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miércoles, 15 de octubre de 2025

Meses más tarde estuvo a punto de desaparecer del mapa la ciudad, por culpa de una inundación

«Aquel acontecimiento era más extraordinario que la nieve. Era tanto como si se hundiera Valencia, o como si se borrase del mapa: bueno, unos meses más tarde estuvo a punto de desaparecer del mapa la ciudad, por culpa de una inundación, y las palabras de los locutores de la radio y las imágenes del Nodo contando aquellas jornadas me parecieron, desde el cuarto de La Coruña en que mi madre cosía (acabábamos de trasladarnos allí), nuevos datos que confirmaban que en aquella ciudad seguía desarrollándose alguna clase de guerra. La guerra, para mí, tenía que ver con el sufrimiento y la irregularidad: eso es lo que me habían transmitido mis familiares».

El año que nevó en Valencia

Rafael Chirbes



Riada del 57

viernes, 18 de octubre de 2024

Franco en la radio, Franco en los periódicos, Franco en las oficinas

«Franco en la radio, Franco en los periódicos, Franco en las oficinas, Franco en carteles que tapizan los muros de la Patria, Franco en los escaparates de las tiendas que han recibido orden de los presidentes de las Cámaras de Comercio de adornarse con fotografías del Caudillo y alguna de estas leyendas: «¡Franco, Franco, Franco!», «Gloria al Caudillo», «España, Una, Grande y Libre», «Por la Patria, el Pan y la Justicia». La patriótica decoración "se debe realizar con arreglo a la sobriedad y sencillez clásicas de la Falange"».

Los años del miedo

Juan Eslava Galán



Recibimiento a Franco a su llegada a Valencia

Número extraordinario de Las Provincias. Riada 1957

Subida por Ramón Sánchez Castelló a VAHG


miércoles, 16 de octubre de 2024

Era tanto como si se hundiera Valencia, o como si se borrase del mapa

«Aquel acontecimiento era más extraordinario que la nieve. Era tanto como si se hundiera Valencia, o como si se borrase del mapa: bueno, unos meses más tarde estuvo a punto de desaparecer del mapa la ciudad, por culpa de una inundación, y las palabras de los locutores de la radio y las imágenes del Nodo contando aquellas jornadas me parecieron, desde el cuarto de La Coruña en que mi madre cosía (acabábamos de trasladarnos allí), nuevos datos que confirmaban que en aquella ciudad seguía desarrollándose alguna clase de guerra. La guerra, para mí, tenía que ver con el sufrimiento y la irregularidad: eso es lo que me habían transmitido mis familiares».

El año que nevó en Valencia

Rafael Chirbes



Riada del 57

lunes, 14 de octubre de 2024

Y que en 1957 la riada de Valencia derrumbó

«Constituido por una plataforma circular con un pedestal en el centro y un busto de Sorolla rodeado por 10 columnas toscanas y por la que se ascendía desde la playa por cuatro escaleras y rampas. Las columnas estaban ensambladas por un friso en el que se leía “1863 VALENCIA A SOROLLA 1923” y que en 1957 la riada de Valencia derrumbó siendo el fin del monumento que Valencia dedicó al mejor pintor de todos los tiempos que ha dado la ciudad». 

Tiempos difíciles

Eduardo Andrés Conejero



Monumento a Sorolla tras la riada de octubre de 1957

Levante EMV

domingo, 3 de diciembre de 2023

Estuvo a punto de desaparecer del mapa la ciudad, por culpa de una inundación

«Aquel acontecimiento era más extraordinario que la nieve. Era tanto como si se hundiera Valencia, o como si se borrase del mapa: bueno, unos meses más tarde estuvo a punto de desaparecer del mapa la ciudad, por culpa de una inundación, y las palabras de los locutores de la radio y las imágenes del Nodo contando aquellas jornadas me parecieron, desde el cuarto de La Coruña en que mi madre cosía (acabábamos de trasladarnos allí), nuevos datos que confirmaban que en aquella ciudad seguía desarrollándose alguna clase de guerra. La guerra, para mí, tenía que ver con el sufrimiento y la irregularidad: eso es lo que me habían transmitido mis familiares».

El año que nevó en Valencia

Rafael Chirbes



Riada del 57

sábado, 14 de octubre de 2023

Se la llevó el agua durante la riada del 57, creo

«A tres o cuatro metros sobre el cauce, a la izquierda, se veían los restos de muros de viviendas y, más allá, ruinas de arcos y columnas. 

—¿Y aquello, sargento? —le preguntó al suboficial al mando del puesto mientras señalaba los esqueletos de ladrillos y mortero. 

—La presa vieja, mi brigada —contestó el agente—. Se la llevó el agua durante la riada del 57, creo.

Eso es lo que queda. En verano, los críos vienen aquí a lanzarse al agua desde ahí arriba y, de milagro, nunca ha pasado nada».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Riada de octubre de 1957

Calles Alta y Baja desde la plaça de sant Jaume

Todocolección


jueves, 12 de octubre de 2023

Y que en 1957 la riada de Valencia derrumbó

«Constituido por una plataforma circular con un pedestal en el centro y un busto de Sorolla rodeado por 10 columnas toscanas y por la que se ascendía desde la playa por cuatro escaleras y rampas. Las columnas estaban ensambladas por un friso en el que se leía “1863 VALENCIA A SOROLLA 1923” y que en 1957 la riada de Valencia derrumbó siendo el fin del monumento que Valencia dedicó al mejor pintor de todos los tiempos que ha dado la ciudad». 

Tiempos difíciles

Eduardo Andrés Conejero



Monumento a Sorolla tras la riada de octubre de 1957

Levante EMV

sábado, 15 de octubre de 2022

Teníamos un río, ahora somos parte de él

«Yo le tenía miedo a la oscuridad,
hasta que las noches se hicieron largas y sin luz.

Yo no resistía el frío fácilmente,
hasta que aprendí a subsistir en ese estado.

Yo le tenía miedo a los muertos,
hasta que tuve que dormir en el cementerio.

Más aún, yo le tenía miedo al espanto,
hasta que tuve que dormir en el crematorio.

Yo sentía rechazo por los rosarinos y por los porteños,
hasta que me dieron abrigo y alimento.

Yo sentía rechazo por los judíos,
hasta que le dieron medicamentos a mis hijos.

Yo lucía vanidoso mi pullover nuevo,
hasta que se lo di a un niño con hipotermia.

Yo elegía cuidadosamente mi comida,
hasta que tuve hambre.

Yo desconfiaba de la tez cobriza,
hasta que un brazo fuerte me sacó del agua.

Yo creía haber visto muchas cosas,
hasta que vi a mi pueblo deambulando sin rumbo por las calles.

Yo no quería al perro de mi vecino,
hasta que aquella noche lo sentí llorar hasta ahogarse.

Yo no me acordaba de los ancianos,
hasta que tuve que participar en los rescates.

Yo no sabía cocinar,
hasta que tuve frente a mí una olla con arroz y niños con hambre.

Yo creía que mi casa era más importante que las otras,
hasta que todas quedaron cubiertas por las aguas.

Yo estaba orgulloso de mi nombre y apellido,
hasta que todos nos transformamos en seres anónimos.

Yo casi no escuchaba radio,
hasta que fue la que mantuvo viva mi energía.

Yo criticaba a los bulliciosos estudiantes,
hasta que de a cientos me tendieron sus manos solidarias.

Yo estaba bastante seguro de cómo serían mis próximos años,
pero ahora ya no tanto.

Yo vivía en una comunidad con una clase política,
pero ahora espero que se la haya llevado la corriente.

Yo no recordaba el nombre de todas las provincias,
pero ahora las tengo a todas en mi corazón.

Yo no tenía buena memoria,
tal vez por eso ahora no recuerde a todos,
pero tendré igual lo que me queda de vida para agradecer a todos.

Yo no te conocía,
ahora eres mi hermano.

Teníamos un río,
ahora somos parte de él.

Es la mañana.

Ya salió el sol y no hace tanto frío.

Gracias a Dios.

Vamos a empezar de nuevo».


Empezar de nuevo

Carlos Guillermo Garibay 



viernes, 15 de octubre de 2021

Teníamos un río, ahora somos parte de él

«Yo le tenía miedo a la oscuridad,

hasta que las noches se hicieron largas y sin luz.

Yo no resistía el frío fácilmente,
hasta que aprendí a subsistir en ese estado.

Yo le tenía miedo a los muertos,
hasta que tuve que dormir en el cementerio.

Más aún, yo le tenía miedo al espanto,
hasta que tuve que dormir en el crematorio.

Yo sentía rechazo por los rosarinos y por los porteños,
hasta que me dieron abrigo y alimento.

Yo sentía rechazo por los judíos,
hasta que le dieron medicamentos a mis hijos.

Yo lucía vanidoso mi pullover nuevo,
hasta que se lo di a un niño con hipotermia.

Yo elegía cuidadosamente mi comida,
hasta que tuve hambre.

Yo desconfiaba de la tez cobriza,
hasta que un brazo fuerte me sacó del agua.

Yo creía haber visto muchas cosas,
hasta que vi a mi pueblo deambulando sin rumbo por las calles.

Yo no quería al perro de mi vecino,
hasta que aquella noche lo sentí llorar hasta ahogarse.

Yo no me acordaba de los ancianos,
hasta que tuve que participar en los rescates.

Yo no sabía cocinar,
hasta que tuve frente a mí una olla con arroz y niños con hambre.

Yo creía que mi casa era más importante que las otras,
hasta que todas quedaron cubiertas por las aguas.

Yo estaba orgulloso de mi nombre y apellido,
hasta que todos nos transformamos en seres anónimos.

Yo casi no escuchaba radio,
hasta que fue la que mantuvo viva mi energía.

Yo criticaba a los bulliciosos estudiantes,
hasta que de a cientos me tendieron sus manos solidarias.

Yo estaba bastante seguro de cómo serían mis próximos años,
pero ahora ya no tanto.

Yo vivía en una comunidad con una clase política,
pero ahora espero que se la haya llevado la corriente.

Yo no recordaba el nombre de todas las provincias,
pero ahora las tengo a todas en mi corazón.

Yo no tenía buena memoria,
tal vez por eso ahora no recuerde a todos,
pero tendré igual lo que me queda de vida para agradecer a todos.

Yo no te conocía,
ahora eres mi hermano.

Teníamos un río,
ahora somos parte de él.

Es la mañana.

Ya salió el sol y no hace tanto frío.

Gracias a Dios.

Vamos a empezar de nuevo».


Empezar de nuevo

Carlos Guillermo Garibay



Riada 1957. Número extraordinario de Las Provincias

viernes, 16 de octubre de 2020

Se la llevó el agua durante la riada del 57, creo

«A tres o cuatro metros sobre el cauce, a la izquierda, se veían los restos de muros de viviendas y, más allá, ruinas de arcos y columnas. 


—¿Y aquello, sargento? —le preguntó al suboficial al mando del puesto mientras señalaba los esqueletos de ladrillos y mortero. 

—La presa vieja, mi brigada —contestó el agente—. Se la llevó el agua durante la riada del 57, creo.

Eso es lo que queda. En verano, los críos vienen aquí a lanzarse al agua desde ahí arriba y, de milagro, nunca ha pasado nada».

El silencio del pantano
 
Juanjo Braulio
 
 
Damnificados por la riada

Especial Las Provincias

Subida por Ramón Sánchez Castelló a VAHG


miércoles, 14 de octubre de 2020

Teníamos un río, ahora somos parte de él

«Yo le tenía miedo a la oscuridad,
hasta que las noches se hicieron largas y sin luz.

Yo no resistía el frío fácilmente,
hasta que aprendí a subsistir en ese estado.

Yo le tenía miedo a los muertos,
hasta que tuve que dormir en el cementerio.

Más aún, yo le tenía miedo al espanto,
hasta que tuve que dormir en el crematorio.

Yo sentía rechazo por los rosarinos y por los porteños,
hasta que me dieron abrigo y alimento.

Yo sentía rechazo por los judíos,
hasta que le dieron medicamentos a mis hijos.

Yo lucía vanidoso mi pullover nuevo,
hasta que se lo di a un niño con hipotermia.

Yo elegía cuidadosamente mi comida,
hasta que tuve hambre.

Yo desconfiaba de la tez cobriza,
hasta que un brazo fuerte me sacó del agua.

Yo creía haber visto muchas cosas,
hasta que vi a mi pueblo deambulando sin rumbo por las calles.

Yo no quería al perro de mi vecino,
hasta que aquella noche lo sentí llorar hasta ahogarse.

Yo no me acordaba de los ancianos,
hasta que tuve que participar en los rescates.

Yo no sabía cocinar,
hasta que tuve frente a mí una olla con arroz y niños con hambre.

Yo creía que mi casa era más importante que las otras,
hasta que todas quedaron cubiertas por las aguas.

Yo estaba orgulloso de mi nombre y apellido,
hasta que todos nos transformamos en seres anónimos.

Yo casi no escuchaba radio,
hasta que fue la que mantuvo viva mi energía.

Yo criticaba a los bulliciosos estudiantes,
hasta que de a cientos me tendieron sus manos solidarias.

Yo estaba bastante seguro de cómo serían mis próximos años,
pero ahora ya no tanto.

Yo vivía en una comunidad con una clase política,
pero ahora espero que se la haya llevado la corriente.

Yo no recordaba el nombre de todas las provincias,
pero ahora las tengo a todas en mi corazón.

Yo no tenía buena memoria,
tal vez por eso ahora no recuerde a todos,
pero tendré igual lo que me queda de vida para agradecer a todos.

Yo no te conocía,
ahora eres mi hermano.

Teníamos un río,
ahora somos parte de él.

Es la mañana.

Ya salió el sol y no hace tanto frío.

Gracias a Díos.

Vamos a empezar de nuevo».

Empezar de nuevo

Carlos Guillermo Garibay

 
Mercado de Nazaret. Riada de octubre de 1957
 
Especial Las Provincias 

lunes, 12 de octubre de 2020

Los edificios se venían abajo inclinándose a tierra

«He vuelto a Alzira
entre el trueno que retumba en mi oído
y la lluvia que azota mis hombros,
como un ave paralizada por las aguas
cuyos polluelos están en el nido, atormentados,
viendo cómo se derrumban los muros
bajo el peso continuo de las nubes.

El mar de la riada,
oleadas de barro;
el cielo, generoso en lágrimas;
los edificios, resquebrajados,
humillados como cautivos
ante el tirano.

Los edificios se venían abajo
inclinándose a tierra
como lo harían las comisiones
delante de los reyes.
Se diría que imitaban
a los fieles en oración».
 
Ibn Jayafa
 
 
Edificios destruídos en el Marítimo
 
Especial Las Provincias

sábado, 2 de noviembre de 2019

Con fotografías del Caudillo y alguna de estas leyendas: "¡Franco, Franco, Franco!"...

«Franco en la radio, Franco en los periódicos, Franco en las oficinas, Franco en carteles que tapizan los muros de la Patria, Franco en los escaparates de las tiendas que han recibido orden de los presidentes de las Cámaras de Comercio de adornarse con fotografías del Caudillo y alguna de estas leyendas: «¡Franco, Franco, Franco!», «Gloria al Caudillo», «España, Una, Grande y Libre», «Por la Patria, el Pan y la Justicia». La patriótica decoración "se debe realizar con arreglo a la sobriedad y sencillez clásicas de la Falange"».

Los años del miedo

Juan Eslava Galán


Recibimiento a Franco a su llegada a Valencia

Número extraordinario de Las Provincias. Riada 1957

Subida por Ramón Sánchez Castelló a VAHG

martes, 15 de octubre de 2019

Se la llevó el agua durante la riada del 57

«A tres o cuatro metros sobre el cauce, a la izquierda, se veían los restos de muros de viviendas y, más allá, ruinas de arcos y columnas. 

—¿Y aquello, sargento? —le preguntó al suboficial al mando del puesto mientras señalaba los esqueletos de ladrillos y mortero. 

—La presa vieja, mi brigada —contestó el agente—. Se la llevó el agua durante la riada del 57, creo.

Eso es lo que queda. En verano, los críos vienen aquí a lanzarse al agua desde ahí arriba y, de milagro, nunca ha pasado nada».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio




Especial Las Provincias

Subida por Ramón Sánchez Castelló a VAHG

lunes, 14 de octubre de 2019

Aquella avenida que antes tantas veces recorriera a pie, tuvo entonces que cruzarla en barca

«Noviembre y febrero son allá meses de lluvias torrenciales. En las calles cercanas al río preparaban las casas contra la inundación, ajustando unos tablones al dintel de la puerta. Mas en otro barrio opuesto un afluente también solía desbordar con las lluvias, y sus aguas iban a tenderse, lisas como un espejo enamorado de la imagen que refleja, sobre la llanura donde está asentada la ciudad.

Una mañana vinieron a buscarle al colegio a hora desusada. Llovía días y días, torrencialmente; y el agua desbordando ya por el prado, sería difícil para él volver a su casa en las afueras si se retrasaba un poco. Hubo que dejar el coche al salir de las últimas calles. Aquella avenida de castaños que antes tantas veces recorriera a pie, tuvo entonces que cruzarla en barca.

El agua lo cubría todo, y al fondo surgían de la laguna los edificios extraños y exactos tras una delgada fila de árboles. Algunas gentes cruzaban confusas e inhábiles sobre puentes recién construidos con tablas. Mas casas y gentes parecían ahora breves y sin trascendencia, como si al privarles el agua de la acostumbrada base terrena (así ocurre con un navío al hacerse a la mar) dejara al descubierto su verdadera proporción y significado.

Ya en casa, tras de los cristales de un balcón, miró el jardín, que un muro protegía de las aguas. La laguna con sus frágiles puentecillos, negras líneas sin perspectiva bajo un plano cielo gris estriado de blanco por la lluvia, era como el paisaje de un abanico japonés que su madre tenía.

Al llegar la noche, derribados con el temporal los postes y alambres eléctricos, no había luz. A la claridad de las velas, un libro ante sus ojos soñolientos, escuchaba el viento afuera, en el campo inundado, y la lluvia caudalosa caer hora tras hora. Se sentía como en una isla, separado del mundo y de sus aburridas tareas en ilimitada vacación; una isla mecida por las aguas, acunando sus últimos sueños de niño».

La riada

Luis Cernuda



Calle de la Paz

Especial Las Provincias

Subida por Ramón Sánchez Castelló a VAHG

domingo, 13 de octubre de 2019

Teníamos un río, ahora somos parte de él

«Yo le tenía miedo a la oscuridad,
hasta que las noches se hicieron largas y sin luz.

Yo no resistía el frío fácilmente,
hasta que aprendí a subsistir en ese estado.

Yo le tenía miedo a los muertos,
hasta que tuve que dormir en el cementerio.

Más aún, yo le tenía miedo al espanto,
hasta que tuve que dormir en el crematorio.

Yo sentía rechazo por los rosarinos y por los porteños,
hasta que me dieron abrigo y alimento.

Yo sentía rechazo por los judíos,
hasta que le dieron medicamentos a mis hijos.

Yo lucía vanidoso mi pullover nuevo,
hasta que se lo di a un niño con hipotermia.

Yo elegía cuidadosamente mi comida,
hasta que tuve hambre.

Yo desconfiaba de la tez cobriza,
hasta que un brazo fuerte me sacó del agua.

Yo creía haber visto muchas cosas,
hasta que vi a mi pueblo deambulando sin rumbo por las calles.

Yo no quería al perro de mi vecino,
hasta que aquella noche lo sentí llorar hasta ahogarse.

Yo no me acordaba de los ancianos,
hasta que tuve que participar en los rescates.

Yo no sabía cocinar,
hasta que tuve frente a mí una olla con arroz y niños con hambre.

Yo creía que mi casa era más importante que las otras,
hasta que todas quedaron cubiertas por las aguas.

Yo estaba orgulloso de mi nombre y apellido,
hasta que todos nos transformamos en seres anónimos.

Yo casi no escuchaba radio,
hasta que fue la que mantuvo viva mi energía.

Yo criticaba a los bulliciosos estudiantes,
hasta que de a cientos me tendieron sus manos solidarias.

Yo estaba bastante seguro de cómo serían mis próximos años,
pero ahora ya no tanto.

Yo vivía en una comunidad con una clase política,
pero ahora espero que se la haya llevado la corriente.

Yo no recordaba el nombre de todas las provincias,
pero ahora las tengo a todas en mi corazón.

Yo no tenía buena memoria,
tal vez por eso ahora no recuerde a todos,
pero tendré igual lo que me queda de vida para agradecer a todos.

Yo no te conocía,
ahora eres mi hermano.

Teníamos un río,
ahora somos parte de él.

Es la mañana.

Ya salió el sol y no hace tanto frío.

Gracias a Díos.

Vamos a empezar de nuevo».

Empezar de nuevo

Carlos Guillermo Garibay



Damnificados por la riada

Especial Las Provincias

Subida por Ramón Sánchez Castelló a VAHG

sábado, 12 de octubre de 2019

El mar de la riada, oleadas de barro; el cielo, generoso en lágrimas

«He vuelto a Alzira
entre el trueno que retumba en mi oído
y la lluvia que azota mis hombros,
como un ave paralizada por las aguas
cuyos polluelos están en el nido, atormentados,
viendo cómo se derrumban los muros
bajo el peso continuo de las nubes.

El mar de la riada,
oleadas de barro;
el cielo, generoso en lágrimas;
los edificios, resquebrajados,
humillados como cautivos
ante el tirano.

Los edificios se venían abajo
inclinándose a tierra
como lo harían las comisiones
delante de los reyes.
Se diría que imitaban
a los fieles en oración».

Ibn Jayafa



Damnificados por la riada

Especial Las Provincias

Subida por Ramón Sánchez Castelló a VAHG

viernes, 11 de octubre de 2019

No podrá pasar a su cuarto: el jardín está con más de un metro de agua

«Doña Rita le explicó:

—No podrá pasar a su cuarto: el jardín está con más de un metro de agua.

Su dormitorio, situado en la extremidad del jardín, probablemente había sido la habitación del jardinero en tiempos de mayores esplendores, es decir, «antes de la guerra». «Antes de la guerra» era una expresión como «La belle époque» para los franceses: hacía regresar al país que tenía como toda meta la de volver al pasado. Años después, y habiendo ya llovido mucho por la Malvarrosa y por el Pardo, los españoles, a la muerte del legionario, creamos otra frasecita del mismo tipo, y con las mismas consecuencias.

A punto estuvo Tarsis de ir a nado, como Tarzán, en busca de Chita, de liana en liana, atravesando de copa en copa el jardín a la búsqueda de una estampita. Es posible que si lo hubiera hecho, afrontando el torrente, la protección de la Virgen le hubiera permitido hacer frente a la tentación.

—¡Fíjese cómo estará su colchón, su jergón y sus sábanas!

Se lamentaba Doña Rita. Pero a Tarsis, y a causa de un contradictorio egoísmo mariano, le importaba un bledo que su cama apareciera al día siguiente, a los dos días, o al cabo de una semana con tres cuartas de lodo; el sólo pensaba en su estampa».

La torre herida por el rayo

Fernando Arrabal



La Malvarrosa. Octubre 1957

Todocolección

lunes, 22 de julio de 2019

Para hablar con el arzobispo Olaechea

«Una mañana nos llevó a Olmeda y a mí a palacio para hablar con el arzobispo Olaechea y yo iba muy a remolque ya que mi fe en la Iglesia la había dado por cancelada aunque llevaba un lastre muy difícil de sacudir, aparte del terror de encontrarme solo conmigo mismo».

Tranvía a la Malvarrosa

Manuel Vicent



El Arzobispo de Valencia, Don Marcelino Olaechea, durante la subasta pro-damnificados 

de la riada de 1957

Suplemento gráfico del diario Levante. 1960

Todocolección

martes, 23 de octubre de 2018

Brillaba blanca bajo la luz de las farolas de la calle Turia

«Lorik le dijo que tenía el coche en la misma calle. Muy cerca. La Mercedes Vito brillaba blanca bajo la luz de las farolas de la calle Turia. Leka estaba dentro, advertido de que el cebo y la presa venían gracias a una llamada perdida de Lorik a su móvil. Cuando Paco se sentó en el asiento del copiloto, la manaza del gigante le tapó la nariz y la boca con un paño impregnado en cloroformo. Ni un ruido. Ni un gemido. Rápidos y eficaces. Como lo eran en los batallones en su Kosovo natal. Aunque entonces eran soldados. Ahora eran asesinos».

El silencio del pantano

Juanjo Braulio



Calle Turia. Riada 1957

VAHG