu felicidad,
no vivir tu vida con una actitud positiva,
no pensar en que podemos ser mejores,
no sentir que sin ti, este mundo no sería igual».
«…entraron otra vez en el Trench, buscando los postres, la tiendecilla del turronero establecido en un portal.
Allí estaba el de Jijona, con sombrerón de terciopelo, traje de paño negro y el ancho cuello de la camisa sujeto por un broche de plata. Al lado la mujer, con su rostro redondo y sonrosado de manzana y el pelo estirado cruelmente hacia la nuca, cayendo en gruesa trenza por la espalda sobre la pañoleta de vistosos colores. La mesa blanca, de inmaculada pureza, sustentaba, formando columna, las cajitas de áspera película conteniendo el harinoso turrón, los cajones de peladillas y las uvas puntiagudas, hábilmente conservadas, lustrosas y transparentes, como de cera, y con un delicado color de ámbar.»
«Me llegará lentamente y me hallará distraído probablemente dormido sobre un colchón de laureles. Se instalará en el espejo, inevitable y serena y empezará su faena por los primeros bosquejos.
Con unas hebras de plata me pintará los cabellos y alguna línea en el cuello que tapará la corbata. Aumentará mi codicia, mis mañas y mis antojos y me dará un par de anteojos para sufrir las noticias.
La vejez... está a la vuelta de cualquier esquina, allí, donde uno menos se imagina se nos presenta por primera vez.
La vejez... es la más dura de las dictaduras, la grave ceremonia de clausura de lo que fue, la juventud alguna vez.
Con admirable destreza, como el mejor artesano le irá quitando a mis manos toda su antigua firmeza y asesorando al Galeno, me hará prohibir el cigarro porque dirán que el catarro viene ganando terreno.
Me inventará un par de excusas para amenguar la impotencia, ´que vale más la experiencia que pretensiones ilusas´, me llegará la bufanda, las zapatillas de paño y el reuma que año tras año aumentará su demanda.
La vejez... es la antesala de lo inevitable, el último camino transitable ante la duda... ¿qué vendrá después;
La vejez es todo el equipaje de una vida, dispuesto ante la puerta de salida por la que no se puede ya volver
A lo mejor, más que viejo seré un anciano honorable, tranquilo y lo más probable, gran decidor de consejos o a lo peor, por celosa me apartará de la gente y cortará lentamente mis pobres, últimas rosas.
La vejez está a la vuelta de cualquier esquina, allí donde uno menos se imagina se nos presenta por primera vez.
La vejez... es la más dura de las dictaduras, la grave ceremonia de clausura de lo que fue la juventud alguna vez.»