«Y la novia iba vestida de blanco con un ramo de flores silvestres en la mano que arrojó a la cuneta y por la carretera ya estaba amaneciendo cuando se juntó con los carros de labranza que salían del campo tirados por los percherones».
«Pero había llegado el momento de ser un hombre y dentro del taxi de Agapito los debutantes ahora íbamos cantando el baión de la película Ana, ya viene el negro zumbón bailando alegre el baión, mientras la humanidad de nuestro mamporrero, que ocupaba ella sola cuatro plazas, nos aplastaba contra las felpas mugrientas del coche bajo la nube de un Montecristo trincado entre sus dedos anillados. Bueno, los demás cantaban y yo callaba».
«Cuando salí de la estación, el cielo de Valencia estaba lleno de fuegos artificiales, y el aire de gritos y música, y chillidos de júbilo. Valencia es la capital europea de los fuegos artificiales, superándose a sí misma con las fallas».
«Enfrente había un colegio de niñas de falda tableada y jersey azul. La residencia estaba situada entre los jardines de Viveros y la estación del puente de madera de donde partían los trenes eléctricos hacia los pueblos de la huerta y a la playa de la Malvarrosa. La frontera del barrio la constituía el pretil del río. Más allá estaba el casco antiguo de la ciudad detrás de las torres de Serranos».
«Per fer temps, perquè estava prop o bé perquè necessitava la seua opinió, una excusa o altra servia per trobar-se amb Jota-Jota, exdirector del diari, pedagog de tots nosaltres quan nosaltres érem, fèiem o intentàvem ser periodistes. Viu prop de les Torres de Serrans, pique el timbre i dos segons més tard crida enèrgic per l’intèrfon: Qui és? Jo. Puja! Breu, sintètic, al gra. Puge per l’escala, és el primer pis. M’espera al replà amb un xandall blau fosc. Cabells blancs (no n’ha perdut cap), setanta i escaig, prim i àgil, gambeja fins i tot si està quiet».
«Vorejà les Torres de Serrans, porta del centre històric de la ciutat i patrimoni d’escriptors àcrates d’esprai a la mà: «La merda sura. La VI flota», deia una pintada antiianqui, que reposava en una venerable façana amb pretensions modernistes. I una altra, obra furtiva d’un escriptor de la trinxera d’enfront: «Joputa el que lo lea». Doncs això, somrigué Butxana, abans d’entrar en un estanc i aprovisionar-se d’un paquet del tabac que, amb les corregudes, havia oblidat en el pis».
«—Sois muy difíciles de localizar y bastante escurridizas —continuó Moreno dispuesto a empezar con su interrogatorio—. Con respecto a la búsqueda de tu hermana tengo que decirte, que llevo seis meses intentando dar con ella, concretamente, desde el mes de Agosto. La primera y única vez que la vi fue por la noche en la Plaza de los Fueros y frente a las Torres de Serranos. Era de madrugada y esa misma noche alguien entró en las Torres ocasionando ciertos desperfectos. Al principio, pensamos que tu hermana, de la que entonces desconocía su nombre, podría haber visto algo al respecto. La intención de localizarla era simplemente en calidad de testigo, ya que al parecer nadie de la zona pudo dar ningún tipo de explicación».
Las doce llaves
María Villamayor
Puerta de Serranos, la plaza de los Fueros, la calle de los Serranos y al fondo
la torre de la desaparecida iglesia de San Bartolomé. 1920 aproximadamente
«—En 1937 y en plena Guerra Civil se habilitó para guardar ciertas obras del Museo del Prado de Madrid, temiendo por su conservación. La restauración a partir del desalojo de los presos ha sido muy laboriosa, y de hecho se podría decir que gran parte de las torres están reconstruidas de nuevo, desde las escaleras, las ménsulas, el antepecho y la hornacina de la nave central del primer piso, hasta las almenas de la parte superior del cuerpo central, fueron reconstruidas en los años ochenta. También es importante en el mismo periodo, la intervención realizada en las cuatro gárgolas escultóricas que hay en la parte sur. Parece ser que han sido reparadas y también sustituidas haciendo moldes de los originales».
«Cruzaron de nuevo y se encaminaron a los pies de las torres. Un foso seco y restaurado rodeaba parte de ellas, Sara se asomó a él intentando ver algo que le llamase la atención. Solo una estrecha escalera en la parte izquierda, daba acceso abajo. Por lo demás, aparentemente, nada de interés. Pasaron a través de la gigante entrada central que separaba las dos torres poligonales. Una enorme puerta de madera de pino, de dos hojas y más de seis siglos de antigüedad estaba abierta, y sujeta a los muros con gruesas cadenas. Alejandra la inspeccionó. Estaba reforzada con herrajes y clavos de hierro, y los agentes atmosféricos habían provocado la degradación del material leñoso ¡Sería demasiado bonito que la llave estuviera puesta en la cerradura!, pensó ilusionada. Por supuesto, no era así. ¿A saber dónde se encontraba? De nuevo, observaban las torres, esta vez por la parte de detrás: la parte sur que daba a la Plaza de los Fueros».
«Las muchachas concentraron toda su atención. Giraron la cabeza intentando localizar exactamente la posición.
—Parece un castillo No sé… —añadió Sara—. O quizá unas torres.
—Fíjate bien —insistió su vecino—. Conoces bien Valencia, ¿verdad?
—Creo que sí —contestó la joven.
Lluís continuaba: —Recordad que según el testimonio de vuestra tía, la investigación de vuestro padre y su mayor obsesión se centraba últimamente en la ciudad de Valencia, ya que leía todo lo relacionado con ella. Además, era profesor de Historia y le apasionaba su profesión…
Tía Rosa hizo su aparición en la estancia escuchando el final de la frase de Lluís. Alejandra estaba atenta a sus palabras. Fue en ese preciso instante cuando lo vio claro ¡Ya sabía lo que era!
—¡Ya sé lo que es! —añadió llena de euforia—. Son… son las Torres de Serrano.
«Ella em va estimar tant...
Jo me l'estimo encara.
Plegats vam travessar
una porta tancada.
Ella, com us ho podré dir,
era tot el meu món, llavors
quan en la llar cremaven
només paraules d'amor...
Paraules d'amor senzilles i tendres.
No en sabíem més, teníem quinze anys.
No havíem tingut massa temps per aprendre'n,
tot just despertàvem del son dels infants.
En teníem prou amb tres frases fetes
que havíem après d'antics comediants.
D'històries d'amor, somnis de poetes,
no en sabíem més, teníem quinze anys...
Ella qui sap on és,
ella qui sap on para.
La vaig perdre i mai més
he tornat a trobar-la.
Però sovint en fer-se fosc,
de lluny m'arriba una cançó.
Velles notes, vells acords,
velles paraules d'amor...
Paraules d'amor senzilles i tendres.
No en sabíem més, teníem quinze anys.
No havíem tingut massa temps per aprendre'n,
tot just despertàvem del son dels infants.
En teníem prou amb tres frases fetes
que havíem après d'antics comediants.
D'històries d'amor, somnis de poetes,
no en sabíem més, teníem quinze anys...»
«Las sombras descendían, los pájaros callaban,
la luna desplegaba su nacarado olán.
La noche era de oro, los astros nos miraban
y el viento nos traía la esencia del galán.
El cielo azul tenía cambiantes de topacio,
la tierra oscura cabello de bálsamo sutil;
tus ojos más destellos que todo aquel espacio,
tu juventud más ámbar que todo aquel abril.
Aquella era la hora solemne en que me inspiro,
en que del alma brota el cántico nupcial,
el cántico inefable del beso y del suspiro,
el cántico más dulce, del idilio triunfal.
De súbito atraído quizá por una estrella,
volviste al éter puro tu rostro soñador…
Y dije a los luceros: “¡verted el cielo en ella!”
y dije a tus pupilas: “¡verted en mí el amor!”»
Tú sabes cómo es esto: si miro la luna de cristal, la rama roja del lento otoño en mi ventana, si toco junto al fuego la impalpable ceniza o el arrugado cuerpo de la leña, todo me lleva a ti, como si todo lo que existe, aromas, luz, metales, fueran pequeños barcos que navegan hacia las islas tuyas que me aguardan.
Ahora bien, si poco a poco dejas de quererme dejaré de quererte poco a poco.
Si de pronto me olvidas no me busques, que ya te habré olvidado.
Si consideras largo y loco el viento de banderas que pasa por mi vida y te decides a dejarme a la orilla del corazón en que tengo raíces, piensa que en ese día, a esa hora levantaré los brazos y saldrán mis raíces a buscar otra tierra.
Pero si cada día, cada hora sientes que a mí estás destinada con dulzura implacable. Si cada día sube una flor a tus labios a buscarme, ay amor mío, ay mía, en mí todo ese fuego se repite, en mí nada se apaga ni se olvida, mi amor se nutre de tu amor, amada, y mientras vivas estará en tus brazos sin salir de los míos.»
«Batiste fué afeitado con bastante suerte, mientras escuchaba, hundido en el sillón de esparto y teniendo los ojos entornados, la lectura del maestro, hecha con voz nasal y monótona, sus comentarios y glosas de hombre experto en la cosa pública. No sacó más que tres raspaduras y un corte en la oreja. Otras veces había sido más. Dió su medio real, y se metió en la ciudad por la puerta de Serranos.»
La barraca
Vicente Blasco Ibáñez
Calle Serranos a través de las puertas de las Torres de Serranos, al fondo la torre de San Bartolomé
«Al extremo del puente, en una planicie entre dos jardines, frente a las ochavadas torres que asomaban sobre la arboleda sus arcadas ojivales, sus barbacanas y la corona de sus almenas, se detuvo Batiste...»
«Al extremo del puente, en una planicie entre dos jardines, frente a las ochavadas torres que asomaban sobre la arboleda sus arcadas ojivales, sus barbacanas y la corona de sus almenas, se detuvo Batiste...»