«—En fin, Ferran, muchas gracias por su tiempo, creo que ya lo tengo todo.
—¿No quiere quedarse a comer? Hoy trajimos unas clòtxinas fresquísimas.
—No, pero se lo agradezco».
Nadie corre más que el plomo
Ignacio Marín
«—En fin, Ferran, muchas gracias por su tiempo, creo que ya lo tengo todo.
—¿No quiere quedarse a comer? Hoy trajimos unas clòtxinas fresquísimas.
—No, pero se lo agradezco».
Nadie corre más que el plomo
Ignacio Marín
«A la barra llegaban algunas chicas con el bañador mojado, los pies con arena pegada y pedían patatas fritas y vermut con aceitunas rellenas. Bajo este cañizo que daba una sombra violácea en medio de una luz muy cruel no estaba ella y el panadero se fue a buscarla por toda la playa. Era una chica escandinava bellísima, la primera turista que había recalado en este lugar. Tenía el pelo de maíz híbrido y llevaba un bañador de flores que le marcaba el sexo en forma de queso».
Tranvía a la Malvarrosa
Manuel Vicent
«Y en el chiringuito de Manolo ya no estaba aquella extranjera tomando el vermut. Sonaba en un gramófono una canción de Machín, mira que eres linda, qué preciosa eres, verdad que en mi vida no he visto muñeca más linda que tú. En el taxi pensaba en aquella extranjera y en otras chicas recién salidas del mar que llegaban a la sombra de aquel cañizo con el pubis empapado en medio de la luz que ofuscaba la arena. Las puntas de su pelo desprendían agujas de agua que se deslizaban por los hombros abrasados hasta hundirse en los senos».
Tranvía a la Malvarrosa
Manuel Vicent